تسجيل الدخولAlberto fue en persona a visitarla a su casa y, en teoría, el asunto habría terminado ahí. Sin embargo, debido al arresto de Leticia, su madre, Gabriela, se la pasaba yendo de un lado a otro llorando y haciéndose la víctima. Esto provocó que algunos vecinos, fieles al dicho de pueblo chico, infierno grande, empezaran a murmurar que Noelia era una desalmada.Al enterarse de los chismes, Elsa se puso furiosa:—Esta gente no sirve para nada más que para andar de lengua larga. ¿A qué se refieren con que "no pasó a mayores"? ¿Acaso tenías que morirte ahogada para que lo consideraran grave? ¿Tenías que terminar en terapia intensiva para que les importara? ¡Qué fácil es hablar cuando los toros se ven desde la barrera! Pero si les pasara a ellos, ¡a ver si decían lo mismo!Noelia estaba sentada en la recepción revisando las reservaciones. Al levantar la mirada y ver que Elsa estaba roja de coraje, se levantó de inmediato para calmarla:—Ya, no te hagas mala sangre por eso. Si ni yo misma esto
Al escuchar esto, Teresa se quedó petrificada.¿Acaso no tenía una nueva relación? Ella misma había escuchado a Noelia y a Cecilia hablar con total seguridad, hacía un tiempo, de que había alguien nuevo al lado de Marcos, y que además era abogada. ¿Por qué lo negaba él ahora con tanta seguridad?—No me venga con mentiras —sentenció Teresa, endureciendo el gesto.—No le miento, señora, se lo juro. ¿De quién escuchó que tengo una nueva novia? —Lo dijo Cecilia. Y también dijo que esa mujer quería ser su nueva mamá —Teresa se molestó aún más, con la voz temblando de rabia—. Cecilia solo tiene una madre, la que la trajo al mundo y la ha criado. Si esa mujer quiere tener hijos, ¡que los tenga ella misma, pero que no se meta con mi nieta!Marcos empezó a romperse la cabeza: ¿de dónde diablos había salido esa supuesta novia? Casi no había mujeres a su alrededor, a lo sumo con las que trataba estrictamente por motivos de trabajo, y la probabilidad de que tuvieran contacto con Cecilia era nu
—¡Es tu hija!—¿Y qué si es mi hija? ¡Cometió un delito y ahora tiene que pagar por lo que hizo!Los gritos y las discusiones continuaron en el pasillo por unos momentos, hasta que una enfermera se acercó para exigirles orden y Gustavo se llevó a Gabriela a la fuerza.Al fin, la habitación quedó en un completo silencio. Noelia se apoyó en la cabecera de la cama, sintiéndose completamente agotada por todo ese drama. Las sienes le latían con tanta fuerza que sentía que la cabeza le iba a estallar. A esas alturas, ya ni siquiera recordaba en qué parte se había quedado la conversación con Marcos antes de que los interrumpieran.—¿Estás muy cansada? —preguntó Marcos al notar el desgaste en su cara—. Duerme un rato, te va a hacer bien.Noelia lo miró de reojo, con los párpados pesados:—¿Ya te vas?—No, me voy a quedar aquí contigo. Me iré hasta que llegue tu familia —su mirada era de lo más tierna, transmitiéndole esa seguridad que tanto le hacía falta.—Gracias...—Descansa.—Está bien.
¿Él quería enseñarle a nadar? El corazón de Noelia volvió a dar un vuelco. Sentía que este Marcos con el que se había reencontrado, tras haber salido de su peor momento, era completamente distinto al de antes, aquel que insistía a capa y espada en que la odiaba.Pero antes de que Noelia pudiera asimilar sus palabras, unos gritos agudos estallaron al final del pasillo.—¡Mi hija! ¡Por favor, ella no lo hizo a propósito! ¡De verdad que no fue su intención!La puerta de la habitación se abrió de golpe. Una mujer de mediana edad entró casi tropezándose. Detrás venían dos empleados del hospital, completamente indecisos, sin saber si detenerla o no.Era Gabriela, la madre de Leticia. Gabriela y su esposo, Gustavo, manejaban un viñedo en la región. Gustavo era un hombre honesto que se llevaba relativamente bien con el tío de Noelia. En cambio, a Gabriela no la conocía mucho, solo sabía que era una mujer de lo más chismosa, de las que siempre andaban en boca de todos.—Noelia... ¡ay, seño
Las pestañas de Noelia parpadearon levemente y, de inmediato, abrió los ojos apenas una rendija. Su mirada se notaba nublada y desenfocada, pero aun así... lo vio a él.Los labios de Noelia se movieron apenas para soltar un susurro casi inaudible.Nadie más en el lugar alcanzó a escucharla, pero Marcos lo entendió a la perfección: estaba pronunciando su nombre. No dijo "señor Leiva", sino "Marcos".—Marcos...A su alrededor el ambiente era un completo caos.Alberto gritaba órdenes a todo pulmón, la sirena de la ambulancia se escuchaba cada vez más cerca y la policía ya había controlado a Leticia, que chillaba de forma histérica. Sin embargo, Marcos no oía nada de eso. Para él, el único sonido en el mundo era la voz de Noelia.Su tono sonaba tan natural, tan cómplice... era ese mismo matiz de confianza absoluta de los viejos tiempos, de esa época dorada antes de que el destino se torciera y todo empezara a fracturarse entre ellos.***La ambulancia llegó a toda prisa y los trasladó d
De niña, Noelia había aprendido de todo, menos a nadar por su miedo al agua. Al caer al río, se quedó completamente aturdida. De inmediato, sintió que el agua entraba a presión por sus oídos, nariz y garganta desde todas partes.El río corría con más fuerza de lo que recordaba y la arrastró corriente abajo. Por instinto, intentó defenderse manoteando el agua, pero no lograba sujetar nada. Su vestido se empapó y se volvió pesadísimo, como si incontables manos la jalaran hacia el fondo.Alguien gritaba en la orilla, pero se oía lejano y borroso. Intentó gritar, pero tragó una bocanada de agua. Sintió un ardor en la garganta, una dolorosa raspadura de lija. Empezó a perder el conocimiento.La última luz en su mirada se borraba rápido cuando, justo en ese momento, una silueta gris se lanzó al agua desde la orilla. Se arrojó al río sin dudarlo ni un segundo. En cuanto el agua salpicó, Alberto y los demás llegaron corriendo.—¡Señor Leiva! ¡Señor Leiva! ¡Que venga alguien, ayuden a sa






