Share

Capítulo 11

Author: Primavera Lía
Viviana caminó paso a paso hasta quedar frente a Mario.

—Siento mucho que hayas tenido que cargar con el peso de ser mi hijo estos últimos años; debió ser un martirio para ti.

Al oírla hablar en un tono tan suave, Mario sintió ganas de sonreír, pero se esforzó por mantener el rostro serio.

—No soy una buena madre. Te obligué a hacer la tarea, no te dejé usar tanto el celular, te prohibí los helados y la comida chatarra... Siento que todo eso fue como una cárcel para tu libertad.

—Pero no te preocupes, a partir de hoy ya no te voy a controlar. Si crees que Carmen es mejor, entonces búscala para que sea tu mamá; no tengo ningún inconveniente.

Viviana dijo esto con solemnidad, como si fuera su despedida final.

Le quedaba poco tiempo de vida; con un esposo que la engañaba y un hijo que se la pasaba reclamándole, sentía que su vida había sido un fracaso total.

El rostro de Mario se ensombreció y frunció el ceño de inmediato.

—Mamá, ¿lo dices por puro coraje, verdad?

Viviana desvió la mirada con frialdad:

—No, lo digo en serio. Si quieres ir ahorita mismo a decirle "mamá" a la señorita Carmen, no me voy a oponer. Haz de cuenta que yo nunca te parí.

Dicho esto, bajó la vista y se marchó a paso veloz.

Tras su partida, Mario se quedó estático, sintiendo cómo un pánico inexplicable le oprimía el pecho.

Tuvo ganas de llorar; sentía que si su mamá lo abandonaba, el mundo entero lo dejaba solo.

De pronto, su reloj inteligente comenzó a sonar.

Al ver que era Carmen quien llamaba, el rostro de Mario cambió de la angustia a la alegría en un segundo, olvidando por completo el miedo de hace un momento.

—¡Carmen! —contestó emocionado.

Viviana, antes de subir al carro, escuchó el grito entusiasta de Mario.

Se detuvo un instante, pero luego entró al vehículo sin mirar atrás.

***

Al llegar al bar, atravesó el pasillo oscuro y se detuvo frente a la puerta de un reservado que estaba entreabierta.

Adentro, Fabio estaba tomando con varios amigos en medio de un ambiente festivo; alguien estaba echando leña al fuego:

—Fabio, últimamente tienes mucha suerte con las mujeres; el amor de tu vida ya volvió a tu lado.

—¡Es cierto! Nos enteramos de que Carmen apareció de nuevo, ¿o no?

—Esposa ejemplar en la casa y una belleza afuera... Si fuera yo, ¡no sabría ni a cuál elegir!

Fabio estaba de espaldas a la puerta.

Viviana no podía ver su expresión, pero él no negó ni detuvo las burlas de sus amigos.

Ella se dio la vuelta, con el rostro lívido.

Llevaba casada con Fabio tantos años y, por más que se esforzaba, siempre sentía que había una barrera entre ellos.

Fabio la trataba bien, era detallista y caballeroso, muy distinto a la frialdad que mostraba cuando se conocieron.

Pero cada vez que ella sacaba el acta de matrimonio para celebrar su aniversario, Fabio siempre esquivaba el tema.

Viviana pensaba que él simplemente no era romántico.

Ahora entendía que era pura culpa.

¿En qué pensaba Fabio cuando ella mencionaba su aniversario?

¿Acaso recordaba la fecha real en la que se casó con Carmen?

Viviana apretó la caja de la joya hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

—¿Escuchaste algo interesante?

Viviana se giró y vio a Javier con las manos en los bolsillos, mirándola con una expresión de burla.

Ella apretó los labios y le extendió la caja.

—El collar de tu novia se quedó en la casa la otra vez. Te lo vine a entregar.

—Gracias —Javier sonrió con malicia mientras tomaba la caja—. Carmen ya volvió, y tú mejor que nadie sabes que ella es el gran amor de Fabio.

Viviana no se sorprendió al ver que él ya ni siquiera fingía.

—Antes —continuó Javier—, yo pensaba que ellos no tenían futuro y por eso te daba tu lugar; te trataba con respeto porque le habías dado un hijo a Fabio, pero hay que tener un poquito de amor propio.

Viviana observó la mirada fría y burlona de Javier. En un instante, sintió que todo había cambiado.

Desde que supo de la existencia de Carmen, su esposo, su hijo y todos a su alrededor habían empezado a abandonarla, como si ella fuera un simple repuesto desechable.

De repente, Viviana soltó una carcajada.

Javier se quedó mudo y la observó con extrañeza.

—¿De qué te ríes?

La risa de Viviana se volvió más mordaz:

—Todos ustedes piensan que me colgué de Fabio y que hice de todo para casarme y tener un hijo con él, ¿verdad? Creen que ahora que Carmen volvió, me voy a aferrar a él y no voy a querer soltarlo.

—¿A poco no? —le reviró Javier.

Viviana lo miró con una seriedad nunca vista.

