MasukDorothy Falco era rubia y su cabello le llegaba más allá de los hombros, más claro que la miel. Sus ojos eran azules y siempre los marcaba con mucho delineador negro. Creo que nunca la había visto sin delineador ni rímel... desde que tenía doce años, creo.
No era alta, pero tampoco era apta para ser baja. Yo era más alto que ella. Ella era delgada. Y completamente antipático. Su nariz era delgada y ni siquiera se había hecho un procedimiento cosmético, como yo. La boca era carnosa, sin botox, creo. De todos modos, ella era natural... Si no del todo, casi al cien por cien.Suspiré. Todos en el pueblo sabían que yo iba al cirujano una vez al año para “arreglar” cualquier cosa que no estuviera en armonía con mi cuerpo y mi cara. Lo bueno fue que no me lo echaron en cara. No sé si por miedo a mi madre oa Francis. De todos modos, en la adolescencia tuve un cierto prejuicio contra mí misma y llegué a estar un tiempo retraída por vergüenza, sobre todo después de haberme puesto implantes de silicona a los dieciséis.Hoy, a los veintiún años, estaba feliz con mi cuerpo, mi rostro y mis procedimientos estéticos. Yo ya estaba en una etapa en la que los mismos cirujanos le decían a mi madre que yo era “perfecta” y por eso lograba huir la mayor parte del tiempo de cuchillos y bisturís.Debido a mi alimentación restrictiva fuera de casa y al ejercicio regular por la mañana y por la noche, mi peso siempre era el mismo o, a veces, disminuía.Entramos en la plaza central de Primavera. Ocupaba una cuadra entera y tenía una acera cementada normal. En un extremo había un espacio techado, amplio, pero no cerrado por los lados, reservado para eventos importantes como el cumpleaños de la ciudad, fiesta de primavera, venta de flores y artículos artesanales los fines de semana y temporadas conmemorativas.En el otro extremo había una enorme estatua con el primer alcalde de la ciudad, que antiguamente estaba en la Zona C, cuando Noriah aún estaba dividida por letras que definían el nivel social de las personas.El lugar era todo hierba por ese lado y tenía un enorme laberinto verde, más alto que nadie, que era la atracción de los que venían de fuera del pueblo. El centro de la misma no era fácil de encontrar, excepto para los residentes, que ya estaban acostumbrados. Nací tratando de encontrar el final del laberinto. Pero había besos de noche en ese lugar, que estaba mal iluminado y normalmente cerraba después de las nueve, regla que no cumplimos, saltando el muro y apoderándonos por completo de la plaza que creíamos que nos pertenecía.Pero hoy respetamos las reglas. Nos sentamos, hablando, en los lugares permitidos. Ya no éramos adolescentes en busca de aventuras. ¿O lo éramos? Porque Francis y yo estábamos allí, buscando aventuras, literalmente “cazando” a los hermanos Falco.La plaza estaba desnivelada y el laberinto estaba en la parte baja, bajando las escaleras. En la cima estaba el jardín más florido de todo el mundo, creo. Tenía tantas flores que era casi imposible contar las cantidades o especies.Nuestra ciudad se mantuvo gracias a las flores. Por eso el nombre no es sugerente: Primavera. La mayoría de las familias sobreviven cultivando flores, que exportan a varios lugares, incluso a nivel internacional. El suelo era perfecto, el clima favorable y todos habíamos estudiado plantas y flores desde la escuela primaria.De ahí mi interés por la Biología. No me gustaba ese pueblo pequeño, donde todos se conocían. Pero la parte de las flores me encantó.Por todas partes había bancos de madera, llamados “flirts”. Y en el centro de la plaza, una pérgola grande, alta y frondosa, con enredaderas de varias especies y luces redondas amarillas y cálidas, que daba la impresión de que estuviéramos en una vieja película de romance, de esas en las que el galán se acuesta con una chica. sus brazos y la besa apasionadamente.Besé a muchos chicos en esa pérgola. Y en los bancos. Y en el laberinto.Las escuelas cercanas a nuestra ciudad venían a visitarnos en