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Capitulo 5. Vanessa Smith.

last update Data de publicação: 2026-09-21 03:38:44

Despues de que Klaus se llevara a su amiguita o peor es nada, me dediqué a dormir a Valery para poder conversar un poco con Beth.

Pero mi amiga en la habitación de enfrente batallaba con sus demonios, esos niños tienen un genio terrible.

Valery ya se había dormido así que le pasé la voz a Beth de que la esperaría en la cocina para charlar.

Quince minutos después Beth me alcanzó y preguntó:

—¿Estás fumando?

Tenía la ventana abierta para disipar un poco el olor y el humo, me giré y antes de que pudiera decir nada, Beth se acercó entonces susurré:

—¿Tú fumas? —sonreí.

—Solo de vez en cuando o cuando me apetece hacer molestar a mi marido.

Entré risas nos sentamos en la mesa de la cocina y Beth pregunta:

—¿Qué quieres beber?

—Una Coca-cola bien fría—dije.

—Pues yo quiero lo mismo, por eso somos amigas—Beth hizo una pausa y continuó—: ¿Cómo te va con tu trabajo de mesera?

Sonreí, meses atrás cuando Beth me preguntó a qué me dedicaba, le dije que trabajaba en un prestigioso restaurante siendo mesera. Pero... Beth es una buena amiga y no debo engañarla, así que me le acerqué un poco y le dije a modo chisme:

—Si te cuento un secreto, ¿me lo guardas?

—Por supuesto, Vane.

—Es importante que no digas nada, al menos para mí, ¿sí?

—Está bien, no diré nada, pero ya cuenta el chisme de una vez.

—No soy mesera, soy bailarina y bartender en un bar llamado sensations.

—¡Oh por dios! ¿En serio ? Joder.

—Que sí, eres mi amiga y no quería seguir mintiéndote, eso me hacía sentir mal.

—Tranquila Vane, ¿me imagino que es algo que no te hace sentir orgullosa o me equivoco?

—La verdad no, pero nadie me falta el respeto y no se meten conmigo... al menos la paga es muy buena, mejor que en otros lugares en los que he trabajado, por eso me he mantenido ahí.

—Bueno eso está muy bien, si resuelves muchas cosas con ese pago y estás tranquila excelente. Mientras el trabajo sea bien remunerado y no te falten el respeto, es lo que importa. Por lo demás no te preocupes, soy tu amiga y no estoy para juzgarte.

—Aunque me gusta un poco lo que hago... eso de bailar y preparar tragos me desestreza, ya sabes, pero siempre me ronda en la cabeza desde que tengo a Valery, que no sé si hago bien.

—¿Porqué?

Di una calada al cigarrillo y dije:

—Porque odio dejar a mi hija con alguien que la cuide, sé que la chica lo hace bien, Valery está contenta con ella porque juegan y al parecer es divertido, pero a veces mi hija llora y no estoy para ella. Odio pensar que cuando esté más grande me lo pueda reprochar, por eso desde hace un tiempo estoy pensando en hacer un curso de diseño gráfico que también me gusta mucho y poder trabajar desde casa para poder darle más atención a mi hija, pero entre mil cosas no he podido empezar.

—Por favor Beth, para mí es importante que me guardes el secreto porque la gente rápidamente asocia eso a qué soy dama de compañía o prostituta y nada que ver. No haría eso jamás.

—Tranquila, ¿sí? ¿Y tú marido también trabaja ahí?

—No.

—Entonces trabaja lejos y por eso en lo que llevamos de amigas no lo he conocido.

El dolor atravesó mis ojos y Beth lo vio. Cuando se me llenaron de lagrimas que no pude contener y estas rodaron por mis mejillas... sabía que no había vuelta atrás.

—Leandro simplemente desapareció de mi vida, le dije que estaba embarazada y luego de un par de meses simplemente desapareció, me dejó sola y embarazada. Además ni siquiera estaba casada con él, así que no era mi marido.

Horrorizada Beth puso una mano encima de la mia y dijo:

—Lo siento Vanessa, yo...

—No pasa nada. Tú no sabías nada y es normal que en algún momento me preguntaras por Leandro.

—Dios, Vanessa...—hizo que la mirara—. Estaré siempre para lo que necesites y cuando lo necesites ok. Considérate parte de esta familia Vanessa, no estás sola.

Agradecida le apreté la mano a Beth y dije:

—Fue terrible que Leandro desapareciera, fué, es y seguirá siendo la peor experiencia de mi vida, pero...—hice una breve pausa—... quisiera saber qué sucedió con él, porque más nunca lo vi. He llegado a pensar que hasta puede estar muerto y es por eso que, cuando veo a Valery su sonrisa me hace saber que él vive en ella y por eso tengo que ser feliz.

—No quiero ni imaginarme cómo debiste sentirte en tu momento Vanessa, pero tienes una fuerza envidiable, me hubiera pasado eso con Marc y seguro me hubiera muerto sin él. Debes ser feliz Vanessa, ya tu hija tiene cuatro años y no puedes seguir atrapada en ese pasado, veo que aún te duele...

—Cada día duele más y a veces no puedo soportarlo. No entiendo porqué desapareció así, ese simple hecho me hace comerme la cabeza todos los días y...

En ese momento se abrió la puerta de la cocina y Klaus apareció, al vernos sentadas con caras llorosas dijo:

—Ya estan las comadres chismosiando y quizás llorando por algo que ocurrió en sus vidas pasadas.

Eso que dijo Klaus nos hizo reír, Beth añadió:

—Estamos conspirando encontra de los hombres y Vanessa llora porque...—Beth encontraba qué decir hasta que sonrió y dijo—: Siempre le tocan los de pene pequeños—eso que dijo me hizo carcajearme de risa.

—Aceptable la mentira chicas. No es de mi incumbencia meterme en sus asuntos, pero si les digo que fumar es dañino para la salud. ¿ Qué dirá Marc cuando te encuentre fumando Beth?

—Seguro se molesta, pero yo hago que se le pasé rápido.

Reímos hasta que Klaus me pregunta:

—¿Y la pequeña princesa dejó de llorar?

—Sí, de hecho ya está dormida y los niños de Beth también.

—Qué bien.

Dice y cuando se frota la frente veo que tiene una pequeña cortada en el dedo, me muevo por el lugar y busco una toallita con alcohol y me acerco a él.

—Enséñame la mano.

—¿Para qué?

—Dame la mano—insistí.

—Te has hecho daño seguro con algún cristal cuando me ayudaste con mi hija. Te desinfectaré.

—Solo ten cuidado y trátame bien.

—Está bien, princeso.

Klaus con lo dicho se rió, pero me veía atento, observaba cada uno de mis movimientos hasta que saque una tirita de las princesas de Disney, la que le encanta a Valery que es la bella durmiente y dijo:

—Estás loca si crees que me dejaré poner esa mariconada.

—Loca estoy y te la dejarás colocar.

Sin chistar se dejó y con una sonrisa maliciosa en los labios se acercó un poco y dijo:

—¿Qué tal si la bella durmiente me cura otra cosa?

—¿El cerebro quizá?

Con una sonrisa torcida Klaus dijo:

—Si quieres llamarlo así no me importa y a mí amigo de abajo tampoco.

Solté la risa sin poder contenerla y dije:

—Eres un idiota.

—Sí, mi amiga Beth me lo dice muy seguido. En serio, deberías dejar de fumar es perjudicial para la salud y...

—Cariño, que no te importe—dije viéndolo fijamente a los ojos—. De algo me voy a tener que morir. ¿Tú no fumas princesito?

—No.

—Ni de vez en cuando para relajarte.

—Pues no. No me va esa m****a y te pediría que dejaras de llamarme por ese ridícul...

—Por favorrr..., eres como tú tonta novia. ¡Qué poco sentido del humor tienes, princesito!

—¿Mi novia?—sonreí y él aclaró—: Mira, bella, Melanie no es mi novia, es sólo una amiga y como vuelvas a llamarme princeso... te juro que...

—Ah, ah, ah... error—grité haciéndolo callar—. No me interesa tu vida privada y mucho menos me interesas tú, por lo tanto te lo puedes ahorrar.

Cuando Klaus fue a decirle quién sabe qué cosas Beth lo interrumpió:

—Cuidado le dices a Marc que me has visto fumando, ¿entendido?

Al oír eso le pregunté a Beth en tono de burla:

—Además de no tener sentido del humor—lo señalé-. ¿El princesito es una nena chismosa?—me reí.

—Lo de princesito te lo puedes ahorrar, lo de nena me acaba de ofender y en cuanto a lo de chismosa, déjame decirte que...

No lo dejé hablar.

—Ah, ah, ah...—grité de nuevo—. No me interesa lo que pienses.

—¿Quieres dejar de tratarme como a un imbécil?

—¿No eres un imbécil?—pregunté.

—Por supuesto que no lo soy—dijo furioso.

—No, Vanessa, no es un imbécil—dijo Beth entre risas, ella observaba nuestra dinámica calladita.

—Mira, linda...

—Bella, por favor.

Se cercó a mi y me dijo:

—Me estás sacando de mis casillas como poca gente hace, en menos de nada me has llamado idiota, princeso, nena, chismosa y solo te voy a decir una vez que mi nombre es Klaus, no ninguno de esos apodos con los que estás llamándome. ¿Entendido bella?

—¿Seguro?

—¿Seguro qué?

—¿Que no te llamas princeso?

Klaus maldijo y decidió darse la vuelta y marcharse entonces dije:

—Princesooo, tienes la cremallera del pantalón abierta.

Rápidamente el hizo el ademán de subirsela y al darse cuenta de que era mentira me miró con cara de pocos amigos y yo dije:

—Hubieras seguido de largo, pero te molestaste en revisarte. O sea, ¿sí te llamas princeso?

Para no seguirme el juego se retiró con sus ojos chispeantes de frustración.

—Qué malota eres con él.

—¿Yooooooo...?

—Pobrecito, él es un encanto de hombre.

—Beth, me muevo en un mundo lleno de hombres, o los devoro a ellos o ellos me devoran a mí. Así que me puse las pilas. ¿Viste lo enojado que estaba?

—Me sorprendió. Yo creo que es la primera vez que lo he visto así de enfadado con una mujer.

Cuando llegó la noche todos nos despedimos, con cariño tomé a mi hija en brazos y la metí en mi Volkswagen, mi bebé había salido del taller como nuevo. Me aseguré de que mi pequeña fuera bien sujeta en su sillita y la cubrí con una manta, entonces me despedí.

—Gracias por la invitación Beth, Marc. La pasé muy bien.

—Gracias a ti por venir—dijo Beth—. Te llamo en unos días para quedar e ir a comer.

—Está bien.

Cuando estaba en mi coche y apunto de irme, un elegante vehículo color burdeos se puso a mí lado, miré al conductor, los impresionantes ojos de Klaus me miraban retándome. Sonreí sin poderlo evitar, le guiñé un ojo y le dije:

—Bye, bye, chao, sayonara, princesoooooooo...

Vi como su magnífica sonrisa se deshizo y sin darle tiempo a nada más arranqué.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Paola Arias
Jajaja me está encantando
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