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Lucciana

Author: Angel Summer
last update publish date: 2026-10-28 10:54:15

Kail regresaba a la central después de haber salido a comprar un café. Caminaba tranquilamente por uno de los pasillos, con el vaso todavía caliente entre los dedos, cuando el sonido de varios golpes y las órdenes de un instructor llamaron su atención. Al pasar junto al gimnasio, observó a un grupo de hombres entrenando sobre las colchonetas, algunos practicando combate cuerpo a cuerpo y otros trabajando con los sacos de boxeo. Todo parecía desarrollarse con normalidad hasta que, en el extremo
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  • Traicionada... me casé con su enemigo   Lia, amor despierta

    Lia intentó mantenerse rígida durante unos segundos, pero en cuanto sintió los labios de Giorgio sobre su frente y escuchó aquella voz cargada de angustia, terminó aferrándose a su camiseta con ambas manos. Escondió el rostro contra su pecho y comenzó a llorar nuevamente, esta vez abrazándolo con tanta fuerza como si hubiera pasado semanas sin verlo.—¡Giooooo! —sollozó, apretándose todavía más contra él.Giorgio cerró los ojos y la estrechó con desesperación, acariciándole la espalda mientras depositaba pequeños besos sobre su cabello.—Shhh, tranquila, mi amor. Ya estoy aquí, preciosa. Perdóname por ocultarte lo del operativo, Lia. Tenías razón, debí contártelo y dejar que lo habláramos juntos. No volveré a tomar una decisión así a tus espaldas, te lo prometo. Solamente estaba asustado de que algo pudiera pasarte, pero eso no justifica que te haya hecho sentir como si no confiara en ti.Lia levantó ligeramente el rostro, con las pestañas empapadas.—Me hiciste sentir muy mal, Gio...

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Perdóname ¿Sí?

    La noche cayó sobre la mansión Bellamonte, envolviendo los jardines en una oscuridad apenas interrumpida por las luces de seguridad que iluminaban los senderos. Después de la discusión con Lia, Giorgio se había encerrado en su despacho y no había vuelto a salir durante toda la tarde. Ni siquiera quiso recibir a Jean cuando este intentó hablar con él sobre algunos asuntos pendientes de la organización. Había ordenado que nadie lo molestara, necesitaba estar solo, aunque la soledad estaba resultando mucho más insoportable de lo que imaginaba. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba la expresión de su esposa, la decepción que había visto en su mirada y aquellas palabras que continuaban repitiéndose en su cabeza: «Soy tu esposa, no una niña a la que puedes distraer con un viaje bonito mientras los adultos resuelven los problemas».Mientras tanto, en la habitación principal, Lia permanecía acostada sobre la enorme cama, abrazando una almohada contra su pecho. Fiorella estaba sentada a su

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Hoy duermes en la sala

    En la mansión Bellamonte, el ambiente dentro del despacho estaba tan tenso que parecía que cualquier palabra equivocada podría desencadenar una verdadera tormenta. Giorgio permanecía sentado en uno de los sillones, observando a su esposa, quien caminaba de un lado a otro con los brazos cruzados y el rostro encendido por la indignación. Lia llevaba varios minutos intentando controlar su temperamento, pero cada vez que recordaba lo que acababa de descubrir, la rabia volvía a apoderarse de ella. Lo que más le molestaba no era que Giorgio hubiera organizado una operación para capturar a sus enemigos, sino que hubiera decidido mantenerla completamente al margen, como si ella fuera incapaz de comprender los riesgos o de participar en una decisión que también afectaba su vida.Giorgio siguió sus movimientos con la mirada, consciente de que aquella vez no bastaría con una sonrisa encantadora ni con uno de sus habituales intentos de hacerla reír. Conocía demasiado bien a Lia y sabía que, cuand

  • Traicionada... me casé con su enemigo   Lucciana

    Kail regresaba a la central después de haber salido a comprar un café. Caminaba tranquilamente por uno de los pasillos, con el vaso todavía caliente entre los dedos, cuando el sonido de varios golpes y las órdenes de un instructor llamaron su atención. Al pasar junto al gimnasio, observó a un grupo de hombres entrenando sobre las colchonetas, algunos practicando combate cuerpo a cuerpo y otros trabajando con los sacos de boxeo. Todo parecía desarrollarse con normalidad hasta que, en el extremo más alejado del salón, distinguió una figura femenina tan pequeña que casi desaparecía entre los enormes cuerpos de sus soldados.Kail se detuvo.Frente a un instructor que le sacaba casi dos cabezas de altura, una muchacha intentaba adoptar una posición de combate. Era delgada, de extremidades finas y rostro delicado, aunque ya no presentaba aquella apariencia enfermiza que él recordaba. Tenía el cabello recogido de cualquier manera y la frente cubierta de sudor. Sus pequeños puños estaban leva

  • Traicionada... me casé con su enemigo   ¡¡¡¡GIORGIO BELLAMONTE!!!!!

    Los días transcurrieron con una tranquilidad que, después de tantos ataques, comenzaba a parecer sospechosa. Sin embargo, Giorgio Bellamonte no estaba dispuesto a confiarse. Aunque los enemigos habían dejado de atacar y no se habían registrado nuevos movimientos sospechosos, sabía perfectamente que el silencio no siempre significaba que el peligro hubiera desaparecido. Por esa razón, había mantenido las medidas de seguridad y ordenado que cada una de sus propiedades permaneciera bajo estricta vigilancia, especialmente aquellas donde se encontraban las personas que más amaba.Aquella tarde, Giorgio estaba sentado detrás de su escritorio, revisando algunos documentos relacionados con las operaciones de los muelles, mientras Jean ocupaba uno de los sillones frente a él. Su amigo finalmente había conseguido recuperarse lo suficiente como para retomar algunas de sus responsabilidades, aunque todavía debía evitar los esfuerzos excesivos. El color había regresado a su rostro y sus movimiento

  • Traicionada... me casé con su enemigo   El amor te hace débil

    Ginebra retiró finalmente el arma y la guardó, aunque permaneció de pie frente al escritorio sin apartar los ojos del hombre. Tenía las manos tan apretadas que las uñas comenzaban a clavársele en las palmas, pero no le importaba. Después de tantos días de incertidumbre, estaba a punto de comprobar si habían cumplido con su parte del trato.Los segundos parecieron interminables.Finalmente, la puerta volvió a abrirse y dos guardias ingresaron sujetando a un hombre por los brazos. Llevaba la ropa sucia y arrugada, el cabello revuelto y el rostro marcado por el agotamiento. Era delgado, de piel clara y facciones delicadas, con una apariencia de fragilidad que contrastaba con los hombres enormes que lo escoltaban. Sus ojos verdes recorrieron el despacho hasta detenerse en Ginebra y, al reconocerla, se iluminaron inmediatamente.Los guardias lo soltaron sin demasiada consideración y el joven cayó de rodillas sobre el mármol, incapaz de mantener el equilibrio con las manos atadas.—¡JOAN!E

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