LOGINLeonardo no obtuvo respuesta, pero siguió mirándola. Observó sus labios apretados mientras se concentraba, el leve temblor de sus pestañas y el cabello largo que caía junto a su cara.Cuando un mechón le rozó la piel, llevó consigo ese aroma suave y tan propio de Elena, que poco a poco llegó hasta su nariz.Ese aroma... hacía mucho que no lo sentía.Durante incontables noches, la había abrazado mientras contemplaba su rostro dormido y respiraba esa fragancia que tanto le traía paz.Sin embargo, desde que terminó con ella, ese aroma se había vuelto tan inalcanzable como un humo que se deshace entre los dedos.Ahora, por fin, había vuelto hasta él.Leonardo era como un ladrón codicioso que solo quería respirarlo una vez más, y luego otra.Al notar que de pronto se había quedado callado, Elena apartó un poco el hisopo y levantó la mirada.Sus ojos se encontraron.La mirada de Leonardo era profunda como una noche oscura, llena de un dolor y una lucha que ella no lograba comprender.La mira
Al oír la voz, Lorenzo miró instintivamente hacia la entrada.Era Leonardo.Estaba de pie junto a la puerta, muy erguido, con una presencia intimidante.Lorenzo se quedó desconcertado.Elena aprovechó ese instante. Sin dudarlo, reunió todas sus fuerzas, levantó el pie y le dio una fuerte patada en la entrepierna.—¡Ah...!Lorenzo soltó un grito de dolor y se encorvó de inmediato. El dolor casi le hizo perder el equilibrio.Mientras seguía aturdido, Elena se dio la vuelta y corrió hacia Leonardo.Humillado y furioso, Lorenzo tardó unos segundos en recuperarse. Luego, con los ojos enrojecidos, ignoró el dolor y fue tras ella para vengarse.Cuando intentó clavarle el vidrio a Elena, Leonardo levantó el brazo para bloquearlo y la protegió detrás de él.El vidrio afilado le cortó el brazo al instante. Sin embargo, la herida no afectó en absoluto sus movimientos.Actuó con rapidez y precisión. Aprovechando su ventaja física, lo inmovilizó con unos cuantos movimientos y redujo fácilmente a Lo
Al ver la frialdad en el rostro de Elena, Lorenzo moderó enseguida su entusiasmo y sonrió para disimular.—Señorita Elena, no me malinterprete. Estas flores son para felicitarla por la ampliación del hostal. Esta vez tampoco vine con otras intenciones. Simplemente creo que este lugar es tranquilo y adecuado para escribir, así que planeo quedarme una temporada.Elena sabía que sus intenciones no eran tan simples, pero tenía un negocio y todo huésped era un cliente. Mientras él no se propasara, tampoco podía echarlo sin más.Esbozó una sonrisa cortés y distante.—Si viene a hospedarse y escribir, naturalmente es bienvenido. Le pediré a la recepcionista que lo registre. ¿Quiere la misma habitación de antes?—Sí, la misma.—Está bien.Elsa registró a Lorenzo. Después de verlo subir, se acercó discretamente a Elena.—Elena, la forma en que ese hombre te mira es muy extraña. Me pone la piel de gallina. Ten mucho cuidado.Elena asintió.—No te preocupes, estaré atenta. Además, este es nuestro
El rostro de Leonardo se ensombreció.Elena ya había sacado el celular y le transfirió el dinero directamente.Después de pagar la comida, sacó de su bolso una tarjeta bancaria. La contraseña estaba escrita claramente sobre ella.Era la tarjeta que Leonardo le había dado como compensación el día en que terminaron. Además, también había puesto a su nombre la vieja casa que ella había convertido en hostal.—Te devuelvo esto —dijo Elena con calma—. No gasté ni un centavo del dinero de la cuenta. Además, deposité otros treinta mil dólares. Es el pago por tu vieja casa, calculado según el precio de mercado. Si no te parece suficiente, puedo agregar más.Leonardo no tomó la tarjeta.—No recupero lo que ya di.—Sé que eres generoso —dijo Elena, mirándolo con serenidad—. Pero lo nuestro fue de mutuo acuerdo. Aunque terminar de forma tan repentina no fue la mejor manera de hacerlo, en general tampoco salí perdiendo. Mi conciencia no me permite quedarme con tu dinero ni con tu casa.Leonardo tra
Unos diez minutos después, la tubería quedó reparada y el agua por fin dejó de salir.Cuando Leonardo salió de debajo del lavabo, tenía buena parte del pantalón mojado.La tela negra, empapada, se pegaba a sus muslos firmes y musculosos, exudando un atractivo salvaje e imponente.Después de todo, había terminado así por ayudar en el hostal.Elena recordó que aún tenía en el auto dos pantalones que había comprado días atrás en el pueblo para el abuelo de Gael. Como él y Leonardo tenían una estatura parecida, podía prestarle uno para que se cambiara por el momento. De cualquier manera, debía de ser incómodo llevar la ropa mojada pegada al cuerpo.—Espera un momento.Elena fue al auto, tomó uno de los pantalones y se lo entregó a Leonardo.—Tu pantalón está mojado. Ponte este por ahora.Leonardo bajó la mirada hacia el pantalón de hombre que ella sostenía y, cuando volvió a mirarla, su tono se volvió serio.—¿Tienes novio?Ella solo había querido prestarle un pantalón por amabilidad, per
Por un momento, los pensamientos de Elena se desviaron.Pero enseguida recuperó la calma.Olvídalo. ¿Qué importaba si la había traído o no?Lo suyo había terminado hacía mucho. Su vida privada ya no debería afectarla.Elena fue colocando los platillos sobre la mesa. El talento de Gonzalo era indiscutible: cada plato tenía una presentación exquisita, un aroma delicioso y un sabor excelente. Además, lucían perfectos para las fotos.Apenas terminó de servirlos, los huéspedes se acercaron en grupo para fotografiarlos.Elena y Leonardo habían apartado las cajas y estaban ordenando cuando Elsa, la recepcionista, bajó corriendo del segundo piso.—¡Elena, tenemos un problema! ¡Se rompió una tubería en una habitación del segundo piso!Elena se alarmó de inmediato.—Llama rápido a un técnico.—Ya llamé, pero uno se fue de viaje con su hija y su yerno, y el otro no contesta. El agua sigue saliendo, los huéspedes están furiosos y me armaron un broncón.Elena estaba pensando cómo resolver la emerge