LOGINLos días han pasado y debo volver al trabajo. Aún no resuelvo nada del dinero, solo tengo una pequeña parte. Falta mucho más. No pierdo la esperanza de alcanzar a reunir todo el dinero. Tal vez podré pedir un préstamo o un crédito en el hospital aunque me endeude de por vida. Julie me prestó algo, pero no completa todavía. Me dijo que no podía prestarme toda la cantidad porque no podía sacar tanto dinero del banco en menos de una semana, pero me afirmó que le pediría ayuda a un amigo, y creo a qué “amigo” se refiere.
Vengo del banco. Metí una solicitud de un préstamo hace unos días, y hoy regresé para saber si lo aceptaron, pero no fue así. Por ese motivo voy desanimada al trabajo. Me toca caminar e irme en metro hasta el club. Desde que empecé a salir de casa me siento observada. Miro para todos lados, pero no encuentro nada inusual, solo son los pasajeros que viajan en el transporte.
Tengo días sintiéndome así. Creo que me estoy convirtiendo en una paranoica, todo por culpa de ese hombre engreído. Recordarlo me trae malos recuerdos. No quiero pensar en él y su tonta propuesta. No niego que sería de mucha ayuda si acepto ese trato descabellado, pero eso significaría hacer un pacto con el Diablo.
Cuando entro al club, aún siento la misma sensación, pero me relajo cuando veo a mi amiga, que está recargada en la barra charlando con los chicos de las bebidas.
—¡Lillie! —me llaman en cuanto me ven.
—Me da gusto que hayas regresado —comenta Roy, el barman, muy alegre—. Espero que sea para quedarte.
—Por el momento así será —contesto. Cuando termine mi carrera de Medicina, tengo pensado cambiar enseguida de empleo—. Me alegra volverlos a ver.
Mika y yo nos quedamos unos minutos más charlando con ellos. Me platican de todo lo que ha pasado en mi ausencia por dos semanas. Cuando terminamos nuestro chismorreo, nos vamos a arreglar para nuestra actuación de baile. Tres horas más tarde, estoy por entrar al escenario. Mi amiga se encuentra en el escenario. Espero a que ella termine. Todavía estoy sentada frente al espejo; me reviso el peinado y el maquillaje. En eso se escucha que alguien abre la puerta y entra al camerino. Ignoro esa presencia. Creo que puede ser una compañera.
—¿Esmeralda? —una voz masculina me llama por mi nombre artístico. Me giro para comprobar de quién se trata—. Es usted, ¿verdad?
Es el tipo que había visto en el despacho de Julie. Ella se encuentra a su lado junto a la puerta. Da unos paso para acortar un poco la distancia.
—¿Quién es usted? —Me levanto.
—Mi nombre es Edgardo Ricci. —Extiende su brazo para presentarse—. Es un placer conocerla y presentarme por fin.
Extrañada, lo miro por unos segundos sin poder comprender su presencia y su interés por querer conocerme. Aun así, después de un momento de asombro, reacciono para responder su saludo con cortesía, porque noté que es un hombre muy educado y caballeroso.
—Mi nombre es Lillie Watson. —Le estrecho la mano—. ¿Qué se le ofrece?
“¿Qué quiere de mí?”, más bien quise preguntar.
—Para no quitarle más tiempo seré directo —responde.
—Los dejo solos para que puedan hablar —dice Julie—. No se preocupen, nadie los interrumpirá.
Sigo turulata por no comprender lo que sucede. No sé quién es este señor en realidad y por qué quiere hablar conmigo.
Después de que Julie sale de la habitación, él me invita a que tome asiento. Al parecer, esto no será rápido. Estamos sentados frente a frente, yo en el asiento del espejo y él en otro asiento que acercó para esta más cerca.
—Vengo de parte de Dante Mancini —dice un nombre que ni conozco. Mi rostro muestra un gesto de confusión—, el Diablo —aclara.
Me congelo en mi sitio. No puedo pestañear, ya que mis ojos se abren asombrados, y creo que mi boca también.
—Ahora tiene que enviar a sus matones a negociar —ironizo molesta, y no me importa si lo ofendo o no—. No quiero saber nada de ese hombre. —Me pongo en pie con rapidez para buscar un abrigo y ponérmelo para salir de aquí.
—Espera, por favor. —Se pone en la puerta para cubrirme el paso—. Solo dame un momento. Si no te parece, me iré sin decirte nada más. Solo pido que me escuches.
Se nota algo preocupado. Además, lo pidió con educación.
Saco todo el aire de mis pulmones y sin negarme más me giro para volver a donde me encontraba sentada. Él hace lo mismo.
—Me mandó para entregarte esto. —Abre su gabardina larga y negra para sacar algo—. Me dijo que te dijera que lo tomaras sin protestar. —Saca un sobre amarillo largo y lo coloca en el peinador.
Mueve la cabeza para que yo lo abra, pero no sé si hacerlo o no. No creo que sea algo malo, o puede que sí. Así no lo averiguaré si no lo abro. Sin pensarlo más, lo tomo para intentar abrirlo. Con mis manos algo temblorosas, lo abro con lentitud. Al meter la mano para comprobar qué puede ser, siento algo grueso, pero no tan grande. Lo saco para estar segura y me doy cuenta de que es un fajo de billetes de cien dólares. Quedo pasmada del susto, asombro y confusión. ¿Qué significa esto? Al parecer, no solo es el fajo. Meto la mano de nuevo, ya que aún contiene algo más. Son tres fajos más.
«¡Oh, por Dios, esto es mucho dinero!».
Me recupero de la impresión.
—¡¿Qué significa esto?! —Levanto la voz furiosa.
—Espera, por favor. —Hace una pausa—. Él me envió para que te entregara este dinero…
Lo interrumpo con brusquedad.
—¡¿A cambio de qué?! —Ahora sí grito.
Él suspira profundo y niega.
—No pienses mal. Sé que el Diablo puede llegar a ser alguien irritante y odioso algunas veces… —Suelto una risita irónica—. Te puedo asegurar que en el fondo él es lo contrario. Es una persona sensata cuando se necesita serlo y en el fondo es un buen hombre. Te lo digo yo, que lo conocí desde que nació. —Carraspea—. Sí él pidió algo a cambio… —Pongo los ojos en blanco. Él solo hace una seña con la mano para que no lo interrumpa—. Solo pidió que dejes de trabajar en este lugar como bailarina. Estos billetes solo son una pequeña parte del dinero que te dará, pero eso será cuando tú dejes este empleo. Quiere que solo te dediques a tus estudios y cuides de tu madre.
Si me quedé congelada de la impresión antes, ahora estoy peor.
Nunca pensé que fuera a ofrecerme dinero solo por eso. Según él, quería otra cosa de mí, pero al parecer ya no. Lo que más me deja impactada es que piensa ayudarme ofreciéndome a cambio otra ayuda. Eso es muy extraño. Tal vez le dejé de interesar como él había dicho. Aquello me molesta un poco, pero no sé por qué. Se supone que eso es lo que quiero, que deje de buscarme y que olvide ese trato, pero algo en mí desea lo que él me pidió.
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra