LOGINMás tarde, cuando ya me encuentro en la mansión, estoy en mi despacho esperando a que los chicos me traigan información de toda la mercancía que se reunió al hacer aquel atraco. Mientras tanto, reviso otros asuntos de la organización. Se escucha que alguien toca la puerta. Al abrirla, veo que se trata de Alfredo, el mayordomo. Es un hombre ya mayor y sabio. Él trabajó para mis padres por años. Es un sirviente fiel, lleva años trabajando en esta familia, al igual que Edgardo y Martina.
—¿Qué pasa? —inquiero cuando levanto la mirada del portátil para verlo.
—Señor, el joven Bruno se encuentra aquí —contesta aún de pie frente la puerta.
Gruño molesto. Con solo recordarlo provoca eso en mí. Su presencia me pone de mal humor.
—Hazlo pasar —suelto después de pensarlo bien.
Él asiente y sale del despacho para regresar por donde vino.
Casi dos minutos después, abren la puerta. El estúpido de mi primo hace acto de presencia. Con su caminar arrogante y supuestamente de clase, entra con una descarada amplia sonrisa y toma asiento en el lugar que se encuentra frente a mí. Solo el escritorio nos separa. Se recarga en el respaldo del asiento y cruza sus piernas.
También me recargo en mi asiento, apoyo mis brazos en el reposabrazos y junto mis manos para observarlo. Quiero descifrar su rostro, pero como él siempre demuestra descaro y petulancia es difícil hacerlo.
—Primito —dice con desfachatez—, me alegra verte.
—¿Qué quieres? —respondo con la mandíbula tensa y los dientes apretados—. Déjate de cinismo y ve al grano.
—¿Qué? ¿Ahora no puedo visitarte sin ningún motivo? —Finge estar ofendido.
—¡Maldita sea, Bruno! —Irritado, le doy un puño al escritorio—. Tú siempre tienes un motivo para todo, así que no me vengas con estupideces.
Sacude su saco como si trajera polvo y se inclina un poco hacia delante sin dejar de verme. Su estúpida sonrisa se borra poco a poco, mostrando su verdadero rostro.
—Solo vine a avisarte algo. —Deja de hablar y disimula cuando revisa la hora en su reloj de mano—. Acabas de comenzar una guerra con la mafia alemana. Nunca te puedes controlar, primito.
Lo miro como si quisiera matarlo.
—Ellos comenzaron la guerra, yo solo respondí a su ataque.
Él niega con el dedo índice.
—Te equivocas. Ellos dicen que fuiste tú y tu gente. Ahora por tu culpa nuestra querida Italia se verá afectada, todo por tus absurdos arrebatos.
Mi poca paciencia está llegando a un límite.
—No me interesa lo que tú digas. —Me levanto, camino hasta la puerta y la abro—. ¡Largo! —grito furioso.
Él también se pone en pie. Mientras se coloca frente a mí, vuelve a esbozar su hipócrita sonrisa de payaso siniestro.
—¿Qué modales son esos, querido primo? —Se acomoda su corbata y luego me ve—. ¿Qué diría mi tía Fiorella si estuviera aquí?
Cuando escucho que dice el nombre de mi madre, lo tomo del saco para estampar su espalda contra la pared y lo miro con más furia. Siento que ardo del enojo. Él no deja de sonreír y yo solo pienso en querer borrar de un puñetazo la sonrisa de su repulsivo rostro. Sin embargo, en eso llega Iván, que entra al despacho. Sin quitarle la vista, escucho que mi amigo me habla.
—Hermano, tranquilo —se acerca para hacer que quite las manos del idiota de mi primo—, no vale la pena.
Tiene razón, ese tipo no vale la pena, solo quiere provocarme. Tengo que empezar a controlarme. Si no, en cualquier momento lo mataré.
A regañadientes y con una rabia que no puedo esconder, lo suelto bruscamente. El idiota vuelve a acomodar su carísimo saco mientras se pone recto.
—Como siempre, nunca has sabido controlar tu ira —dice el bastardo—. Así nunca encontrarás a una buena mujer que te aguante. —Finge pensar—. Oh, lo olvidaba, al Diablo solo le gustan las mujerzuelas. Definitivamente, qué bueno que ya no está aquí la tía Fiorella. —Aprieto los puños y bufo encolerizado—. ¿Te imaginas? Volvería a morirse de la preocupación porque su querido príncipe de la mafia no desea descendencia por querer follar con rameras.
Mi límite llega al tope.
Sin esperar más, le doy un puñetazo a su estúpida cara, haciéndolo retroceder del impacto. No cayó, ya que su espalda chocó contra la pared detrás de él. Cuando el imbécil reacciona, se balancea hacía mí para responder con un golpe. Cuando voy a rematarlo con otro, Iván se coloca en medio para separarnos. Él se recupera con rapidez y se endereza. Comienza a alisar las arrugas imaginarias de su saco a medida que toma distancia y se gira para salir, pero vuelve a hablar.
—Esto no se quedará así —espeta antes de salir del despacho.
Quiero ir tras de él y terminar con lo que había empezado pero mi idiota amigo sigue interfiriendo. Como León enjaulado doy vueltas por el despacho, frustrado paso mi mano varias veces por mi cabello desordenándolo.
—Cálmate —pide Iván—. Eso es lo que quiere, incitarte. Quiere verte perder la razón hasta que la pierdas completamente. Sé que sus palabras te molestan, pero solo es un fanfarrón.
Este idiota tiene toda la boca llena de razón, pero no quería demostrar tampoco debilidad y que el imbécil de mi primo se saliera con la suya por decir el nombre de mi madre. Eso fue lo que más me enfureció. No me gusta que nombren a mis padres y mucho menos que se burlan en mi cara de su muerte. Él siempre ha sabido cómo provocarme. Tenerlo presente me pone de muy mal humor.
Agarro de mi minibar una botella de whisky y un vaso. Me dejo caer en el sofá y recargo mi espalda en el espaldar. Cierro los ojos y respiro profundo. Después los abro con lentitud para ver a mi amigo; ya está sentado en otro sofá frente a mí. Me sirvo un trago y me lo bebo de un jalón. Lo repito un par de veces más. Iván solo me mira con el ceño fruncido. Niega con la cabeza, se inclina hacia delante y apoya sus brazos en sus piernas.
—Estás tomando mucho de nuevo —manifiesta. Lo aniquilo con la mirada para que sepa que no me interesa lo que tenga que decir de ello—. Está bien, está bien, me callo. —Levanta sus manos en modo de rendición—. Solo vine a ponerte al tanto del asunto que me enviaste a solucionar.
Mi reacción cambia por una más interesada. Quiero escucharlo.
—¿Cómo salió? ¿Aceptó el dinero? —cuestiono un poco ansioso.
—Pues déjame decirte que tenías razón, la blanca palomita cayó —dice con un tono de recelo—, pero en cuanto se entere del engaño en el que la hiciste caer dudo que pueda perdonarte, y como me dijiste que es de temperamento alto, intuyo que pueda llegar a odiarte.
—No te preocupes por eso, sé domar a esa fiera —respondo perspicaz.
En efecto, ya aprendí a controlar ese temperamento de fuego, solo que me falta dominarla en la cama, pero eso también ya está por llegar muy pronto. Nadie se escapa del Diablo.
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra







