Share

Capítulo 10

Penulis: Primavera Lía
La respiración de Viviana se volvió pesada y sus manos no dejaban de temblar.

Por si fuera poco, Fabio escondió el celular instintivamente, como si temiera que ella viera la pantalla.

—Viviana...

—Contesta —dijo ella, sin querer siquiera mirarlo.

Fabio frunció el ceño y se dio la vuelta para atender.

Al otro lado de la línea se escuchó la voz de la diseñadora:

—Señor Tobar, ya definimos los estilos preliminares. Se los envié a su correo. Revíselos y dígame si hay algo que no le convenza.

—Hablamos luego —respondió Fabio en voz baja—. No me llame así nada más; quiero que sea una sorpresa para mi esposa.

Colgó y se giró, pero Viviana ya se había esfumado.

Regina volvió a sujetar a Fabio para que no se fuera:

—¿Verdad que Carmen se quedó internada anoche? Acompáñame a comprarle unas vitaminas y vamos a verla. ¡Si no fuera por tu abuela, ella no tendría esa enfermedad del corazón!

Fabio buscó a Viviana con la mirada por todo el lugar, pero al no verla, no tuvo más remedio que marcharse con su tía.

Desde una tienda de regalos cercana, Viviana observó a los dos hasta que se perdieron de vista.

Con una calma gélida, tomó el obsequio que había comprado y se dirigió al hospital para dárselo a su médico.

Al salir, pasó por el área de hospitalización y, por una cruel jugarreta del destino, vio a Regina saliendo de una habitación.

Era evidente que era el cuarto de Carmen.

Viviana apretó los puños, pero al pasar no pudo evitar echar un vistazo hacia adentro.

Lo que vio la dejó paralizada.

Carmen estaba recargada en el hombro de Fabio, con el rostro lánguido, cubriéndose el pecho como si estuviera sumida en una gran tristeza.

Fabio estaba de espaldas a la puerta y no se le veía la cara, pero su postura inmóvil desbordaba una devoción absoluta.

En ese instante, el corazón de Viviana terminó de hacerse pedazos.

Se alejó a paso veloz; no quería ver más. Justo al entrar al elevador, se topó de frente con Regina.

La mujer se cruzó de brazos con una sonrisa burlona:

—Ellos son el uno para el otro, el alma gemela del otro. ¿Ya te quedó claro?

Viviana presionó el botón del elevador con indiferencia, sin responder.

Que fueran o no almas gemelas ya no le importaba.

Total, en diez días se largaría para siempre.

Al salir del hospital, Viviana le pidió al chofer que cambiara de ruta y la llevara a la empresa.

Cuando Fabio no estaba, la secretaria Ana se encargaba de los asuntos menores.

Pero como ella no estaba, el único con poder para autorizar movimientos de personal era el accionista Julio, del consejo directivo.

Viviana fue directo a su oficina para presentar su renuncia.

La reacción de Julio fue, como era de esperarse, de total asombro.

—¿Te peleaste con Fabio? —preguntó con una sonrisa—. ¿A qué viene esto de renunciar? Si tu puesto es solo nominal, ni siquiera vienes a trabajar. ¿Qué más da si renuncias o no?

Todos decían lo mismo.

—No quiero tener más vínculos con la empresa —respondió Viviana sin inmutarse—. Hay muchos chismes allá afuera y no quiero malentendidos. Es mejor dejar este puesto y dedicarme de lleno a mi hogar y a mi hijo, sin involucrarme en nada más.

Mintió con total naturalidad, buscando cortar cualquier lazo que la uniera a Fabio. Julio no sospechó nada y selló la renuncia con el sello del consejo directivo.

—Listo. Lleva esto a Recursos Humanos. Pero ¿qué te corre? ¿Ya le avisaste a Fabio?

—Sí —mintió ella—. Cuando venga y vea la solicitud lo sabrá. Ha estado muy ocupado y no quiero darle más molestias con esto. Gracias, señor Julio.

Entregó el papel en Recursos Humanos y sintió un inmenso alivio.

Al salir de la empresa, ya había oscurecido. Las luces de la ciudad iluminaban los rostros de la gente que caminaba de prisa, todos con un lugar al cual pertenecer.

Viviana, en cambio, se sentía como una hoja a la deriva.

Su empresa familiar y sus parientes estaban todos en el extranjero.

Si no hubiera sido por Fabio, jamás habría regresado para abandonar su carrera y convertirse en ama de casa.

¿Y para qué?

Después de entregarlo todo, solo le quedaba el desprecio y el abandono. Todos a su alrededor la veían como un chiste, sabiendo perfectamente que su matrimonio no era real.

Se habían burlado de ella durante siete años.

Caminaba sin rumbo fijo cuando recibió una llamada.

