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Espera sentado Bellamonte

Author: Angel Summer
last update publish date: 2026-11-02 10:41:11

Giorgio caminaba por los pasillos de la clínica con Lia abrazada contra su cuerpo, manteniéndola tan cerca que parecía temer que pudiera herirse si la soltaba un instante. Su esposa llevaba una mano apoyada sobre su vientre y la otra entrelazada con la de él, mientras disfrutaba de los besos que su marido depositaba ocasionalmente sobre su cabello. Detrás de ellos avanzaba Kail Borkovski, cargando el enorme ramo de rosas y los globos que había llevado aquella mañana. El ruso observaba a la pare
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  • Traicionada... me casé con su enemigo   Antojos

    Al llegar al automóvil, Kail dejó las flores cuidadosamente en el maletero y ocupó el asiento del conductor, mientras Giorgio ayudaba a Lia a instalarse en la parte trasera. Apenas estuvieron acomodados, el italiano la atrajo suavemente contra su pecho, rodeándola con ambos brazos y permitiendo que apoyara la cabeza sobre su hombro. Después deslizó una mano hasta su vientre, acariciándolo con una ternura que consiguió arrancarle una sonrisa a su esposa.—Aquí está creciendo un pequeño bichito, amor —murmuró, contemplándola con los ojos brillantes—. Uno nuestro, mitad tuyo y mitad mío. ¿Te imaginas, luciérnaga? Una personita que tendrá algo de los dos.Lia colocó su mano sobre la de él y sonrió emocionada.—Nuestro pequeño grillito luminoso.Kail los observó por el espejo retrovisor y arrugó la nariz con una expresión de profunda concentración.—Ahora que lo pienso, pobre criatura. Va a salir bastante rara esa mezcla. Un grillo y una luciérnaga son dos bichos completamente diferentes.

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Espera sentado Bellamonte

    Giorgio caminaba por los pasillos de la clínica con Lia abrazada contra su cuerpo, manteniéndola tan cerca que parecía temer que pudiera herirse si la soltaba un instante. Su esposa llevaba una mano apoyada sobre su vientre y la otra entrelazada con la de él, mientras disfrutaba de los besos que su marido depositaba ocasionalmente sobre su cabello. Detrás de ellos avanzaba Kail Borkovski, cargando el enorme ramo de rosas y los globos que había llevado aquella mañana. El ruso observaba a la pareja con una expresión de resignación, preguntándose en qué momento había pasado de ser uno de los hombres más temidos de Italia a convertirse en el encargado de transportar las decoraciones de una futura mamá.Al llegar cerca del área de pediatría, Kail distinguió a una enfermera que caminaba por el pasillo y decidió detenerla. Le dedicó aquella sonrisa encantadora que sabía utilizar perfectamente cuando quería conseguir algo, una combinación de sus intensos ojos celestes y una expresión seductor

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Guapo... guapo... no es

    A la mañana siguiente, apenas comenzaba a entrar la luz del sol por los ventanales cuando la puerta de la habitación se abrió con un escándalo considerable. Lo primero que apareció fue un enorme ramo de rosas, seguido por varios globos que anunciaban la llegada de un bebé. Detrás de aquella montaña de flores y colores surgieron unos ojos celestes y una sonrisa tan traviesa que Giorgio supo inmediatamente quién había decidido interrumpir su tranquilidad.—¡BUENOS DÍAS, FAMILIA BELLAMONTE! —anunció Kail, entrando como si estuviera inaugurando un evento de gala—. ¡Hola, preciosa! ¡Vengo a felicitar personalmente a nuestra futura mamá!Lia soltó una carcajada al reconocerlo.—¡Kaiiiiil! ¡Pero mira todo lo que trajiste!El ruso dejó cuidadosamente las flores sobre una mesa y acomodó los globos junto a la ventana, asegurándose de que quedaran perfectamente visibles. Después se alisó el traje con ambas manos, como si acabara de realizar un trabajo extraordinariamente complicado, y se volvió

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Será un abuelo consentidor

    La habitación de la clínica estaba completamente iluminada y el ambiente había cambiado de manera radical desde que el médico les había comunicado la noticia. La angustia de la noche anterior había dado paso a una felicidad que parecía contagiarse entre todos los presentes. Fiorella no conseguía permanecer quieta ni un segundo, caminaba de un lado a otro con una sonrisa enorme mientras imaginaba todas las cosas que podría hacer cuando naciera el bebé. Jean, sentado cómodamente en uno de los sillones, la observaba con una mezcla de ternura y diversión, disfrutando de la alegría de su pequeña pitufa, quien parecía haber olvidado por completo que ya era bastante tarde.—¡Un pequeño bebé, prima! ¡Voy a ser tía! —exclamó Fiorella por enésima vez, acercándose a la cama para tomar las manos de Lia—. ¡No puedo creerlo! ¿Viste la cara que puso Gio? ¡Estaba tan feliz! Creo que nunca lo había visto sonreír de esa manera. Ay, Lia, ese bebé va a ser el niño más consentido del mundo, te lo aseguro.

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Yo lo sabíaaaaaa... porqué nunca me creen...

    En la sala de espera, Kail fue el primero en verlo aparecer.El ruso estaba cómodamente instalado en uno de los sillones, mientras Fiorella terminaba su helado y Jean revisaba algunos mensajes en su teléfono. En cuanto vio la expresión de Giorgio, Kail se incorporó ligeramente y sonrió con malicia.—¡Ahí está nuestro italiano favorito! —exclamó—. ¿Ya te lo dijeron, Bellamonte? ¿Cuánto tiene la Mamba? ¿Cuándo llega la pequeña mambita?Giorgio se detuvo frente a ellos, todavía incapaz de borrar aquella sonrisa de su rostro.—Es muy pequeñito todavía —respondió, con los ojos brillantes—. Pero está sano. El médico dice que está bien y que Lia también se encuentra saludable, falta mucho para saber si será una pequeña mambita o un bichito.Kail levantó ambos brazos hacia el techo.—¡LO SABÍAAAAAAAAAAAAAAAA!Su grito resonó por toda la sala de espera, provocando que una enfermera asomara la cabeza desde el pasillo para comprobar qué estaba ocurriendo.—¡JA! ¡TE LO DIJE, ENANITA! —continuó Ka

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Si necesita 10 médicos, le traeré 20

    Durante varios segundos, el silencio se apoderó de la habitación. Giorgio continuaba mirando al médico, todavía incapaz de asimilar aquellas palabras que acababan de cambiar sus vidas, mientras Lia mantenía los ojos fijos en la pequeña imagen que sostenía entre sus manos.Sus dedos temblaban ligeramente al recorrer el papel, contemplando aquella diminuta figura que apenas comenzaba a formarse en su vientre. Una emoción profunda le oprimió el pecho cuando recordó la primera ecografía que había sostenido meses atrás, aquella que guardaba como uno de los recuerdos más dolorosos de su vida. Las imágenes eran tan parecidas que, por un instante, sintió que el tiempo retrocedía y que una parte de su corazón, aquella que había permanecido vacía desde su pérdida, comenzaba lentamente a sanar.Una sonrisa dulce apareció en sus labios mientras acariciaba la imagen con la yema de los dedos. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez no eran lágrimas de tristeza, sino de una felicidad tan ine

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