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Capítulo 6

Author: Linda Selva
Paula, para evitar herir más a Victoria, no mencionó que Daniel ni siquiera había respondido sus mensajes.

Hasta el momento del alta de Victoria, él seguía sin dar señales de vida.

Tras salir del hospital, Victoria, la pequeña Estrella y Clara se mudaron a la Residencia Viva juntas.

Victoria había comprado allí un apartamento amueblado seis meses atrás.

La casa de Paula estaba justo enfrente.

Comprar propiedades en el mismo lugar era un deseo que tenían desde la universidad.

Así que, al enterarse de que el apartamento frente al de Paula estaba en venta, Victoria no dudó ni un instante.

La vivienda tenía muebles y electrodomésticos, pero se sentía algo vacía.

Paula trajo rápidamente ropa de cama, tetera y otros enseres de su casa.

Victoria hizo una lista para que Clara fuera al supermercado.

Alquiló una camioneta para traer todos los artículos de bebé que estaban en la Residencia Caoba.

La noche había caído por completo.

Fue entonces cuando, por fin, Daniel la llamó.

Victoria miró la palabra "Amor" en la pantalla.

Sin vacilar, colgó y luego, lo bloqueó.

Poco después, sonó el celular de Paula.

Atendió y lanzó una sarta de sarcasmos:

—Sr. Fernández, tan ocupado con tus asuntos de estado.

—¿Al fin te acordaste de tu hija de un mes y de tu esposa que acaba de parir?

—Paula, que Victoria atienda.

La voz de Daniel seguía siendo fría, con esa distancia profesional de siempre.

Acababa de llegar a casa, con ropa y juguetes que había comprado especialmente para su hija.

Esperaba encontrar una cena cálida esperándole.

En su lugar, se encontró con las columnas de mármol del jardín, ennegrecidas, y cenizas por doquier.

Y dentro, la sala y los dormitorios fueron destrozados.

Como si hubieran pasado los ladrones.

La rabia hervía en su pecho.

¡Victoria había llegado demasiado lejos!

Paula no dejó de mofarse.

—¿Qué quieres con Victoria?

—Mejor aprovecha que tu mejor amigo no está, y sigue acompañando a esa prima con la que creciste.

—¿Qué es Victoria para ti?

—Cuidado con tus palabras.

La voz de Daniel era gélida.

Apenas podía contener la furia.

Paula estalló de una vez.

—Daniel Fernández, ¡que no te haya insultado ya es muestra de mi educación!

—Durante todo su embarazo, la ignoraste, y hasta le aumentaste la carga de trabajo.

—¿Dónde estabas cuando tuvo la hemorragia en el parto?

—¿O cuando, débil después de parir, con congestión mamaria e insomnio?

—A tu propia hija, de un mes, ni la has visto.

—Pero al hijo ajeno le das una fiesta, invitando a toda tu familia y amigos.

—¿Eso es propio de un ser humano?

—Victoria se desmayó, estuvo hospitalizada.

—¡Te mandé un mensaje y ni siquiera lo abriste!

—¿Tu prima no tiene esposo ni familia política?

—¿Necesita que tú andes pendiente, mientras Victoria sufre sola todo el dolor?

—¡Y encima! La Torre Cielo es el esfuerzo de Victoria.

—¡Y de repente pones a Lara para que se lleve parte del mérito! ¡No eres humano!

—¡No te presentes más ante ella! Le das asco.

—Espera a recibir la notificación del abogado.

Tras soltar esa andanada de reproches, Paula colgó de golpe.

Daniel se quedó paralizado, con el celular aún en la mano.

Sus dedos temblaban ligeramente.

Estaba conmocionado, confundido.

¿Por qué Victoria no le dijo que la carga de trabajo en el embarazo era demasiado?

¿Y lo de la hemorragia en el parto, por qué no lo mencionó?

En el centro de recuperación posparto tenía cuidadores especializados.

¿Cómo podía no dormir bien?

Nombrar a una diseñadora solo de nombre, ¿qué problema había?

Lara no iba a participar realmente.

Él no veía nada malo.

Además, ¿la congestión mamaria dolía tanto?

Lara nunca se había quejado de dolor.

A la fiesta del mes de su hija no la había ignorado.

Pensaba en hacerla junto con la de Carlos.