Luego, como si reuniera todas sus fuerzas, dijo palabra por palabra:

—Voy a desaparecer por completo. Muy pronto, dejaré de existir en su mundo.

Tras decir esto, se dio la vuelta y se marchó, dejando a Javier estupefacto. Antes era una mujer abnegada y entregada, pero ese amor de siete años se basaba en la lealtad.

Ahora que sabía que Fabio solo le había dado traición y mentiras, no dudaba en retirar su afecto.

Su vida se apagaba y no pensaba desperdiciar el tiempo que le quedaba en una farsa.

Solo quería borrar el rastro de la "señora Tobar" y volver a ser la heredera sana y exitosa de un imperio joyero.

Estos siete años serían solo una pesadilla.

Al salir del bar, Viviana respiró hondo y miró hacia el alumbrado público.

Las luces del carro pasaban de estar nítidas a borrosas, convirtiéndose en halos de luz difusos.

Frunció el ceño, levantó la mano y movió los dedos frente a sus ojos. Efectivamente, incluso de cerca, su mano se veía clara por momentos y borrosa por otros.

Recordó lo que dijo el médico.

La presión intracraneal, los vómitos y las hemorragias nasales eran solo el principio.

Lo siguiente sería perder la vista y, si el tumor presionaba los nervios motores, la parálisis.

¿Ya estaba empeorando?

¿En qué momento de estos dos meses quedaría paralítica?

Pensando en su hermano, que aún no sabía nada, Viviana sintió una urgencia desesperada por irse.

Soltó un suspiro e intentó caminar hacia la orilla para pedir un taxi.

La luz de la calle caía sobre ella, pero Viviana no sentía claridad; todo se volvía cada vez más oscuro y confuso, hasta que no pudo más y se desplomó contra el suelo...

***

Cuando despertó, lo primero que percibió fue el olor a desinfectante, luego vio el techo blanco y la bolsa de suero colgando.

Siguiendo la manguera, vio que Fabio le sujetaba la mano mientras dormitaba junto a la cama. Hacía mucho que no lo veía así de cerca y en silencio.

En estos siete años, Fabio se había vuelto más atractivo y maduro; el tiempo no le había pasado factura.

Ella, en cambio, se veía demacrada, pálida y sin fuerzas, como un árbol que se pudre por falta de nutrientes.

Viviana sintió un vuelco en el corazón y movió ligeramente los dedos.

Fabio despertó de inmediato. Al cruzarse con la mirada inexpresiva de Viviana, sintió un vuelco en el pecho.

—Ya despertaste.

Acercó unas cosas que estaban en la mesa: era comida y una caja de postre.

—Come algo, debes tener hambre.

La mirada de Viviana se posó en el postre.

Apenas estaba amaneciendo; para conseguir eso a esta hora, seguramente Fabio había hecho fila toda la noche.

Antes, ella se habría conmovido hasta las lágrimas.

Ahora, no sentía nada. Si hasta su matrimonio era falso, ¿cómo iba a creer que Fabio sentía algo por ella?

Viviana desvió la cara:

—Llévatelo, no quiero.

Su voz era gélida. Fabio sintió una punzada en el pecho.

Recordó que ella se había desmayado en la puerta del bar; sus ojos vacilaron y, tras dudar un segundo, le apretó la mano con fuerza.

—Javier me dijo que fuiste a entregarle algo. ¿Por qué no entraste al reservado a buscarme? ¿O es que... entraste y escuchaste algo antes de desmayarte?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 100

    Sí, lo había cumplido.Una sombra de burla cruzó los ojos de Viviana. Asintió en silencio.—Bien. Te creo.Apenas terminó de hablar, una voz suave sonó cerca de ellos.—Mario, ¿te gusta esta parte?Viviana y Fabio voltearon al mismo tiempo.Vieron al niño que esa mañana no quiso acompañarlos al acuario y se escapó a escondidas. Ahora venía de la mano de Carmen.Los dos caminaban entre risas, como si la estuvieran pasando de maravilla.La mano con la que Fabio sostenía la de Viviana se tensó. No esperaba encontrarse con esa escena.Frunció el ceño con evidente disgusto y caminó directo hacia ellos.Viviana quiso soltar su mano, pero Fabio no la dejó.Llegaron frente a Carmen y el niño.Al recibir la mirada fría de Fabio, Carmen se detuvo y protegió de inmediato al niño detrás de ella.Explicó por iniciativa propia:—Lo estás malinterpretando. No es como ustedes piensan. En realidad, yo…—No te pedí que hablaras.Fabio la interrumpió directamente, sin apartar los ojos de Mario.—No quisi