ocasiones para conocer las especies de flores. Esto nos abrió la puerta para conocer chicos nuevos y sacarlos a pasear, en una especie de intercambio estudiantil.Los intercambios hicieron famoso a Francis Provost. Se le consideraba guapo, bueno en la cama y amable con todas las chicas. Incluso cuando dejaba a alguien, era lindo. Y yo mismo ya lo había visto varias veces diciendo que no quería una niña, con la vieja excusa de “no eres tú, soy yo”. "No te merezco". O "Eres demasiado para mí".Cuando cumplíamos dieciocho años, Francis empezó a dejar de “comerse” a todas las chicas de la ciudad y de los alrededores. Creo que en realidad ya no tenía muchas opciones... Solo si las recogía todas de nuevo. Aun así, no quería “encariñarse” con nadie. Y hablar de citas era insultante para él. Le gustaba su vida tranquila, donde sus padres hacían todo por él, hijo único.Francis y yo fuimos amigos desde siempre. Crecimos juntos, viviendo uno al lado del otro. Nuestros padres eran amigos y se llevaban bien, siempre estaban en las casas de los demás. En los últimos años, esto no ha sucedido tan a menudo. Pero no sabía si estaban enfermos o eran demasiado mayores para compartir ideas y sueños.Yo me sentía como en casa en la casa de Francis y él en la mía, aunque mi madre siempre estaba irritada con él. Pero creo que se acostumbró. También se llevaba bien con mi hermano, aunque no eran tan cercanos como él y yo. Liam era tres años menor que nosotros.La familia Provost no era rica, pero tenía más poder adquisitivo que los Hernández. Mi madre, no queriendo que me involucrara con Francis de ninguna manera, insistió en llamarlo pobre y dejarme claro que era pequeño para mí. No es que alguna vez nos involucráramos, pero si había la más mínima posibilidad de que alguna vez sucediera, se aseguró de dejar clara su objeción.Ya teníamos 21 años y nunca habíamos estado involucrados amorosamente o físicamente. Así que no había posibilidad de que sucediera. Estuve celoso de él un par de veces y lo dejó muy claro. Pero sabía que tarde o temprano se enamoraría de alguien y tendría una relación seria. Y tendría que aceptar que mi amigo ya no sería mío. Pero esa persona no sería Dothy... Porque yo no la dejaría.Ya estaba cansada de estar sola. Francis me hizo compañía, pero éramos amigos, eso es todo, nada más. Y extrañaba a alguien a mi lado, que me quisiera de verdad, que me sacara a pasear, que durmiera conmigo todas las noches, que me abrazara, que pudiera tener sexo conmigo cuando quisiéramos y no en moteles. Finalmente, alguien que se preocupaba por mí y que era verdaderamente mío.No podía quedarme con Francis por el resto de mi vida. Tarde o temprano, tendríamos que encontrar a alguien.Cuando me di cuenta, Francis ya estaba con una pierna en alto, luciendo su camisa sin mangas y sus brazos fuertes y tatuados para Dothy. Estaba haciendo reír a todos, incluido Douglas.Me quedé atrás, inmóvil, mirándolos. Dothy y sus amigos no estaban en mi círculo de amigos. Al contrario, éramos casi enemigos de grupo. Pero Francis, aparentemente, a pesar de que pertenecía a mi grupo, que era casi un par de nosotros dos, pudo insertarse fácilmente en el de ellos.Cuando me di cuenta, se acercó a mí y me miró a los ojos:- No estarás pensando que ese no es tu grupo, ¿verdad?- Estoy. Confesé, entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño.- Joder, ¿qué parte no entendiste que creciste, Vi?- Mira aquí, Francis, ve allá, quédate en el grupo que quieras y déjame aquí, ¿de acuerdo?- Bueno, eso haré.Y esa fue la primera vez que Francis me dejó por otra chica en 21 años de amistad. Y el problema es que no era una chica cualquiera: era Dorothy Falco, mi enemiga de toda la vida.Me di la vuelta y caminé hacia el puesto de algodón de azúcar. Caminaba a mi casa y comía, porque estaba a punto de desmayarme del hambre.- Buenas noches Cesar, quiero dos algodones.- ¿Dos? A Francis le gusta el azul. Me entregó uno azul y uno rosa.