Pero Lara no quiso.

Así que planeaba hacer una fiesta especial cuando su hija cumpliera cien días.

En cuanto al mensaje que Paula mencionaba...

Revisó su celular con cuidado.

No había ninguna notificación sin leer.

Carlos siguió vomitando leche, quería que lo cargara.

Estuvo dándole palmaditas en la espalda, como le enseñó la niñera.

No tuvo el celular a mano.

Su contraseña nadie la sabía, pues nadie pudo tocar su celular.

Seguro que Paula intentaba sembrar cizaña a propósito.

Victoria se había desmayado y hospitalizado, por eso no le había llamado.

Daniel permaneció aturdido un buen rato.

Intentó llamar a Clara, pero ella no se atrevió a contestar.

Paula volvió a la sala.

Vio a Victoria mirando fijamente la pantalla de su móvil, con los ojos llenos de odio.

—¿Qué estás viendo? —preguntó, acercándose rápidamente.

En la pantalla, una nueva publicación de Instagram de Lara.

El texto decía:

"El regalo que preparó con tanto cariño el tío. De verdad, el tío mima más a Carlos que su propio papá."

Paula le quitó el celular y pasó las fotos una por una.

La fiesta estaba llena de detalles.

En una foto, un hombre cargaba a un bebé.

Aunque no se veía su rostro, se reconocía de inmediato.

Era Daniel.

Paula volvió a enfurecerse.

—¿Así que al hijo ajeno le da una fiesta tan lujosa, y a su propia hija no le da nada?

—Exacto —respondió Victoria con voz helada.

Paula estuvo a punto de arrojar el celular.

Se puso de pie de un salto.

—¡Esto ya es el colmo!

—¿Esa Lara le salvó la vida o qué? ¡Tengo que ayudarte a investigar esto!

Iba a hacer una llamada, pero Victoria la detuvo.

En su lugar, abrió un mensaje de voz en WhatsApp.

—Victoria, averigüé.

—Lara Silva es la hija adoptiva de la tía de Daniel, creció en la familia Fernández.

—Dicen que en la adolescencia estaba obsesionada con Daniel.

—Intentó suicidarse cortándose las venas, dejó los estudios.

—Hace cinco años, borracha, se metió en la cama de Daniel, casi pasó algo.

—Daniel se enfureció, le dio una bofetada y la echó.

El siguiente mensaje de voz seguía:

—Pero, no se sabe por qué, poco después se enredó con Hugo, el mejor amigo de Daniel, y se fueron al extranjero juntos.

—Hasta que, hace un año, quedó embarazada y Hugo le pidió a Daniel que la cuidara.

—Desde entonces, Daniel vuela seguido a Aunia para estar con ella.

—Ah, y otra cosa.

—Su fecha prevista de parto era quince días después de la tuya.

—Pero el día que diste a luz, ella se cayó, sangró, y tuvo que hacerle cesárea de emergencia.

—Tuvo a su hijo el mismo día que tú.

Era Guzmán Castro, un amigo común, experto en averiguar cosas.

Paula golpeó la mesa, estaba furiosa.

—¡Esa Lara definitivamente tiene problemas!

—¿Tú vas a dar a luz y ella se cae para tener un parto prematuro?

—Para retener a Daniel, es capaz de cualquier cosa.

—¡Victoria, ese tipo de mujer es peligrosa! ¡Ten cuidado!

Una mueca de desdén asomó en los labios de Victoria.

—La que debe tener cuidado es ella.

Habiendo crecido con su madre, había vivido situaciones que muchos adultos no conocen.

Victoria ya había visto todo tipo de mujeres.

Lara se atrevía a actuar con tal descaro solo porque contaba con el favoritismo de Daniel y con esa supuesta relación de "hermanos".

¿Y si ella dejaba esa relación al descubierto?

No sabía cuál de los dos, Daniel o Lara, se desmoronaría primero.

Recordó la llamada provocadora de Lara.

Recordó cómo, durante todo su embarazo, la otra había disfrutado de los cuidados meticulosos de Daniel.

Recordó cómo su hijo era el centro del mundo para Daniel, mientras su propia hija parecía no significar nada.

La burla helada en los ojos de Victoria se transformó, de golpe, en un odio desbordante.

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