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La Firma

Author: Karen.R
last update publish date: 2023-05-07 06:59:03

Mi teléfono se apaga, como lo ha hecho otras cien veces en las últimas veinticuatro horas.

Mamá y papá esperan que lo arregle... como siempre.

Ahora mismo no tengo nada. Absolutamente nada para seguir con esto. Nada para protegernos o siquiera mantenernos a salvo.

Este lugar, este parque, residencia, mi hogar. Tendría que despedirme de todo ello y solo una persona se interponía entre todo esto. Raphael Casio.

Podría decir que sí. Eso lo sabía. Pero no podía venderme. Yo era mejor que eso y valía más.

Por qué Raphael necesitaba un contrato de matrimonio de seis meses estaba más allá de mí. ¿Quién querría estar casado solo seis meses?

Se me hace un nudo en la garganta cuando suena mi teléfono.

Por favor, llámanos

Dice un mensaje de mis padres.

Miro por la ventana y veo cómo el semental roza la hierba con la cabeza. Estoy a punto de perder esta vista y toda la belleza que conlleva.

Levanto el teléfono y envío el único mensaje del que me arrepentiré, pero no tengo elección.

Tenemos que hablar.

En menos de un minuto recibo una respuesta.

Mañana a las nueve en punto en mi despacho.

Ya no hay vuelta atrás. He hecho lo que he hecho. Mañana volveré a ver a Raphael.

No sé qué haré ni cómo lo haré, pero sé que estoy a punto de tomar una decisión que cambiará mi vida para siempre.

*

—El señor Casio ha preguntado por usted—, me dice su ayudante.

Golpeo el suelo con los pies. Respiro hondo y me limpio las manos sudorosas en la silla.

—Bueno—, murmuro en voz baja. —Hazlo rápido.

De pie, dejo que la ayudante de Raphael me guíe hasta su despacho. Se queda un segundo junto a la puerta antes de darse la vuelta y dejarme sola.

Me ajusto la falda azul marino, pongo la mano en la puerta y la abro.

—Me alegro de que hayas venido—, dice Raphael dándome la espalda.

Lo odio. La actitud. La chulería. Lo odio todo. Este tipo no tiene nada a su favor aparte de su aspecto.

Me aclaro la garganta y doy unos pasos hacia delante, los suficientes para no estar junto a la puerta, pero bastante cerca para poder correr si algo saliera mal.

Raphael se vuelve hacia mí y la confianza que tenía parece desvanecerse. Es una idea terrible.

—¿Nerviosa?

Sacudo la cabeza.

—No.

—Lo pareces—, dice sonriendo en mi dirección.

—¿Podemos hablar?

Raphael se abre paso hacia mí.

—¿No es eso lo que estamos haciendo? —, dice, sus dedos rozando mi brazo.

Doy un paso atrás.

—Me refiero a salvar el negocio de mi familia.

Se inclina y su aliento me roza la oreja.

—Cásate conmigo—, me dice. —Eso es todo lo que tienes que hacer.

—Quiero negociar algunas cosas—, susurro tan bajo que estoy segura de que no me oye.

—¿Qué cosas?

—No pasará nada entre nosotros—, digo dando un paso atrás de él para demostrar aún más mi punto de vista.

Sonríe.

—No sería un trato justo—, dice.

Sus manos rodean mis caderas y me aprieta contra la puerta.

—Si eres mi mujer y quiero besarte—, me susurra junto al labio. —Entonces te besaré—, dice rozando con sus labios el borde de los míos.

Me quedo helada sin saber cómo reaccionar.

—Y como un marido y una mujer normales, pasarán otras cosas... cosas físicas.

Trago saliva.

—Yo... yo solo... creo... que tenemos que replantearnos algunas cosas.

Siento que se ríe suavemente en mi oído.

—Me gusta bastante el trato actual. Así que, ¿qué me dices?

Estoy a punto de perder todo por lo que he trabajado duro.

Mis padres están a punto de perder todo por lo que han trabajado.

—Bien—, susurro. —Seis meses.

Raphael sonríe alejándose de mí.

—Bien, entonces—, dice dirigiéndose a su escritorio.

Lo veo sacar una carpeta verde brillante del cajón, la coloca sobre su escritorio y un bolígrafo encima.

—Firma.

La hojeo sin preocuparme por el contenido. No es como si pudiera perder algo más que mi negocio familiar.

Sin perder más tiempo, firmo los documentos. La mirada de Raphael está clavada en mí y no necesito mirarle para saberlo.

Dejo el bolígrafo junto a la carpeta y doy un paso atrás.

En los labios de Raphael aparece una sonrisa de satisfacción, coge la carpeta y la cierra. La coloca en el segundo cajón de su escritorio y se acerca a mí.

Se me hace un nudo en la garganta y no quiero saber por qué.

Sus manos me rodean la cintura y sonríe.

—Supongo que ahora puedo llamarte mi mujer.

Me quedo helada.

—Espero que te mudes a mi casa esta noche—, me dice besándome el cuello. —Nos vemos—, dice Raphael mientras sale de su despacho.

En ese momento siento la tentación de romper el contrato. Me ha dejado sola en su despacho y podría destruir fácilmente el documento, pero una parte de mí sabe que no soy esa clase de persona. Odio demasiado a este sujeto por creerse la última maravilla del mundo.

*

Dos horas. Raphael salió de su oficina hace dos horas. Por supuesto, me ha dejado sola y, a pesar de tener la oportunidad de sacar a relucir algún trapo sucio o encontrar algo que usar contra él en caso de que alguna vez necesitara protegerme... no lo hago. Me siento en el sofá junto a la esquina de su despacho con la mirada perdida contra la ventana.

No puedo creer que haya firmado esos documentos. Aparece la imagen de mis padres y, aunque apenas los veo, los quiero de verdad. Me importan demasiado como para dejar que lo pierdan todo. Por eso le estoy vendiendo mi alma a este tipo tan arrogante y tan atrevido que no ha dejado el tacto por todo mi cuerpo. Cada vez que hace eso se me eriza la piel, pero no de satisfacción, sino de asco.

Salgo de mis pensamientos en cuanto se abre la puerta. Veo entrar a Raphael. Que ahora lo tendré que considerar por más que me duela… MI ESPOSO.

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