LOGINA Patricia se le fue el color de la cara por completo. Le temblaban los labios, pero no le salía la voz.—Mendigar el amor de un hombre poniendo tu propia vida en riesgo... eres patética —Marcos la miraba con frialdad—. Es verdad que me quedé aquí toda la noche, pero no te confundas: no fue por cariño ni porque me importaras. Solo necesitaba asegurarme de que tu imprudencia no terminara en una tragedia, porque no estoy dispuesto a cargar con culpas ajenas ni con las consecuencias de tus locuras.Hizo una pausa, recorriendo con una mirada llena de desprecio el brazo enyesado y las vendas en su cabeza. Su rostro no mostraba ni una pizca de compasión.—Ahora ya estás bien. A pesar de todo lo que te provocaste a ti misma, tuviste la suerte de seguir viva. Así que escúchame bien —Marcos se inclinó hacia ella—. De ahora en adelante, si vives o mueres, si eres feliz o te hundes en la miseria, nada de lo que te pase tiene que ver conmigo. Y eso incluye a tu madre. No pienso soltar ni un centav
La ambulancia llegó a toda prisa y se llevó a Patricia de emergencia al hospital.Por pura suerte, en ese tramo de la carretera donde ella se lanzó, unos campesinos habían dejado unos montones de paja secándose a la orilla. Al caer, la paja absorbió la mayor parte del impacto, sirviéndole de colchón y salvándole la vida.El médico informó que Patricia estaba fuera de peligro. El diagnóstico fue una conmoción cerebral leve, una fractura en el codo izquierdo y el cuerpo lleno de moretones y raspones.Cuando la pasaron a cuarto, Patricia seguía inconsciente. Marcos se sentó junto a la cama, pero no sentía ni un poquito de alivio. Al contrario, sentía una culpa que le pesaba más que el cuerpo mismo. No quería ni pensar en lo que habría pasado si ella hubiera muerto. Era una mancha que cargaría en la conciencia el resto de sus días. No podía borrarse de la mente la imagen de Patricia saltando al vacío.Marcos no pegó el ojo en toda la noche. Se quedó ahí, hundido en la silla.Tomás llegó
—Cancelé el compromiso sin hacer ruido solo por respeto a la dignidad de tu madre. Pero te lo advierto: no vuelvas a meter a la familia en nuestros asuntos y, mucho menos, te atrevas a jugar con la salud de nadie. ¡Con eso no se juega! Si sigues acosándome de esta manera, no esperes que te tenga más consideración.Al verse descubierta y saber que Marcos ya conocía la verdad sobre la enfermedad, Patricia sintió que el mundo se le venía encima. Ese cuento de la "gravedad" de su madre siempre había sido su as bajo la manga para manipularlo y dar lástima, pero ahora esa carta ya no le servía para nada.El silencio en el auto se volvió insoportable, hasta que Patricia estalló en llanto.—Marcos, perdóname... No debí mentirte, ¡pero es que de verdad te amo! Me enamoré de ti desde el primer día que mi papá te llevó a la casa. ¡En todos estos años no he tenido ojos para nadie más!Marcos seguía como una estatua, con la mirada fija en la carretera y las manos firmes sobre el volante. No mostra
En el patio, en cuanto Noelia se retiró, Patricia volcó toda su atención en Marcos, buscando recuperar su lugar.—Marcos... —empezó ella, pero él no la dejó seguir.—Agarra tu maleta y vámonos —soltó Marcos, dándose la vuelta para salir de la posada sin siquiera esperarla.Patricia regresó por su maleta al vestíbulo. Con la espalda recta y un gesto altivo ante las miradas que la seguían, tomó su equipaje y salió de ahí, buscando darle alcance a Marcos.—¡Marcos, espérame! —gritó, pero él ya se había subido al auto.Acostumbrada a que él siempre fuera un caballero, Patricia tuvo que batallar sola con la maleta por primera vez en su vida.Agotada y de un humor de perros, se subió al vehículo y dio un portazo tan fuerte que las ventanillas temblaron.—Esta maleta pesa una tonelada, ¡hasta se me rompió una uña y me las acababa de arreglar! —se quejó, extendiendo la mano con intención de coquetear, pero Marcos ni la volteó a ver.En cuanto ella cerró la puerta, él arrancó el motor y se alej
—¡Ay, qué bueno que ya estás mejor! En serio que nos diste el susto. ¿Pero qué fue lo que te pasó así de la nada?Había mucha gente en la posada, así que Noelia se quedó en blanco, sin saber qué inventar. Por suerte, Elena entró al quite de inmediato:—Ya la revisaron y no es nada grave, solo fue algo que comió y le cayó pesado—Bueno, pues para la próxima fíjate más en lo que comes —asintió Elsa, más tranquila.Noelia apenas pudo mover la cabeza.—Ah, por cierto —Elsa se giró hacia Marcos—. Señor Leiva, lo busca una señorita que vino desde Montelargo. Lleva como una hora esperándolo en el vestíbulo.Al oír eso, Marcos dirigió la vista hacia allá y Noelia hizo lo mismo. En uno de los sillones de mimbre estaba sentada una mujer joven, impecable. Llevaba unos pantalones de pata ancha color crema, una blusa de seda a juego y un abrigo largo color camello. Unas gafas de sol negras le cubrían media cara.¡Patricia! Era ella la que estaba ahí.—¡Marcos! —exclamó Patricia en cuanto los vio.
Al escucharla, a Marcos se le desencajó la cara por un segundo. Sus ojos se volvieron una tormenta de emociones.El médico dio su diagnóstico sin muchos rodeos:—Lo más seguro es que sea una reacción gastrointestinal fuerte y cólicos uterinos por la carga hormonal. Vamos a ponerle una inyección para los espasmos y el dolor, y la dejamos un rato en observación para ver cómo evoluciona.Pasaron a Noelia a una camilla en el área de observación. Al poco tiempo de la inyección, el medicamento empezó a hacer lo suyo y ese dolor punzante, que la tenía doblada, comenzó a ceder. Tras los exámenes de rutina, se confirmó que no había nada de qué preocuparse: todo era daño colateral de la pastilla de emergencia.—Los efectos secundarios de este tipo de medicamentos varían mucho de una mujer a otra —explicó el doctor, clavando la vista en Marcos—. Algunas ni lo sienten, pero en otras puede provocar desde dolores abdominales y náuseas, hasta mareos o irregularidades en el ciclo. Además, no se debe
Ese tenía que ser el perfume de Patricia.A Noelia se le revolvió el estómago, no solo por el perfume que traía Marcos, sino por esa relación escondida y asquerosa entre los dos.Desde que estaba con Marcos, le había pedido a Dios no encontrarse con Patricia durante ese año. No esperaba que el encue
Todos en la mesa voltearon a mirar a Noelia. A ella no le parecía que ser "divorciada" fuera algo tan malo, pero cuando vio a Marcos al lado de Patricia, sintió una ligera incomodidad en el corazón.Les sonrió un poco a todos, se puso el violín en el hombro y empezó a tocar. La canción de esa noche
Marcos miró a Noelia. Ella hizo como si no se diera cuenta y ayudó a Julieta.—Ya basta, subamos a descansar.***Noelia dejó a Julieta en la habitación. Preparó regalos para Sara y las demás compañeras, para agradecerles por cuidar a su hermana. Después bajó.Marcos la esperaba en el auto. Cuando s
Después de la cirugía, Julieta se quedó hospitalizada una semana. En esos días, Noelia iba y venía del club al hospital; después de cada clase se iba corriendo a cuidar a la hermana. Marcos también iba casi todos los días; cuando no podía, mandaba a Tomás para que ayudara.Julieta debía comer alimen







