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Capítulo 5

Author: Mila Mercado
last update publish date: 2026-09-01 22:16:51

La noticia de que los frenos habían sido manipulados cambió el aire de la habitación.

Valentina se quedó muy quieta, con los ojos abiertos de par en par. El monitor cardíaco aceleró el ritmo. Gael lo notó de inmediato y apretó su mano con más fuerza.

—Respira —le dijo en voz baja—. Estoy aquí.

Ella lo miró como si él fuera la única cosa sólida en un mundo que se deshacía.

—Alguien… alguien quiso matarme —susurró—. ¿Por qué?

Nadie tenía una respuesta que pudiera darle.

Adrián se pasó una mano por la nuca, visiblemente tenso.

—La policía va a investigar. No vamos a dejar que esto se quede así.

Camila, que seguía en el umbral, bajó la mirada con expresión afligida.

—Es horrible… ¿Quién podría hacer algo así?

Su voz tembló justo lo necesario. La suficiente para que Adrián le pusiera una mano en el hombro, protectora, casi automática. Camila se dejó tocar. Disfrutó ese pequeño gesto más de lo que debía.

Gael observó la escena en silencio. Algo en la forma en que Camila se apoyaba en su hermano le resultó demasiado natural. Demasiado íntima.

~~~

Más tarde, cuando Valentina fue llevada a realizarse más estudios, los tres se quedaron en el pasillo.

Adrián fue el primero en hablar.

—Esto cambia las cosas. Si alguien intentó matarla, no podemos seguir jugando a este teatro.

Gael lo miró de frente.

—El médico fue claro. Si la forzamos, puede empeorar.

—Y si no le decimos la verdad, va a seguir creyendo que tú eres su marido —replicó Adrián, bajando la voz—. ¿Hasta cuándo piensas mantener esto?

Gael no respondió de inmediato. La pregunta le pesaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Camila intervino con tono suave:

—Tal vez… tal vez sea mejor que ella se sienta segura por ahora. Ya ha pasado por demasiado.

Adrián la miró. Por un segundo, algo pasó entre los dos. Un entendimiento silencioso, cargado de historia. Gael lo captó. No dijo nada, pero archivó el detalle.

Cuando se quedaron solos un momento, Camila se acercó más a Adrián. Habló en un susurro que solo él podía oír.

—Estás tenso.

—Claro que estoy tenso. Mi prometida no me reconoce y mi hermano está ocupando mi lugar.

Camila deslizó los dedos por la manga de su camisa, un gesto pequeño, casi invisible.

—Ella no es la única que te necesita —murmuró—. Nunca lo ha sido.

Adrián no retiró la mano. Tampoco respondió. Solo miró hacia el pasillo por donde se habían llevado a Valentina, con la mandíbula apretada.

Camila sonrió por dentro.

Cada hora que Valentina pasaba sin memoria era una hora más en la que el matrimonio perfecto se desmoronaba. Y ella estaba disfrutando cada segundo.

~~~

Cuando Valentina regresó a la habitación, estaba más pálida. Se aferró a Gael en cuanto lo vio.

—No quiero que te separes de mí —dijo sin preámbulos—. Cuando no estás, siento que algo malo se acerca.

Gael la ayudó a acomodarse en la cama.

—No me voy a ir.

Ella lo estudió en silencio durante un rato. Luego, en voz muy baja, preguntó:

—¿Tú… me querías antes de que yo olvidara todo ?

La pregunta lo dejó sin aire.

Adrián, que acababa de entrar, se detuvo en seco.

Gael sostuvo la mirada de Valentina. Mentir se volvía más pesado cada vez.

—Sí —respondió al fin, con honestidad peligrosa—. Te quería.

Valentina cerró los ojos un instante, como si esa respuesta le diera un poco de paz. Cuando los abrió de nuevo, había algo distinto en su expresión. Una sombra de duda.

—Entonces… ¿por qué siento que también hay dolor entre nosotros?

Antes de que nadie pudiera contestar, el teléfono de Adrián volvió a sonar. Esta vez contestó en la habitación. Su rostro cambió mientras escuchaba.

Colgó despacio.

—La policía encontró algo en el taller donde se revisó el coche la semana pasada —dijo—. Hay una cámara de seguridad. Alguien entró por la noche. Todavía no tienen el rostro claro… pero están ampliando la imagen.

Camila, desde su lugar junto a la ventana, sintió que el estómago se le contraía por primera vez.

Gael miró a Valentina, que ahora tenía los ojos muy abiertos, llena de miedo.

Y en ese preciso momento, Valentina llevó una mano a la sien, como si un dolor agudo la atravesara.

—Escuché… una voz —susurró, confusa—. Alguien decía: «No puedes casarte con él».

Se quedó callada, respirando agitadamente.

Nadie se atrevió a preguntarle a quién se refería.

Porque la respuesta, cualquiera que fuera, iba a romper algo que todavía no estaba listo para romperse.

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