Al ver el nombre de Javier, apretó el celular con fuerza, recordando lo que él le había dicho a Fabio en la oficina.

El desprecio con el que hablaba de ella era una espina clavada en su alma. Colgó sin dudarlo.

El celular volvió a sonar con insistencia, como si él no fuera a rendirse. Viviana soltó un suspiro, tragándose la irritación, y contestó.

Al otro lado se escuchó la voz despreocupada de Javier.

—¡Viviana! ¿Qué haces? Vente al bar, estamos tomando y parece que Fabio se pasó de copas. No hay quien lo lleve a la casa.

Antes, Viviana consideraba a Javier su mejor amigo en la ciudad.

Al ser el mejor amigo de Fabio, siempre la había tratado con calidez, haciéndola sentir parte de una familia.

Ahora, el simple hecho de haberlo considerado un amigo sincero le causaba náuseas.

—Pues búsquenle un chofer —respondió ella con una frialdad cortante—. No tengo tiempo de ir por él.

Javier se quedó mudo del asombro; no esperaba esa respuesta. Luego rió:

—Ay, Viviana, no seas así. No podemos conseguir chofer por aquí. Mejor vente ya, o Fabio no va a poder llegar a la casa, y tú y Mario se van a preocupar, ¿no?

Sin dejar que Viviana hablara, colgó, dándole a entender que la estaba obligando a ir.

Viviana no pensaba ir, hasta que recordó que hace unos días Javier y su novia habían ido a su casa a pelear y pedirles su opinión sobre quién tenía la razón.

En la discusión, la novia de Javier perdió su collar y Viviana lo había encontrado después.

En su maleta solo llevaba ropa; si dejaba el collar en la casa, Fabio jamás se acordaría de devolvérselo.

Decidió pasar primero por la casa para recoger la joya y llevársela a Javier para que él se la entregara a su novia.

Al llegar, Mario dejó su videojuego y corrió hacia ella.

—¡Mamá!

Viviana hizo como si no lo oyera y pasó junto a él como una ráfaga de viento. El niño se quedó tieso y luego corrió tras ella hasta la puerta.

Al ver que ella no se volteaba, gritó con rabia:

—¡Mamá, cada vez me caes más mal! ¡Yo quiero a Carmen!

Viviana se detuvo un segundo, pero siguió caminando.

—¡Si Carmen fuera mi mamá, ni te hablaría! ¡Eres bien mala!

Viviana se detuvo en seco, respiró profundo y finalmente se giró.

Miró a Mario con una expresión gélida.

Los ojos del niño brillaron; pensó que su rabieta había funcionado.

Antes, cuando él decía que no la quería, Viviana siempre se angustiaba, corría a consolarlo y le explicaba las cosas con paciencia.

Estaba seguro de que esta vez sería igual.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 100

    Sí, lo había cumplido.Una sombra de burla cruzó los ojos de Viviana. Asintió en silencio.—Bien. Te creo.Apenas terminó de hablar, una voz suave sonó cerca de ellos.—Mario, ¿te gusta esta parte?Viviana y Fabio voltearon al mismo tiempo.Vieron al niño que esa mañana no quiso acompañarlos al acuario y se escapó a escondidas. Ahora venía de la mano de Carmen.Los dos caminaban entre risas, como si la estuvieran pasando de maravilla.La mano con la que Fabio sostenía la de Viviana se tensó. No esperaba encontrarse con esa escena.Frunció el ceño con evidente disgusto y caminó directo hacia ellos.Viviana quiso soltar su mano, pero Fabio no la dejó.Llegaron frente a Carmen y el niño.Al recibir la mirada fría de Fabio, Carmen se detuvo y protegió de inmediato al niño detrás de ella.Explicó por iniciativa propia:—Lo estás malinterpretando. No es como ustedes piensan. En realidad, yo…—No te pedí que hablaras.Fabio la interrumpió directamente, sin apartar los ojos de Mario.—No quisi

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 99

    Fabio sintió una leve decepción, pero aun así la llevó al carro.Esta vez quería que los tres salieran juntos, como una familia. Sin el niño, sentía que algo quedaba incompleto.Tomó el volante y llevó a Viviana al acuario.El lugar estaba lleno de gente. Durante todo el recorrido, Fabio la protegió con cuidado, bloqueando a los demás para que nadie la tocara.Aunque había mucha gente, Viviana no chocó con nadie ni una sola vez. En cambio, el brazo con el que Fabio la cubría recibía golpes a cada rato.Fabio no mostró impaciencia ni se quejó. Cada vez que pasaban por una zona, le preguntaba si esos animales marinos le daban curiosidad, si le parecían interesantes.Viviana incluso sintió que Fabio intentaba complacerla con extrema cautela, tratándola como a una niña.No estaba acostumbrada a esa ternura tan excesiva. Siempre sentía que nada de eso nacía de él, que solo intentaba calmarla para que no escapara.Viviana miró de pasada un letrero.—Vamos a ver los delfines.—Claro, te llevo