- No. - Devolví el azul. - Es para mi. Quiero dos rosas.No es que el color importara, porque todos sabían igual. Pero quería dejar claro que Francis no iría con el azul. De hecho, ni siquiera tendría azul. Me comería dos rosas.Busqué dinero en la bolsa y no lo encontré.- Caesar, mi bolso es un desastre... Pero lo encontraré, un minuto.- Puedes pagar más tarde, Virginia. No hay problema.- Pero encontraré...- Yo pago por la mujer más linda de Primavera. - Dijo la voz masculina a mi lado.Levanté la vista y vi a Douglas, que ya estaba pagando los dos algodones.- No hace falta... Soy desorganizado, pero tengo dinero aquí... - Dije avergonzada.- No dudo que lo tengas. Pero quiero pagar.- No seas descortés y acéptalo, Virginia. César se rió.- Gracias, Douglas. dije torpemente.Tomé los dos algodones y le entregué uno:- Ya que pagaste, tienes derecho a uno.- No creo que te comas dos. Eso es solo azúcar. Me comeré uno para ayudarte a no engordar, sino tendrás que correr el doble de rápido.- ¿Conoces esos días en los que te sientes mal por el mundo y decides desquitarte con la comida?- En comida sería interesante, pero en dulces no. Más aún tú, que no tienes un gramo de sobrepeso.Me encantaba el algodón de azúcar y comencé a comer desesperadamente: por hambre y placer. Mi madre no me dejaba disfrutar de los dulces, en especial de este, que era prácticamente azúcar pura con colorante. Pero sin leche, lo que me hizo amarlo aún más. De vez en cuando Francis me llevaba uno escondido en su mochila y comíamos en mi habitación.- Digamos que es el único dulce que como sin culpa y sin miedo. - Confesé.Regresábamos hacia donde estaba el auto cuando vi a Francis tomado de la mano de Dothy y luego abriéndole la puerta del auto.- ¿Te importa caminar a casa? – me preguntó Francis, sin importarle demasiado mi respuesta.- No, tudo bien. - Respondí.- La llevaré... Si ella quiere, claro. Douglas me sonrió.- Yo quiero. Respondí de inmediato.- Bien entonces. - Francis dio la vuelta para subirse al auto.Dothy entró y abrió la ventana, diciendo:- Douglas, mira por dónde la llevas. Y no lo olvides: es alérgica a todo tipo de leche. – se burló.- Y Francis es alérgico al pollo. – Ya traté de avanzar sobre él, siendo sostenido por Douglas.Francis me miró y encendió el auto, saliendo con la piraña y mi enemigo mortal.Douglas me giró hacia él y dijo:- Cálmate, sé que es molesta. Pero eres lo suficientemente grande para pelear en la plaza, ¿no?Empecé a reír:- Estoy avergonzado, Douglas. Pero entendí lo que quería decir y...Puso su dedo en mis labios, impidiéndome hablar.- Sé que eres alérgico a la leche.- No es el tipo de leche que dijo.'No entiendo…' Él entrecerró los ojos y arqueó la ceja, confundido.Joder, mil jodidas veces. ¿Soy el único que entendió el doble sentido de lo que dijo? ¿O Douglas era demasiado "lento"?Tomé su dedo que tocaba mis labios y lo chupé, sensualmente, llevándolo casi a mi garganta.Vi su miembro endurecerse debajo de su pantalón rápidamente y humedecí mis labios, diciendo:- No quiero ir a casa, Douglas.- Yo tampoco... - Me tomó de la mano y caminó rápidamente hacia el auto estacionado.- ¿Su? Yo pregunté.Él asintió, abriéndome la puerta.¿Por qué fingir que no quería acostarme con él? Durante años lo había admirado correr y hacer ejercicio con su hermoso cuerpo y me moría de lujuria por él, empapando mis bragas mientras miraba su culo duro en las mallas.Pero no pensé que podría casarme con él, porque odiaría a mi cuñada, así que no funcionaría. No había forma de que pudiera ser amiga de Dothy.No solía ser tan directo. Pero él fue una excepción.Tan pronto como Douglas comenzó a conducir, advertí:- No quiero ir al Spring Motel.Me miró y levantó una ceja:- Está bien, no me importa caminar más para comerte.Que ridículo. Fui directo, pero él no era nada romántico. ¿Y por qué debería? Éramos adultos que tendríamos sexo por nuestra propia voluntad, satisfaciéndonos mutuamente. No había sentimientos y no los habría, mucho menos relación, por culpa de su hermana. Está bien, al menos camina unas cuantas millas más para "comerme".No hablamos nada mientras él conducía. Me comí mi algodón de azúcar y luego el suyo, ni siquiera me miró.