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Capítulo 3

Autor: Mila Mercado
last update Fecha de publicación: 2026-09-01 22:11:53

La noche en el hospital tenía un silencio distinto. No había paz. Era una clase de silencio tenso, como si la noche misma presagiara que algo ocurriría. 

Gael no se había movido de la silla. La mano de Valentina seguía entrelazada con la suya, aunque ella ya dormía. De vez en cuando fruncía el ceño, como si en sueños intentará recuperar pedazos de una vida que ya no recordaba.

La puerta se abrió con suavidad. Adrián entró. Traía el cuello de la camisa desabrochado y el gesto de quien ha estado conteniendo demasiadas cosas durante demasiado tiempo.

Se detuvo al verlos.

—Sal —ordenó en voz baja.

Gael levantó la vista.

—No.

—Sal ahora. No voy a discutir esto delante de ella.

Gael miró a Valentina. Su respiración era regular. Sólo entonces soltó su mano con cuidado y se levantó. Los dos hermanos salieron al pasillo.

Apenas la puerta se cerró, Adrián lo empujó contra la pared.

—¿Qué coño fue eso?

Gael no se defendió. Solo lo miró.

—Estaba aterrada. El médico dijo que no debíamos estresarla.

—Estabas a punto de confirmarle que eres su esposo.

—No dije eso.

—No lo negaste —espetó Adrián, bajando la voz aún más—. La dejaste creer que soy un extraño. Yo soy su prometido, Gael. Hoy íbamos a casarnos.

Gael apretó la mandíbula.

—Hoy casi muere. ¿De verdad quieres que lo primero que reciba al abrir los ojos sea una discusión sobre quién tiene más derecho a ella?

Adrián dio un paso atrás. Se pasó una mano por el rostro, exhausto.

—Esto no puede continuar. Mañana hablamos con el médico y le explicamos la verdad. Con calma. Con cuidado. Pero se lo vamos a decir.

Gael no respondió.

Porque una parte de él —la parte que llevaba años callando— no quería decirle nada.

Dentro de la habitación, Valentina abrió los ojos.

La silla estaba vacía.

El pánico la golpeó con una fuerza física. Se incorporó demasiado rápido y el dolor le atravesó la cabeza como un cuchillo. El monitor empezó a pitar con más fuerza.

—¿Gael? —llamó, con la voz rota—. ¿Gael?

La puerta se abrió de golpe. Gael entró primero, seguido de una enfermera. Valentina lo vio y el alivio le aflojó el cuerpo de inmediato. Extendió la mano hacia él como una niña perdida.

—Pensé que te habías ido…

Gael se acercó y tomó su mano otra vez.

—No me fui. Estoy aquí.

La enfermera revisó los monitores y le administró algo para el dolor. Mientras tanto, Valentina no dejaba de mirarlo, como si temiera que desapareciera en el segundo en que cerrara los ojos.

—No me dejes sola —susurró—. Por favor. Cuando te vas… siento que algo malo va a pasar.

Gael asintió.

—No me voy a ir.

Adrián observaba desde el umbral. La expresión de su hermano, la forma en que Valentina se aferraba a él, el modo en que el aire mismo parecía más tranquilo cuando estaban juntos… todo le resultaba intolerable.

Camila apareció detrás de él, con una taza de café en las manos y la mirada baja.

—¿Sigue sin recordar nada? —preguntó en voz baja.

Adrián no respondió de inmediato. Solo dijo:

—Mañana se lo vamos a explicar. Todo.

Camila asintió con una sonrisa suave.

—Claro. Es lo mejor.

Pero sus ojos se quedaron fijos en Valentina un segundo más de la cuenta.

~~~

Horas más tarde, cuando el pasillo ya estaba casi vacío, Gael se quedó solo otra vez a su lado. Valentina dormía, pero su mano seguía buscando la de él incluso en sueños.

Gael la miró durante un largo rato.

Recordaba demasiadas cosas que ella había olvidado.

Recordaba la última vez que la había visto llorar.  

Recordaba la discusión.  

Recordaba la promesa que le había hecho en voz baja, meses atrás, cuando nadie los veía:

«Si algún día tienes que elegir… elige lo que te haga menos daño.»

Ahora ella lo había elegido sin saberlo.

Y él no sabía si eso era un regalo o un castigo.

El teléfono de Gael vibró en su bolsillo. Sacó el aparato con cuidado. Un mensaje de un número desconocido.

Abrió.

Solo tres palabras:

~No te confíes. Ella recuerda más de lo que dice.

Gael levantó la vista hacia la cama. Valentina seguía dormida, con el ceño ligeramente fruncido.

Afuera, en el pasillo oscuro, alguien apagó la luz de emergencia de un solo golpe.

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