FAZER LOGINDos días después me reuní con Beth para ir de compras, nos pasamos toda la mañana en un centro comercial, Beth compraba miles de cosas tanto para sus hijos como para mí hija y aunque me negué insistió en que no me hablaría si no le aceptaba los obsequios.
A regaña dientes lo hice porque tiene razón, si yo quisiera darle un detalle a sus hijos y me dice que no, le arranco la cabeza. —Creo que a Valery le encantará esta corona, es muy parecida a la de la bella durmiente. Mi hija es fanática de las princesas de Disney—sonreí. —Está preciosa—expresó Beth animada mientras aplaudía. Una vez la compré, la guardé en mi cartera, mis tripas protestaron, estábamos tan distraídas que hasta el desayuno nos saltamos. —Vamos, te voy a llevar a comer a un buen restaurante—dijo Beth. Cuarenta y cinco minutos después, estábamos entrando en Jockers, un restaurante moderno con un toque elegante que me secó la boca. Mientras más miraba a mí alrededor me daba cuenta de que no encajaba en el lugar, no estaba muy bien vestida y me incomodaba un poco. Un hombre mayor, alto, rubio llegó rápidamente a nuestro encuentro y saludó a Beth enérgicamente. —Pero cuánta mujer hermosa por aquí hoy—Beth sonrió. —Ya sé a quien se parece Klaus, de tal palo, tal astilla—beth saludó al hombre con un beso en la mejilla y divertida dijo—: Te presento a mi amiga Vanessa Smith. —Un gusto conocerla, linda señorita. Me extendió la mano, la tomé y dije: —El gusto es mío señor. —Cuando te conocí, no me dijiste esas palabras—se quejó Beth. —Cosas que pasan Beth, pero ahora te puedo decir que estás preciosa—Beth se sonrojó. No cabe la menor duda de que padre e hijo, son dos gotas de agua. El señor me habló y dijo: —Linda, si me llamas Erick te lo agradeceré. Eso de señor dejémoslo para el que está arriba, además me recuerda al ejército. —¿Un recuerdo malo?—pregunté curiosa y él asintió. —Mi mujer era una bailarina despampanante, bellísima a decir verdad, pero me dejó por un jodido militar. —Ya veo, ¿le duele que ahora solo baile para ese militar?—preguntó Beth. —Así es, por eso te digo que lo de señor no me gusta, como tampoco suelen agradarme las bailarinas. Al menos ahora, no las soporto. Beth y yo nos miramos, espero que Beth entienda que es mejor no decir nada de mi trabajo, se puede malinterpretar. Beth cortando el momento dijo: —Qué fuerte esa historia Erick, lo siento mucho. —Eso pasó hace algunos años y aunque está en el pasado, a veces recuerdo. Mi hijo mayor Klaus, como abogado tuvo que lidiar con ese tipejo en el divorcio, pero tampoco lo supera. —Debió ser terrible—dije y el hombre asintió. Al decir eso sonreímos, al hombre la sonrisa no le llegó a los ojos, se nota que aún le duele. Erick nos acompañó a una mesa y tras aconsejarnos que pedir, se fue y Beth comentó: —Siento lo que ha dicho, ya sabes... eso de que odia a las bailarinas. Yo no pienso igual, pero bueno, todos pensamos diferente Vanessa. —No te preocupes, no me lo tomé personal. Entre risas devoramos lo que Erick nos colocaba en la mesa. Todo estaba exquisito y Beth, tras darle un sorbo a su bebida preguntó: —Vanessa, ¿sales con alguien? —No. —¿Por qué?—preguntó rápidamente. —No tengo tiempo Beth, entre mi trabajo y Valery estoy siempre ocupada—la observé directamente y añadí—: Tranquila, tengo un amigo con el cual lo paso bien, así que falta de sexo no estoy. Beth sonrió y me miró con picardía, pero luego la sonrisa se le borró del rostro y dijo: —Siento mucho lo de Leandro. Eres una buena chica Vanessa y espero la vida vuelva a sonreírte pronto. —No lo sé—solté un suspiro pesado—. No quiero pensar en hombres por ahora, así estoy bien, no me hace falta nada más. —Siempre falta tener a alguien Vanessa, no podemos con todo solas aunque nos creamos super woman—solté la risa. —Aunque no te negaré que a veces pienso en él... me lleno de impotencia al recordar que me dejó sola estando embarazada, el odio me transforma y la necesidad de saber que pasó con él me consume cada día. Quisiera saber que pasó... para así de una vez obviar esa etapa —No es para menos y créeme que me pongo en tus zapatos y es duro. —Lo es —dije sincera. —Pero Vanessa si le dieras la oportunidad a un homb... —Beth, lo último que quiero es un hombre en mi vida. Yo solita me valgo para salir adelante, no lo necesito—hice una pausa y luego me sinceré un poco—: Te soy sincera, en quien no dejo de pensar es en Leandro, con decirte que hasta pienso en él cuando estoy con otro hombre. —¡No me lo creo!—expresó Beth sorprendida. —Así es como soy de idiota. Me falla y desaparece el amor de mi vida y yo sigo pensando en él. Justo termino de decir eso y se escuchó una voz a mis espaldas. —¿Sigues pensando en mi? Por Dios, linda..., me horroriza saberlo. Cuando volteé a ver quien estaba detrás de mi y me di cuenta de que era Klaus resoplé. —Princeso a la vista—dije. Él tomó asiento al lado de Beth y le dió un beso en la mejilla y dijo: —A tí ni me acerco..., linda—dijo observandome a los ojos. —Te lo agradezco princesito—suspiré devolviéndole la mirada. —¿Tienes miedo de que te guste estar cerca de mí? —¡Serás idiota! Beth fue a decir algo, pero Klaus divertido susurró: —Ya te gustaría a ti estar entre mis sábanas. Solté una carcajada y dije: —Estas muy lejos de la realidad, bonito. —Mmm, ¡¿bonito?! ¿estás intentando decirme algo..., bonita? Porque si es así déjame decirte que no eres mi tipo, me van más las rubias despampanantes, no las locas pelinegras. —Prefiero ser loca porque no aparento algo que no soy, en cambio la insoportable mujer que llevaste a casa de Beth... dejó mucho que desear cariño. —Pueden dejar de tratarse así por favor. Me siento como en un campo de batalla. —No—respondímos al unísono.Una semana había pasado en la que me desaparecí del mapa, mi recuperación del labio fue un poco lenta, aún cicatriza, pero al menos no se ve mal. No he ido en una semana al bar porque si aparece Klaus puede reconocerme al notar mi labio roto, Paul me atacaría con preguntas, al igual que Adriano y no estoy para que me interroguen. He hablado poco con Beth, solo sé que tuvo una discusión fuerte con Marc, ambos no soportaron estar así y bueno terminó en reconciliación. Al menos ya están mejor. La que no puede estar mejor del todo soy yo, le he dedicado tiempo a mi hija, la he llevado al parque, a comer helado, hemos visto películas juntas, pero nada de lo que haga saca a ese hombre de mi cabeza. Por primera vez en mucho tiempo Leandro no ocupó mis pensamientos, en su lugar apareció un rubio de ojos azules profundos que me erizan la piel de solo recordar sus besos, y ese hombre se llama Klaus. Es que debía sacar mi supuesto martillo de Thor del culo y romperme yo misma la c
Ella empezó a caminar en dirección a su auto, pero yo no era capaz de dejarla ir así, su herida era un poco profunda y no paraba de sangrar. —¿Se puede saber a dónde vas? —A dónde se me pegue la gana princeso. —¿Sola? —¿Acaso ves a alguién más aquí?—entonces la tomé del brazo, ella giró y me dijo—: Más vale sola, que mal acompañada. Ahora suéltame. La miré con desagrado al notar como me veía y le dije: —Juro que he conocido a diferentes clases de mujeres en mi vida, pero malagradecidas, arrogantes, orgullosas... jamás me he topado con alguna de ellas, tu forma de ser me deja sin palabras. —¿Qué quieres que yo haga princeso? Yo no busco impresionarte. Deseaba darle un fuerte azote en el trasero por lo desagradable y osada que era. —¿Se puede saber qué te pasa para que siempre andes con la escopeta cargada? Nojoda chica, mirarte es como leer un cartel de "peligro alto voltaje". Eso la hizo sonreír, pero dijo: —Entonces, cuidado con este cartel, te puedes achicharr
Al llegar al local, tomé asiento lo más alejada que pude de Klaus, no quería ponerme la armadura tan pronto. Beth y yo nos emocionamos y pedimos varios destornilladores para tomar, estábamos hablando bien a gusto y riendo cuando decidimos que era mejor pedir algo de comer o terminaríamos muy borrachas. De pronto Klaus soltó una carcajada y llamó nuestra atención, entonces ví como se acercó a Sharon y le besó el cuello, después estuvo hablando con ella y ahora fue ella, la que no paraba de reír. Yo estaba echando humo por los oídos, pero al parecer él, sabía perfectamente que los estaba observando. Sin embargo tenía que disimular. Pasados unos minutos me fui al baño y cuando sali, alguien me agarró del brazo y me arrinconó contra la pared, entonces lo ví, era Klaus. —Vanessa, quiero que hablemos de lo que pasó entre nosotros. —No recuerdo que algo haya pasado. Klaus frunció el ceño y murmuró: —Nunca he conocido a una mujer como tú. —Créeme princesito, nunca lo harás
No me habían besado desde que Leandro desapareció de mi vida. Las veces que he estado con Paul es solo sexo y nada más. Intenté resistirme a aquel beso, pero Klaus me devoraba con un ímpetu avasallante, entonces mi voluntad cedió y dejé que él me besara. Cuando abrí la boca, me exploró y un gemido de satisfacción salió de mi alma cuando el profundizó más el beso. Hace mucho nadie me besaba así, mi voluntad se anuló y disfruté de la experiencia. Klaus besaba muy bien y lo peor era que yo me entregaba a ese beso voraz con la misma intensidad que él. Me gustaba como sus grandes manos se aferraban a mi cintura, me encantó que él no intentó tocar más allá, me respetó y eso fue lo que más me cautivó, teniendo la posibilidad de llevar el momento a otro nivel no lo hizo. Disfrutaba del momento que él estaba brindandome, pero de pronto un auto llegó con varios hombres y mujeres, tenían la música alta, esa música me hizo pisar tierra. Era una de las canciones favoritas de Leandro "R
Me había quedado viendo como un tonto el trasero de Vanessa alejarse. Esa mujer y yo... es que mientras más lo pensara era imposible, jamás nos llevaríamos bien. Me reí mientras frotaba mi nuca, pero un golpe en el brazo me hizo girar y encontrarme con una furiosa Beth. —¿Y ahora por qué me pegas? Ah claro, se te pegó de tu amiga. —Mira Klaus, eres mi amigo y Vanessa también lo es, pero ustedes dos son imposibles. Eres incapaz de morderte la lengua y no seguirle el juego, pero aquí estás, siendo un idiota como siempre. Es que eres un mojón de verdad—dijo furiosa y yo me quedé con la boca abierta cuando me llamó mojón—. Vanessa en cierto modo... digamos que es separada, viuda o no sé cómo llamarlo, ¡pero es soltera idiota! Marc y yo nos sorprendimos y nos vimos a la cara al mismo tiempo, aquella noticia, sí que no me la esperaba. —De verdad, Klaus, qué poco oportuno has sido esta vez—Beth le hizo seña a sus hijos y tomándolos de la mano salió de nuestro campo de visión d
El domingo después de medio día, llamé a Beth y quedé en ir a su casa para darnos un baño en la piscina climatizada que ellos tienen. Cuando llegué, Valery se volvió loca, estaba feliz de poder bañarse ahí y de jugar con los hijos de Beth. Le inflé los salvavidas con forma de dona y flamingo, entonces la metí en el agua para poder quedarme libre mientras le echo un ojo. Era la única manera de ponerme al día con Beth y contarle lo que ha pasado todos esos días que no nos hemos visto. Los hijos de Beth que son un poco más grandes que mi hija, se metían en la piscina para animar a Valery. Cómo toda madre orgullosa de su niña la animé: —Eso es cariño, vamos, mueve los bracitos. —Esooo es Valery... ¡nadas muy bien!—la animó eufóricamente Beth mientras llegaba a mi lado y me extendía un vaso de limonada frozen. —Gracias—dije y nos sentamos en la orilla de la piscina para estar pendiente de los retoños. —¿Puedo sujetarla yo?—me preguntó Damián, el hijo mayor de Beth. —Cla







