LOGINVictoria se fue tras terminar su café y dejar caer aquellas palabras.Alicia se quedó sentada en su lugar, inmóvil. Toda la ternura, las atenciones, el lugar y el respaldo que Leandro le había brindado durante la comida se nublaron en un instante bajo una sombra fría.Leandro salió de la sala y divisó de inmediato a Alicia sola en el jardín, con la mirada perdida y un semblante decaído, como si le hubieran quitado la energía.—¿Qué tienes? —Leandro se acercó y le preguntó en tono de broma—. ¿Acaso ese café te dejó sumida en la melancolía?Al escuchar su voz, Alicia reaccionó. Levantó la cabeza e hizo un esfuerzo por sonreír:—¿Ya terminaron de jugar?—Sí.—¿Ganaste?—Algo así.Leandro respondió de forma vaga. Ignacio lo había invitado a jugar ajedrez, pero en realidad solo aprovechó el tablero para tratar asuntos de negocios y tantear su postura. Ignacio le cedía ventaja en cada movimiento a propósito, mostrándose complaciente y cauteloso en todo momento. Toda la partida se desarroll
—¿Que yo no soporto ver que te vaya bien? —Victoria soltó una carcajada cargada de ironía—. ¿Acaso de tanto actuar ya te lo creíste tú misma? Alicia, te lo puedo decir con total claridad: Leandro definitivamente no te ama.—¿Tú qué sabes?—Por supuesto que lo sé. ¿Piensas que porque Leandro está pendiente de ti, te acompaña a comer o le regala un brazalete a tu madre ya significa que te ama? ¡Eso es porque nunca has visto a Leandro volverse loco por amor!Alicia le dio un sorbo a su café y no dijo nada."Volverse loco por amor..." Esas palabras le resultaban tan ajenas que le causaron una opresión en el pecho. Ella conocía el lado centrado de Leandro, su lado atento y su capacidad para cuidar cada detalle. De verdad le costaba trabajo imaginarlo perdiendo el control, obsesionado o arriesgándolo todo por alguien.—¿Y según tú, ya lo viste? —le regresó la pregunta Alicia.—Claro que lo vi. Me imagino que has escuchado hablar de la familia Salgado, ¿verdad?Alicia sí conocía a la famili
En cuanto Leandro llegó, no tardaron en servir la comida. Él y Alicia se sentaron en la mesa principal. Frente a todos los familiares, él se mostró maduro y centrado, conversando con mucha naturalidad. Habló de trabajo y de negocios con Ignacio, e incluso intercambió algunas palabras sobre ópera.Al dirigirse a los demás, lo hacía con la prudencia justa, sin presunción pero sin distanciamiento, manejando la situación con total soltura. El grupo de parientes que hacía un momento esperaba para burlarse de Alicia y de su madre se mostraba ahora sumamente atento, e incluso el tono de sus palabras se volvió bastante amable.Por supuesto, Leandro no se descuidó por atender a los demás ni dejó de lado a Alicia. Estuvo muy pendiente de ella en todo momento con total naturalidad.Alguien comentó a modo de broma:—Qué consentida tiene el señor Montes a su esposa.Leandro respondió con una sonrisa:—El hombre que cuida a su esposa siempre prospera.Esa sola frase le dio a Alicia su lugar frent
—¡Victoria, ya te advertí que no fueras grosera! —el tono de Ignacio llevaba la autoridad de un padre—. ¿Acaso no te puedes callar?—Papá, yo tampoco quería ponerme así, pero ellas dos vinieron a vernos la cara primero. Es obvio que Leandro no va a venir y salieron con que sí. ¿No es esto hacer que los tíos aquí presentes pierdan su tiempo esperándolo? ¡Cualquiera que no sepa cómo están las cosas va a pensar que tú eres el que quiere colgarse del apellido de tu yerno para darse aires de grandeza!—¡Cállate!Victoria no se imaginaba que su padre, quien siempre la había consentido, le gritaría frente a tanta gente, por lo que se sintió herida.—Papá...—Leandro sí va a venir. Él me llamó con anticipación para avisarme que a último momento tenía que ir al aeropuerto por alguien y que se retrasaría un poco. ¡Me pidió que no lo tomara a mal y dijo que en cuanto llegara me ofrecería un brindis para disculparse!—¿Qué? —Victoria no lo podía creer.Quien también se sorprendió fue Alicia. Perm
El sábado hacía buen clima. Por la mañana, Alicia fue primero a la tienda para atender a una clienta que ya tenía cita y que iba a adquirir dos bolsos. Cerca del mediodía, justo cuando se disponía a regresar a casa para reunirse con Leandro, recibió una llamada inesperada de él.—Tengo que ir al aeropuerto a recoger a alguien de último momento. Tú adelántate y yo llego más tarde —la voz de Leandro sonaba en tono de disculpa.—Está bien, atiende tus asuntos primero.Él guardó silencio un segundo:—Lo siento.—¿Por qué te disculpas? Ve a ocuparte. Yo te espero allá.—Está bien.Alicia regresó a casa a cambiarse, tomó el regalo que había preparado para su padrastro y salió. La casa de la familia Rivas quedaba en el este de la ciudad. Era una casa dúplex a la que se habían mudado después de que Alicia se casó, por lo que ella había ido pocas veces.Ximena, su madre, la esperaba en la entrada desde temprano. Al verla bajar sola del auto, frunció levemente el ceño.—Alicia, ¿y Leandro? ¿A
A ella no le importaba tanto, solo temía que la ilusión de su madre quedara en nada. Sin embargo, casi al instante, el celular vibró.Leandro le respondió de inmediato: "Tengo tiempo."Esas dos simples palabras le dieron a Alicia una extraña sensación de alivio.Al regresar a la tienda, Alicia comenzó a pensar qué regalo prepararle a su padrastro, Ignacio. Por lo que recordaba, a Ignacio le gustaba mucho tomar café, jugar ajedrez y escuchar ópera. El café era un detalle muy común, de tableros de ajedrez no sabía absolutamente nada y, en cuanto a la ópera... Alicia se acordó de que tenía una colección de discos antiguos en la tienda. Había conseguido ese juego el año pasado a través de un viejo coleccionista. Era una edición especial, conservada en perfecto estado y con grabaciones originales de los artistas más famosos de la época, algo ya muy difícil de conseguir en el mercado. A ella misma le gustaba coleccionar antigüedades y, desde que consiguió esos discos, los mantenía en ex