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 98

    Fabio se quedó inmóvil un segundo. En su voz apareció un agravio difícil de explicar.—¿No puedo quedarme contigo?Viviana lo miró en silencio, sin decir nada.Fabio entendió de inmediato lo que quería decir. Soltó su mano con tristeza.—Descansa bien. No voy a molestarte.Apretó los labios y se marchó en silencio.Cuando él se fue, Viviana soltó lentamente el aire. Cerró los ojos y empezó a pensar en su siguiente plan.Esperaba que, llegado el momento, pudiera escapar sin problemas.También esperaba que Fabio descubriera en esos días lo que ella le había dejado en el estudio.Aunque no lo descubriera ahora, no importaba.Cuando ella desapareciera por completo, tarde o temprano Fabio sabría por qué se había ido.A la mañana siguiente, Viviana despertó y, antes de abrir los ojos, sintió que había alguien a su lado.Se sobresaltó. Al girar la cabeza, vio a Fabio sentado allí, leyendo en silencio un libro en inglés.A su lado había un desayuno caliente, varias pastillas sobre la mesa y un

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 97

    Viviana sintió una oleada de hastío.Jamás permitiría que eso ocurriera.Tenía que irse en silencio y desaparecer para siempre del mundo de Fabio y del niño.Fabio no tendría derecho ni a verla por última vez.Ni a decirle una sola palabra.¿No quería poner las cartas sobre la mesa para que ella cediera su lugar y así recibir a Carmen con toda libertad?No.Jamás le daría esa oportunidad.El odio estalló en los ojos de Viviana.Después de explicarle a Eduardo el favor que necesitaba, colgó.Al mismo tiempo, Fabio empujó la puerta y entró.Viviana ni siquiera alcanzó a girarse cuando él ya la había abrazado por completo.Ella frunció el ceño.—Suéltame.Fabio apoyó la barbilla en su hombro, le besó suavemente el lóbulo de la oreja y dijo en voz baja:—Escuché tu voz y supe que no estabas dormida. ¿Con quién hablabas tan tarde?Viviana apretó el celular y reunió todas sus fuerzas para apartarlo.—Con mi hermano…Antes de que pudiera terminar, Fabio volvió a abrazarla y la consoló en voz

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 96

    La puerta de su habitación, al menos, no estaba cerrada con llave.Pero en la villa había mayordomo, empleadas, chofer afuera y dos guardaespaldas en la entrada.Si quería irse, sería casi imposible.Viviana tampoco tenía intención de forcejear. Solo pensaba en cómo librarse de esa situación lo antes posible.Bajó las escaleras y fue a la sala para buscar un poco de agua.Desde que Fabio la había traído a la fuerza, todas sus medicinas se habían quedado en el hospital.Sin ellas para estabilizar su estado, su cuerpo solo empeoraría cada vez más.Tenía que encontrar la forma de recuperar sus medicamentos.Viviana seguía pensando en eso mientras abría la botella de agua, cuando escuchó una voz tenue desde arriba.Levantó la cabeza.La puerta del estudio en el segundo piso estaba entreabierta. Adentro la luz era tenue; claramente solo estaba encendida una lámpara de escritorio.Si uno no miraba con atención, ni siquiera notaría que había alguien dentro.Viviana se detuvo.Entonces escuchó

  • Siete años de mentiras: ¡Los abandono!   Capítulo 95

    Fabio no se atrevió a decir nada más que pudiera molestar a Viviana.—Está bien. Entonces descansa primero en la habitación. Yo salgo y no te molesto.Volvió a mirarla. Al ver que ella seguía sin reaccionar, solo pudo marcharse, lleno de decepción.Cuando Fabio salió, una empleada se acercó con cautela y lo miró.—Señor, la señora se ve muy débil. ¿De verdad no llamaremos a los especialistas para revisarla? Pregunté por esa habitación del hospital. Si no se trata de un paciente grave o alguien que necesita reposo absoluto, normalmente no dejan entrar a nadie ahí.Al oírlo, Fabio se frotó el entrecejo con irritación.Dijo con frialdad:—Yo investigaré esas cosas. Si ahora no quiere ver doctores, no llamen a los especialistas. Esperemos un par de días.De todos modos, ella estaba allí.No podía escapar.Una sombra feroz apareció en los ojos de Fabio. Apretó los labios.La mayor parte del tiempo, él era un hombre sereno, reservado y de pocas palabras. Solo cuando se trataba de Viviana dej

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status