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Capítulo 36|Expuesta al peligro/Parte2

Author: Anne Mon
last update publish date: 2021-08-27 02:50:30

Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.

Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas al fondo. No hay salida ni otras cosas. ¿En dónde me encuentro? Retrocedo porque no pienso averiguarlo. La esperaré donde se encontraba antes. Este lugar no me da buena pinta.

Cuando me giro para retirarme, uno de los tipos pervertidos que me miraba como desquiciado se encuentra de pie al principio del pasillo. Comienzo a temblar de nuevo. El miedo se apodera de mí. No me quedará más que abrir una de esas puerta y entrar. Es mejor opción que ir hacia donde está ese tipo enorme. Sin pensarlo más, vuelvo a girarme rumbo a las puertas y comienzo a caminar deprisa, pero antes de abrir una, ya con el pomo en la mano, siento que alguien me toma bruscamente de los brazos para alejarme y hacerme girar por completo. Es ese tipo. Me estampa contra la pared contigua y me acorrala con sus grandes brazos. Mi pánico aumenta y mis piernas tiemblan.

Estoy en peligro.

Comienzo a soltar golpes y patadas. Él toma mis muñecas y las aprieta con fuerza, haciéndome daño. Al mismo tiempo, se pega a mi cuerpo para que impida mis pataletas. Su olor a licor me llega a las fosas nasales. El estómago se me revuelve del asco que me da. Acerca su rostro al mío. Le escupo en la cara y giro el rostro para que no logre cumplir lo que quería. Él maldice.

—Me encontré una fiera. —Aprieta los dientes.

—¡Suéltame! ¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude! —grito desesperada, lo más fuerte que puedo.

Antes de que pueda gritar otra vez, con una de su manos me cubre la boca y me calla. Entretanto, me susurra cosas obscenas en el oído. Me preocupo aún más. No sé cómo librarme de este tipo. Puede violarme, me lo acaba de decir. Aún lucho como puedo. No dejaré que logre hacerme lo que quiere.

Cuando está punto de llevar su cara a mi cuello, supongo que para besarlo, en cuestión de segundos alguien aleja al desgraciado de mí, que me tenía sujeta contra la pared. Lo lanza con furia al suelo. Me encuentro en shock, arrinconada en la pared, pero logro reaccionar al ver el rostro del hombre. Me doy cuenta de que es él, el Diablo. Está sobre el tipo; le golpea el rostro con insistencia. El desgraciado sangra sin parar.

«¡Oh, por Dios, lo va a matar!».

—¡Para, Diablo! ¡Lo vas a matar! —chillo aterrada al ver al hombre en muy mal estado.

Él me ignora por completo.

Intento acercarme para tomar su brazo y alejarlo, pero él no hace nada más que seguir golpeándolo.

En eso llega el otro tipo que acompañaba hace un momento al pervertido, y no viene solo, trae a otros tres tipos. Sacan sus armas y nos apunta al Diablo y a mí.

Oh, no, ahora nos matarán.

El Diablo no deja de golpearlo.

Mis ojos solo viajan rápidamente de los tipos armados a él.

—¡Suéltalo si no quieres que mate a tu puta! —brama el tipo armado, que no deja de apuntarme.

El Diablo para de torturar al pervertido, pone su mirada en los otros, se pone de pie y me cubre con su cuerpo. Ladea la cabeza hacia mí y me mira de reojo. Sus ojos resplandecen de ira y su gesto demuestra angustia.

—¿Estás bien? ¿Te lastimó? —me pregunta en voz baja, sin dejar de estar pendiente de los tipos.

Ellos se acercan al otro, que está en el suelo golpeado, y lo ayudan para que reaccione. Parece muerto.

—E-Estoy bien.

Asiente y gira su cabeza para poner su mirada en los matones armados. Siguen apuntándonos con sus armas. Tiemblo como una gelatina.

En ese momento, siento cómo una mano estruja la mía. La miro. Luego levanto la vista para ver el perfil del Diablo; ha enlazado nuestras manos para tranquilizarme.

—Cuando te diga ahora, te tiras al suelo, y cuando te diga corre, lo haces. ¿Entendido? —habla en voz baja para que no nos escuchen los hombres que están enfrente de nosotros a unos cuantos metros.

—Entendido —susurro.

Su espalda se encuentra pegada a mi pecho, así que podemos escuchar muy bien lo que nos decimos. Él comienza a retroceder conmigo detrás.

Cuando los tipos se dan cuenta, ponen toda su atención en nosotros sin dejar de apuntarnos. El Diablo se detiene y dice en voz baja “Ahora”. Lo escucho con claridad. Me lanzo con rapidez al suelo con la cabeza debajo de los brazos. En solo unos segundos los disparos se comienzan a escuchar. Sigo detrás de él. Se cubre con una columna que está al lado de la pared.

Las puertas se abren.

No sé si sean todas o solo algunas. No quiero levantar la cabeza para comprobar.

—¡Diablo! —alguien grita su apodo. Es una voz masculina.

Siento que otro desconocido me toma del brazo para que me levante. Estoy con los ojos fuertemente cerrados, pero los abro cuando él habla.

—¡Te he dicho que corras! —Levanta la voz para que lo escuche.

Los disparos no me dejaban oír bien.

Abro los ojos y compruebo que él me observa. Está furioso. En ellos también se refleja la preocupación. Los disparos siguen.

—¿Y tú qué harás? —le cuestiono preocupada.

A pesar de todo, no quiero que le pase nada malo, y menos por mi culpa.

Él niega con la cabeza.

—Eso no debe importarte. —En vez de molestarse, se nota abatido—. Cuando te vuelva a decir que corras, lo haces. Métete en esa habitación —señala un punto detrás de nosotros, pero aún no me giro—. Ahí se encuentra mi amigo. Allí estarás bien hasta que pase todo esto.

Asiento con la cabeza y me vuelvo para ver el punto señalado; ahí se encuentra un hombre rubio de pie. La puerta está medio abierta y el chico está con la camisa desabrochada, revelando su torso. No le pongo más atención y regreso mi mirada a la espalda ancha y fornida del Diablo, que está aún pegado a mí.

En eso veo cuando sale de donde se cubría y con diestra y siniestra, con sus dos armas, una en cada mano, apunta y les dispara a los desgraciados. Está usándose de escudo.

—¡Corre! —vocifera.

No respondo rápido. Mis ojos casi se salen de lo impresionada y preocupada que estoy por lo que veo.

«Lo van a matar», repite mi cabeza varias veces.

—¡Corre!

Sacudo la cabeza y reacciono. Corro sin parar, pero me giro para verlo. Sigue de pie en medio, cubriendo con su cuerpo cualquier bala que lleguen a tirar.

Llego hasta donde se encuentra el chico rubio. Él jala mi brazo, ya que me quedé petrificada en el pasillo. Mis pies se detuvieron cuando vi cómo le dieron dos disparos en el pecho. Sentí como si la presión se me bajara y mi respiración acelerada se detuvo de golpe.

El chico me mete a la habitación y cierra la puerta detrás de él. Me imagino que ayudará a su amigo. Tiemblo. Me quedo plantada donde me dejó. No logro responder a nada, he quedado otras vez en shock. Solo siento cómo alguien agarra mis hombros y me habla por mi nombre. No sé quién es. Es una voz femenina. Parece que la conozco, pero no logro reaccionar.

No puede ser, lo han matado, y todo por mi culpa.

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Comments (2)
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Gelup Valdes
me encantó .........
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May Ley
Interesante, historia ...
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