LOGINElena tomó una profunda bocanada de aire, sosteniéndola unos segundos antes de expulsarla despacio. Su pecho se sintió un poco más ligero, pero el peso sobre su corazón no había hecho más que aumentar.
Miró a Lyra. Esta vez, su mirada se había vuelto firme, aunque un matiz de tristeza aún se vislumbraba débilmente en la comisura de sus ojos.—Lyra...Su voz era suave. Sin embargo, algo en el tonoEl plan de Elena se desarrolló con una precisión casi perfecta.Habían pasado meses desde el día de la huida, pero Lyra seguía a salvo, oculta muy lejos del radar de Kael.En un cómodo piso situado en las afueras de la ciudad, Lyra pasaba los días volcada en una apacible rutina que se sentía casi real, a pesar de ser consciente de que esa tranquilidad se cimentaba sobre un enorme secreto.Elena cumplió todas y cada una de sus promesas.Por medio de su sirvienta de confianza, la leche materna que Lyra se extraía con regularidad se trasladaba en secreto a la finca y se entregaba sin levantar jamás sospechas. De hecho, de vez en cuando, Elena le llevaba al cada vez más adorable Theo de visita. Cada reencuentro era una oportunidad para que Lyra lo tuviera en brazos, le diera el pecho directamente y volcara en el pequeño todo el anhelo que jamás se había extinguido
A la mañana siguiente...El ambiente en el comedor de la mansión era silencioso y gélido, en marcado contraste con el suntuoso desayuno servido sobre la larga mesa. Solo se escuchaba el tintineo ocasional de los cubiertos; por lo demás, la estancia estaba envuelta en un silencio asfixiante.Kael ocupaba un extremo de la mesa ataviado con una camisa gris oscura de corte impecable, con los botones superiores desabrochados. Llevaba las mangas remangadas con pulcritud, mientras sus dedos se movían con parsimonia y precisión cortando la carne de su plato. No había prisa alguna en sus movimientos, como si nada aquella mañana pudiera perturbar su compostura.Al otro lado de la mesa estaba sentada Elena, removiendo su té de vez en cuando. Sin embargo, toda su atención permanecía fija en su hermano.Las ausencias cada vez más frecuentes de Kael de la mansión habían empezado a
Cuatro días después...La reunión anual de la familia Blackwood había llegado por fin a su fin.Durante cuatro días enteros, Kael tuvo que mantener su fachada distante, permanecer al lado de Elena, encarar las miradas calculadoras del consejo familiar y contener la tentación de hacer callar a víboras como Richard, que buscaban constantemente la forma de destruirlo.Kael desempeñó su papel a la perfección.Se las apañó para reclamar los derechos de gestión sobre los activos de la región sur, al tiempo que acallaba a la mayoría de las voces que durante mucho tiempo habían tratado de cuestionar su autoridad. Con una firmeza casi brutal y argumentos que no dejaban margen para la réplica, Kael recordó al consejo familiar exactamente con quién se estaban jugando los cuartos.Sin embargo, ninguna de aquellas victorias políticas
Transcurrió una semana como si Lyra estuviera caminando por una cuerda floja tendida sobre un abismo.Para Lyra, cada día en la propiedad Blackwood ya no era una simple rutina, sino una cuenta atrás que le iba desgastando despacio la tranquilidad.Siguiendo las instrucciones de Elena, recurrió a todas sus dotes interpretativas para que todo pareciera normal.Cada mañana y cada noche, siempre que se cruzaba con Kael en el pasillo o en el comedor, Lyra le correspondía con una sonrisa cálida y leve. Mantuvo a propósito la pequeña muestra de desenvoltura que había mostrado durante el té: lo suficiente para hacer creer a Kael que el muro entre ellos empezaba a desmoronarse.Poco a poco, Lyra le dio lo que él quería ver. Una mirada más suave, una sonrisa que brotaba con más facilidad y una actitud que ya no estaba constantemente a la defensiva.El cebo funcion&
Elena tomó una profunda bocanada de aire, sosteniéndola unos segundos antes de expulsarla despacio. Su pecho se sintió un poco más ligero, pero el peso sobre su corazón no había hecho más que aumentar.Miró a Lyra. Esta vez, su mirada se había vuelto firme, aunque un matiz de tristeza aún se vislumbraba débilmente en la comisura de sus ojos.—Lyra...Su voz era suave. Sin embargo, algo en el tono de Elena envió de inmediato una oleada de pavor por todo el cuerpo de Lyra.—Creo que...Elena hizo una pausa, como si necesitase reunir todo su valor para pronunciar la siguiente frase.—...no puedo dejar que te quedes en esta propiedad.Lyra frunció el ceño.Elena tragó saliva con dificultad.—He decidido prescindir de tus servicios aquí.El mundo de Lyra pareció dejar de girar. Alzó la cabez
La sangre de Lyra pareció congelarse. Todos los músculos de su cuerpo se tensaron de forma involuntaria cuando la mirada de Elena descendió hasta posarse en el cuello de su camisón, abotonado hasta arriba.—Veo una marca en tu cuello, Lyra —dijo Elena—. Se ve de forma muy clara.Hizo una breve pausa, sin apartar los ojos de ella ni un solo segundo.—Y como mujer casada que soy... sé perfectamente qué clase de marca es.A Lyra se le cortó la respiración en la garganta. Sin darse cuenta, sus dedos subieron hacia el cuello del camisón, como si la tela pudiera ocultar de algún modo el calor que aún le ardía en la piel. La sensación le devolvió al instante el recuerdo de los labios de Kael contra su cuello.—S-Señora Elena... Eso...Las palabras se le murieron en la garganta. Ni un solo vocablo logró escapar de sus lab