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 99

    Fabio sintió una leve decepción, pero aun así la llevó al carro.Esta vez quería que los tres salieran juntos, como una familia. Sin el niño, sentía que algo quedaba incompleto.Tomó el volante y llevó a Viviana al acuario.El lugar estaba lleno de gente. Durante todo el recorrido, Fabio la protegió con cuidado, bloqueando a los demás para que nadie la tocara.Aunque había mucha gente, Viviana no chocó con nadie ni una sola vez. En cambio, el brazo con el que Fabio la cubría recibía golpes a cada rato.Fabio no mostró impaciencia ni se quejó. Cada vez que pasaban por una zona, le preguntaba si esos animales marinos le daban curiosidad, si le parecían interesantes.Viviana incluso sintió que Fabio intentaba complacerla con extrema cautela, tratándola como a una niña.No estaba acostumbrada a esa ternura tan excesiva. Siempre sentía que nada de eso nacía de él, que solo intentaba calmarla para que no escapara.Viviana miró de pasada un letrero.—Vamos a ver los delfines.—Claro, te llevo

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 98

    Fabio se quedó inmóvil un segundo. En su voz apareció un agravio difícil de explicar.—¿No puedo quedarme contigo?Viviana lo miró en silencio, sin decir nada.Fabio entendió de inmediato lo que quería decir. Soltó su mano con tristeza.—Descansa bien. No voy a molestarte.Apretó los labios y se marchó en silencio.Cuando él se fue, Viviana soltó lentamente el aire. Cerró los ojos y empezó a pensar en su siguiente plan.Esperaba que, llegado el momento, pudiera escapar sin problemas.También esperaba que Fabio descubriera en esos días lo que ella le había dejado en el estudio.Aunque no lo descubriera ahora, no importaba.Cuando ella desapareciera por completo, tarde o temprano Fabio sabría por qué se había ido.A la mañana siguiente, Viviana despertó y, antes de abrir los ojos, sintió que había alguien a su lado.Se sobresaltó. Al girar la cabeza, vio a Fabio sentado allí, leyendo en silencio un libro en inglés.A su lado había un desayuno caliente, varias pastillas sobre la mesa y un

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 97

    Viviana sintió una oleada de hastío.Jamás permitiría que eso ocurriera.Tenía que irse en silencio y desaparecer para siempre del mundo de Fabio y del niño.Fabio no tendría derecho ni a verla por última vez.Ni a decirle una sola palabra.¿No quería poner las cartas sobre la mesa para que ella cediera su lugar y así recibir a Carmen con toda libertad?No.Jamás le daría esa oportunidad.El odio estalló en los ojos de Viviana.Después de explicarle a Eduardo el favor que necesitaba, colgó.Al mismo tiempo, Fabio empujó la puerta y entró.Viviana ni siquiera alcanzó a girarse cuando él ya la había abrazado por completo.Ella frunció el ceño.—Suéltame.Fabio apoyó la barbilla en su hombro, le besó suavemente el lóbulo de la oreja y dijo en voz baja:—Escuché tu voz y supe que no estabas dormida. ¿Con quién hablabas tan tarde?Viviana apretó el celular y reunió todas sus fuerzas para apartarlo.—Con mi hermano…Antes de que pudiera terminar, Fabio volvió a abrazarla y la consoló en voz

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 96

    La puerta de su habitación, al menos, no estaba cerrada con llave.Pero en la villa había mayordomo, empleadas, chofer afuera y dos guardaespaldas en la entrada.Si quería irse, sería casi imposible.Viviana tampoco tenía intención de forcejear. Solo pensaba en cómo librarse de esa situación lo antes posible.Bajó las escaleras y fue a la sala para buscar un poco de agua.Desde que Fabio la había traído a la fuerza, todas sus medicinas se habían quedado en el hospital.Sin ellas para estabilizar su estado, su cuerpo solo empeoraría cada vez más.Tenía que encontrar la forma de recuperar sus medicamentos.Viviana seguía pensando en eso mientras abría la botella de agua, cuando escuchó una voz tenue desde arriba.Levantó la cabeza.La puerta del estudio en el segundo piso estaba entreabierta. Adentro la luz era tenue; claramente solo estaba encendida una lámpara de escritorio.Si uno no miraba con atención, ni siquiera notaría que había alguien dentro.Viviana se detuvo.Entonces escuchó

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 95

    Fabio no se atrevió a decir nada más que pudiera molestar a Viviana.—Está bien. Entonces descansa primero en la habitación. Yo salgo y no te molesto.Volvió a mirarla. Al ver que ella seguía sin reaccionar, solo pudo marcharse, lleno de decepción.Cuando Fabio salió, una empleada se acercó con cautela y lo miró.—Señor, la señora se ve muy débil. ¿De verdad no llamaremos a los especialistas para revisarla? Pregunté por esa habitación del hospital. Si no se trata de un paciente grave o alguien que necesita reposo absoluto, normalmente no dejan entrar a nadie ahí.Al oírlo, Fabio se frotó el entrecejo con irritación.Dijo con frialdad:—Yo investigaré esas cosas. Si ahora no quiere ver doctores, no llamen a los especialistas. Esperemos un par de días.De todos modos, ella estaba allí.No podía escapar.Una sombra feroz apareció en los ojos de Fabio. Apretó los labios.La mayor parte del tiempo, él era un hombre sereno, reservado y de pocas palabras. Solo cuando se trataba de Viviana dej

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status