- ¿A usted que le gusta hacer? – Traté de romper la extraña atmósfera que se estaba formando.- Correr. – dijo secamente.Oh, sabía que le gustaba correr. Había estado corriendo a la misma hora todos los días durante años, lloviera o hiciera sol. No sabía que corrí porque mi madre me obligó a hacerlo.Mi estómago gruñó de hambre. M****a, ¿y si me desmayo de hambre? Qué vergüenza... Invitándolo a salir, tratando de golpear a su hermana y luego desmayándose de hambre.Mientras pensaba en no hacer eso y rendirme, ya que parecía que no había conexión entre nosotros, llegamos al Motel. Escogió el primero que tenía en el camino, saliendo de Primavera.Nada creativo, el hombre con el culo perfecto y las piernas tonificadas. Y para que conste: no me gustaba ese motel. Era sencillo y barato. No es propicio tener sexo con un hombre que he deseado durante años.Aparcó y abrimos la puerta del dormitorio sencillo y poco atractivo. Creo que ya había usado esa misma habitación con mi tercera pareja sexual.Antes de que pudiera pensar o hablar, sacó mi bolso y cerró la puerta, empujándome dentro y besándome. Oh, el beso fue bueno. Tenía labios suaves, una barba limpia y una lengua ardiente y ansiosa. Correspondí con el beso y puse mis brazos alrededor de sus hombros, envolviendo alrededor de su cuello. Me desabrochó los pantalones y los bajó, junto con mis bragas, empujándome sobre la cama.Dejó de besarme y comenzó a quitarse la camisa. Me quité el resto de los pantalones rápidamente mientras admiraba sus perfectos abdominales y musculosos brazos. No tenía ningún tatuaje y eso, por extraño que parezca, no parecía normal, ya que pasaba todo el tiempo con Francis, que en su mayoría estaba tatuado.Entonces Douglas se bajó los pantalones, junto con su ropa interior. Fue entonces que vi su miembro, erecto, y dije, sin pensar, mirándolo fijamente:- ¡Dios mío! ¿Qué carajo es esto?Entre un cambio de pañales en el baño de mujeres y una rápida follada en el de hombres, comenzó nuestra canción. Ya estábamos completamente agotados cuando nuestros cuerpos se encontraron en la pista de baile.- Creo que el próximo año no bailaré Tu Amor. - Yo hablé.- ¿Porque? - él se rió.- Porque ya no soporto esta música de día y de noche. Yo también comencé a reír.- ¿Quién hubiera pensado que nuestra música sería la favorita de nuestros hijos?- Puedo apostar que todo esto es obra de Irina.- Ah, no tengo dudas. Me levantó, dejando su vientre entre nosotros.Lo miré a los ojos y sentí el mismo amor que cuando bailábamos la misma canción hace diez años, unidos por una voluntad completamente absurda.Alisé su nunca y dije:- Te amo, bombón de Francis.- Te amo, Vi hot... Y madre de mis tres hijos.Me reí:- ¿Te imaginabas que algún día pasaría todo esto?- Que te haría el amor sí... Porque ya lo hice con tus fotos.- Depravado... Pervertido.- Pero confieso que tenía miedo de tene
- Marcelus... Por favor, deja ir a mi chico. - Pregunté, en un hilo de voz.- ¿Por qué haría eso, hermosa Virginia? - él se rió. - Pero mátame una curiosidad: ¿es alérgico?No dije nada. Tomó el arma y apuntó al suelo:- ¿Quieres que se lo enseñe a Francisco? ¿O debería llamarlo Francisco? Hola Francis, ¿ese es tu apodo?- No. Se encogió de hombros mientras imitaba la voz del títere, haciéndolo volar en sus brazos. – Francisco es mi padre. - hizo la voz de un superhéroe .- ¿Dónde está Francisco? - preguntó Marcelo. “No puedo creer que se vaya a perder la mejor parte de la fiesta.- ¿Qué quieres, idiota? – preguntó michelle.- ¿Es por allí? Me apuntó con el arma. - Sólo eso. Podría verte... Después de todo, fue mamá quien hizo publicidad de la chica buena, ¿verdad?- ¿Crees que te saldrás con la tuya esta vez? - ella preguntó.- No... No soy como tú, Michelle. Te saliste con la tuya. Pagué por lo que hice. Perdí el derecho a practicar. ¿Adivina que? Me mudé a otro país para poder ejer
Francis estaba atendiendo a algunos clientes en el pueblo cercano ese día. Y tenía proyectos atrasados, lo cual era común. Estaba lista para terminarlos definitivamente, pero Francisco estaba muy agitado. Si no era suficiente para él correr por la casa, tenía a los perros ladrando. De hecho, este era su juego favorito: corría mientras las bolas de pelo intentaban atraparlo.Seguro de que no podía hacer otra cosa, invité:- Francisco, ¿qué te parece jugar en la plaza?- Sí, sí, sí... - Saltaba hacia la habitación, ya separaba unos muñecos, unos carritos y vestía su traje de superhéroe favorito .Lo ayudé a vestirse apropiadamente, ya que había puesto sus piernas en sus brazos y ya se estaba molestando. Pronto subimos al auto, con las manos llenas de bolsas de juguetes.- Mamá, pon nuestra música. – preguntó, tan pronto como encendí el auto.Me puse Tu Amor. Empezó a cantar enseguida. Pronto me escuché siguiéndolo. Sonreí, viéndolo en el espejo retrovisor inventando palabras al ritmo de
- Yo... yo traje esto. Michelle me mostró una margarita en su mano.- Yo... yo no estaba loco. Te vi... ¿Qué quieres?- Vine a traerte una flor. - Dijo ella, sin acercarse.- ¿Quieres darme una flor? – pregunté confundida. - ¿Tiene... veneno? ¿Leche?- ¿Crees que haría eso?- Creo... Quiero decir, estoy seguro.Michelle miró los regalos que estaban por todas partes en la habitación. Fue a la ventana y abrió la ventana, tirando la flor.La miré, quien dijo con aire burlón:- ¿Por qué querrías una simple margarita, verdad?Estaba tan cerca que podía oler su perfume. Un ligero temblor se apoderó de mi cuerpo:- ¿Qué quieres aquí? Vete... o llamaré a la policía.- ¿Que hice? ¿Qué vas a decirle a la policía?- Qué... Entraste sin permiso.- Soy tu madre, Virginia, te guste o no.- Nunca lo fue... ¿Por qué esto ahora? Dime de una vez lo que quieres de mí y sal de aquí.- Quiero ver al niño. Habló en un tono autoritario.- ¿Estas loco? Tú... No verás a mi hijo. Presioné a Francisco contra mí
El pediatra dijo:- Papá viene conmigo. Lo pesaré, lo mediré mientras usted y su familia pueden verlo todo. Mamá ahora se recuperará un poco y pronto estarán los tres juntos en la habitación. - Habló cariñosamente.Entonces vi a mi hijo siendo llevado en el regazo de un papi completamente tonto, que no le quitaba los ojos de encima ni un segundo. Sonreí, inmensamente feliz. A pesar del agotamiento físico, ya no tenía dolor. Porque la felicidad era tan intensa dentro de mí que no había lugar para nada malo.Antes de salir por la puerta, Francis dijo:- Te amo, Vi... Está bien. Te estaremos esperando... Los dos.- Los amo. – dije emocionada de agregar una “s”.Salió por la puerta y volvió:- Dom... ¿Vienes con nosotros?Dom se rió:- ¿Esto son celos?- No pensarás que voy a salir y dejarte con mi mujer, ¿verdad?Dom negó con la cabeza y fue con él.En cuanto dejé de ver a Francis y Francisco empecé a sentir dolor.- Necesito algo para el dolor. Sin ellos a mi lado no soy tan fuerte. - C
Sí, esa era nuestra canción. Y no podía ser nadie más que ella. Una vieja canción, que casi nadie escuchaba excepto en los bailes de primavera, pero solo nosotros dos sabíamos lo importante que era para nosotros. Y no solo por la letra... Simplemente porque un día tocó un momento importante que estuvimos juntos y cuando nos dimos cuenta, era parte de nuestro pequeño mundo de algodón de azúcar, visitas nocturnas entrando por la ventana, baladas...Nuestros cuerpos se encuentran, separados por mi enorme barriga, que llevaba a nuestro hijo.- Dime que todo está bien... Y que ella no te hizo nada malo.- Ya no puede hacerme daño, Francis.- “Solo quiero usar tu amor esta nocheNo quiero perder tu amor esta noche". - Dijo, acercándome lo más que podía a él, cantándome al oído.- Me encanta cuando cantas para mí, Francis. - Confesé.- Te amo Vi.- Es tan lindo escuchar a Tu Amor y no estar obligado a bailarlo porque es el baile de la primavera. - Empecé a reír.- Confieso que yo también lo







