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Capitulo 5

Autor: Sra. F.J
last update Fecha de publicación: 2026-04-24 16:41:12

La mirada del mafioso


—Oye, podrías dejar de correr, me duele las putas piernas con estos tacones.

—Pues te jodes, bien que puedes desaparecerte por años y aparecer de la nada como… como… ¡Una mujer! ¡¿Qué diablos, Agapito?! Tan mala amiga fui… ¡Dios, nada me sale bien! ¡Ahh! — pegué un grito cayendo al suelo como m****a de paloma. Corrió hasta mí y a punto de tocarme, aparte su mano, las risas de los transeúntes que iban pasando mirando aquel bochornoso espectáculo.

—Vale, sí… tienes razón, fui una estúpida. Me puse chocho, y dos grandes tetas, debí decirte ese pequeño detalle antes de quedar para vernos, pero sigo siendo yo… —me levanté, con dificultad, limpiando mis pantalones llenos de polvo, y entonces solté dolida.

—¿Amiga...? ¿Cuál amiga? Yo tenía un amigo, pero ahora ya no sé ni quién diablos eres, y ya ni siquiera es porque hayas cambiado de sexo, sino porque me mentiste desde que éramos amigos, y en vez de confiar en mí, te fuiste y desapareciste por años. Luego vuelves pensando que somos algo… ¡Vete a la m****a! —aparte la mirada con rabia y seguí mi camino como si no la conociera de nada.


₰


Cuando llegue al hospital seque mis lágrimas por decimosexta vez, había llorado todo el camino, y aún sentía que no me había desahogado, respire hondo y mire el portal del hospital. Quería salir corriendo y simplemente no volver jamás, ver a Fernando y su indiferencia no era lo que más necesitaba ahora, que se supone que debía decirle, ¿cómo tenía que mirarlo a la cara? Como lo tenía que tratar… todas esas preguntas rondaban mi mente y simplemente entre con el corazón acelerado y las manos sudorosas.

—Buenas tardes, vengo a visitar al paciente Fernando Romero. —La mujer alzo la mirada y tecleando algo en la computadora indico.

—Las visitas están reducidas a este paciente, puede decirme el parentesco que tiene con los romeros.

—Soy… una allegada a la familia, m-me llamo Genoveva, me pudieron venir.

—Entiendo, avisaré a la señora Romero si quiere que pase. —Abrumado aparte la mirada, cuando termino la llamada indico con una sonrisa.

—Puede seguir, señorita Genoveva, habitación 104 —asentí nerviosa y caminando hasta el lugar, pensé en la relación inexistente que tenía con Fernando y tuve miedo de su reacción. Toque la puerta y cuando escuche un leve pase empuje para entrar. Griselda estaba a un lado de la camilla pelando una manzana mientras la señora Lester arreglaba su almohada de Fernando. Él parecía sumergido leyendo una carpeta. Lester me miro por fin y soltó con frialdad.

—Llegas tarde.

—Perdón, no quería molestar…

—Da igual, de todas maneras, no creo que necesitemos tu ayuda, Fernando está mucho más tranquilo hoy, ¿verdad, Fernando? —indico Griselda ofreciéndole un pedazo de manzana en un mondadientes. Negó y la chica soltó un fuerte suspiro.

—Entonces creo que me retiro. —Fernando cerro la carpeta con fuerza, entregándosela al segurata que esperaba paciente al otro lado de la camilla, me miro y con esa dura expresión soltó.

—Quien ha dicho que puedes irte.

—Bueno, es que yo, pensé… —me miro en silencio y dijo. —Porque cada vez que te veo, tienes una cara de pena. ¿Has llorado de nuevo? —negué en silencio apartando mis ojos, el silencio lleno la estancia con aquella pregunta y de repente Lester soltó.

—Creo que Fernando tiene razón te ves fatal hija, vete, descansa y gracias por venir, es mejor que Fernando no se agobie con tantas caras sin extrañas —mire Fernando con timidez y su dura mirada lo dijo todo, no me estaba pidiendo nada me lo estaba ordenando, había visto muchas veces esa expresión y era completamente seria y de cuidado.

—Creo que me voy a quedar.

—¿Qué acabas de decir? ¡Que no oyes a la señora Lester! —increpo enojada Griselda levantándose de la silla para encararme con una expresión de rabia.

—Creo que eres muy sorda o tonta para entender que se quedará y vosotras dos tendrá que irse.

—¡Pero Fernando! Como me dices estas cosas, Griselda ha venido expresamente a ayudarte y yo también.

—Ya me has dicho lo más importante que tenía que saber, y ahora me he cansado de esa mujer que traes atada a ti como un perro.

—Es Griselda, Fernando, una mujer muy importante para ti… por favor no la rechaces de esa manera.

—Tú, la pelinegra. ¿De qué conozco a esta operada? —abrí mis ojos sorprendida y las miradas de Lester y Griselda me laceraron.

—B-bueno ella y tú… a lo mejor estuvisteis muy juntos, creo… —dije agazapando la mirada con disgusto.

—¿Eso que quiere decir? No puedes hablar con más claridad y mirar a las personas a la cara cuando lo haces.

—¡No lo sé! Yo… y usted no éramos tan unidos para saberlo.

—Entonces que éramos, porque todos me dicen cosas y tú eres la única que calla. ¿Ahora me da más curiosidad…? —

—Fernando no deberías...

—Cállate y vete… ya te he escuchado mucho tiempo y empiezo a cansarme.

—Pero… —le lanzo una fría mirada que heló el ambiente, Lester arreglo su bolso y reacomodando sus lentes de sol indico.

—Es importante que te recuperes, el negocio familiar te necesita como antes. —las dos mujeres salieron de la habitación dejándome ahí, nerviosa miré a Fernando sin saber muy bien que decir.

—Bien, ahora que por fin se fueron responderás a todas mis preguntas. —el corazón me dio un tumbo al ver una sonrisa formarse en su rostro, incluso dudé si era para mí, pero solo éramos él y yo en esa habitación.

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Último capítulo

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