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CAPÍTULO 3. DE MAL EN PEOR

Author: LiBlanko
last update publish date: 2026-02-23 05:04:05

No sé cuánto tiempo llevaba aquí,  pero no podía aguantarlo más, mis dientes castañeaban por el frío, la lluvia me azotaba por ambos lados,  no podía ver más allá de mis narices,  y  siendo sincera no creo que pudiera pasarme algo peor ahora, después de haber sido perseguida por todo el bosque por hombres con alguna mutación genética (ya que eran gigantes), hasta que una tormenta los alejara y me dejara empapada de pies a cabeza sin darme tregua.

Baje lentamente, tan lento como mis tenis mojados lo permitían sin perder el soporte en cada rama que pisaba, sentía que ya estaba cerca del suelo, podía oler la tierra mojada cada vez más cerca de mí, empecé a acelerar la bajada, una rama crujió bajo mis pies y la gravedad me reclamo sin aviso, llegue volando al suelo, mi cabeza se salvó, pero mis rodillas se llevaron la peor parte, mi pantalón empezó a teñirse de rojo, mi situación era lamentable podría decirse, ahora vagaba sin rumbo a pasos lentos con un creciente dolor en ambas piernas y seguía sin parar de llover.

Logre avanzar a trompicones con cada piedra que decidía colarse en mi camino, cada paso era un pequeño triunfo sobre el dolor que buscaba se me doblaran las piernas. Tropezaba con raíces, y mis manos buscaban apoyo en el aire como si fuera posible aferrarme a la nada, pero no me detendría.

Cada avance era doloroso y vacilante, pero mis pasos fueron certeros, me llevaron a una cueva oculta por dos abetos de gran altura, pareciera que mi instinto de supervivencia seguía ahí, puesto que no había otra manera de que hubiera logrado dar con ella,  sin ayuda.

-¡¿Hay alguien aquí?¡ - Me sentía ridícula hablándole a la nada, después de todo, como sería posible que alguien más se hubiera internado en el bosque con esa tormenta nocturna, pero después de todos los hechos acontecidos, prefería estar segura…

- ¿Hola? – Nadie  contestó por lo que seguí adentrándome en la cueva hasta encontrar un recoveco donde decidí descansar por un momento, me senté, más bien me hice un ovillo para tratar de entrar en calor, pero era tanto mi cansancio que caí a los pocos minutos profundamente dormida.

Empecé a escuchar a lo lejos un par de pájaros cantando,   es seguro que ya va a amanecer, me trate de incorporar pero el dolor es punzante, me escuecen las rodillas  me taladra el dolor de cabeza, mi día no comenzó  mejor que como terminó el de ayer...

¡No puede ser! Escucho zancadas tan cerca de donde estoy parada, no lograré huir esta vez, ya no tengo escapatoria, mis sentidos estaban en alerta máxima, volteaba a todos lados buscando  al intruso en mi fortaleza, pero con los escasos rayos del alba,  aun lo lograba colarse luz suficiente dentro de la cueva. 

Definitivo estaba por ser capturada, sentí los pasos sobre de mí y mi adrenalina me hizo hacer lo único de lo que me creía capaz en ese momento,  empecé a gritar como alma que lleva el diablo tiraba de golpes a puño cerrado tratando de alcanzar algo o a alguien y de repente  PAM asesté el primer golpe, el cual vino seguido de un quejido poco varonil se pudiera decir.

- Estas loca Tessa? Tienes un gancho derecho fuerte- dijo esa voz tan familiar…

- ¿León? ¿Qué carajos haces aquí?

No pude más que maldecir, de todos los escenarios fatídicos  que pude haber imaginado para mi próxima muerte, en ninguno de ellos estaba León, mi amigo de hacía ya varios años, aquél  muchacho delgado y con pocos amigos, por no decir que ninguno, con el que me toco compartir asiento de autobús a la escuela tantas veces, con el paso del tiempo nos hicimos cercanos, logró hacerme sentir cómoda a su lado por lo que llegue a conocerlo bien, no tenía  familia directa así como yo, vivía en una casa de acogida junto con unos 4 jóvenes más pero él siempre fue muy solitario. Podría asegurar que yo era de las personas más cercanas que tenía.

Sigo esperando que me contestes, grité exasperada, la situación no era para menos, no tenía nada de lógica todo lo que estaba pasando.

Yo solo… Seguí tu rastro. Contestó León algo apenado, después de ello pareció que mordía su lengua puesto que nada más salió de su boca.

¿Cómo que seguiste mi rastro? ¿De qué estás hablando te crees perro o qué? Estaba hiperventilando no podía entender nada, apreté el puente de mi nariz, tratando de tranquilizarme un poco y cerré los ojos un par de segundos.

Cuando los abrí me di cuenta que él se mantenía en calma, se podía notar que no diría nada más y que había dado por terminada la conversación.

Bien ¿y ahora qué sigue? Ya que no hablarás más conmigo me dirás si saldremos de esta cueva ¿O nos quedaremos aquí por siempre a vivir un duelo de miradas? Seguía molesta pero teniendo en cuenta que no había muchas alternativas y que seguía en riesgo de ser capturada por mis siniestros acosadores, decidí que era momento de irnos.

Tome su mano entre la mía la apreté lo suficiente para darle a entender que tendríamos esta conversación más adelante, pero que en este momento lo más apremiante era salir de ahí.

Empecé a caminar como pude, era un martirio cada paso, pero no podía detenerme ahora, llegue a la orilla de la cueva y pude ver que ya había amanecido lo cual facilitaría mucho mi caminar… No pude terminar mis pensamientos cuando en dos segundos había sido alzada en brazos, como si flotara, León parecía haber tomado un ritmo más ágil sosteniéndome contra su pecho y mis brazos rodeando su cuello, no pude evitar escuchar sus latidos eran acompasados no hubo ningún cambio de ritmo mientras el andaba a una velocidad vertiginosa, ¿cómo era eso posible?

¿Cómo es que puedes ir a este ritmo? me atreví a decir ya un poco cerca del fin del bosque, lograba ver algunas casas a lo lejos. El seguía sin hablarme, su mirada fija en su destino, el cual se acercaba cada vez más pero por la misma razón me hizo poner más y más atención en aquel lugar que no reconocía en lo absoluto. No era mi ciudad no íbamos camino a mi hogar….

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