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Capítulo 4

Author: Mila Mercado
last update publish date: 2026-09-01 22:12:33

Esa mañana. Valentina apenas había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, sentía que algo se le escapaba entre los dedos: un recuerdo, una voz, una sensación de peligro que no sabía nombrar. Solo cuando apretaba la mano de Gael el miedo bajaba un poco.

Adrián entró a la habitación poco después de las ocho. Traía una muda de ropa limpia y el gesto cerrado con ojeras visibles de no haber dormido.

—El médico quiere hablar con nosotros —anunció, mirando solo a Gael—. En privado.

Valentina se tensó de inmediato.

—¿Vas a irte? —preguntó, aferrándose más fuerte.

Gael se inclinó hacia ella.

—Vuelvo en cinco minutos. No me alejaré del pasillo.

Ella no pareció convencida, pero asintió con un movimiento mínimo de cabeza.

~~~

En la sala de espera, el doctor fue directo.

—La amnesia es selectiva. Recuerda cómo hablar, cómo caminar, incluso recuerdos antiguos de la infancia, pero los últimos meses… incluso el último año… están bloqueados. Es posible que recupere fragmentos con el tiempo. O que no los recupere nunca. Forzarla ahora sería un error.

Adrián cruzó los brazos.

—Necesita saber la verdad. Yo soy su prometido. No mi hermano.

El médico lo miró con paciencia profesional.

—Si se lo dice de golpe y ella no está lista, el estrés puede provocarle crisis de ansiedad graves. Ya tuvimos una anoche. Mi recomendación es que, por ahora, no la contradigan de forma agresiva. Dejen que se sienta segura. Luego, poco a poco, se le puede ir devolviendo la información.

Gael no dijo nada. Solo escuchaba.

Adrián apretó la mandíbula hasta que se le marcaron los músculos.

—Esto es una locura.

—Es medicina —respondió el doctor antes de marcharse.

~~~

Camila los esperaba al final del pasillo, apoyada contra la pared con una taza de café entre las manos. Cuando Adrián se acercó, ella levantó la vista y sonrió con esa dulzura que siempre usaba delante de los demás.

—¿Cómo sigue?

—Igual —contestó Adrián, bajando la voz—. Sigue creyendo que Gael es su esposo.

Camila asintió lentamente. Dio un sorbo al café para ocultar la curva que se le formó en los labios.

~Qué conveniente.

Durante años había esperado a que Adrián abriera los ojos. A que dejara de cumplir con el papel del hijo perfecto y el novio ideal. A que reconociera lo que había entre ellos desde hacía tanto tiempo: las noches en las que cruzaba a su habitación en silencio, las manos que se buscaban cuando nadie miraba, las promesas a medias que nunca se atrevían a decir en voz alta.

Y ahora Valentina, la elegida, la perfecta, la que iba a llevarse todo… estaba rota. Confundida. Aferrándose al hermano equivocado.

Camila sintió una punzada de placer oscuro en el pecho.

—Pobrecita —murmuró, con tono compasivo—. Debe ser horrible no recordar nada.

Adrián la miró de reojo.

—No digas nada delante de ella. Y menos delante de Gael.

—Claro que no —respondió ella con suavidad—. Nunca digo de más.

Pero cuando Adrián se alejó hacia la habitación, Camila se quedó sola unos segundos. Su expresión cambió. La dulzura se disolvió. En sus ojos quedó algo más frío, más satisfecho.

Había tenido miedo de que el accidente no fuera suficiente. De que Valentina despertara recordándolo todo. De que el matrimonio se celebrara igual.

Ahora, viendo cómo la novia perfecta se aferraba a Gael como a un salvavidas, Camila casi podía saborear la ironía.

~Disfruta mientras puedas, pensó. ~Porque esto apenas empieza.

~~~

Dentro de la habitación, Valentina estaba inquieta. Apenas Gael se sentó otra vez a su lado, ella buscó su mano de inmediato.

—Hablaban de mí —dijo en voz baja—. Sé que hablaban de mí.

—Solo del tratamiento —mintió Gael.

Ella lo estudió en silencio. Luego, con una honestidad que le dolió, preguntó:

—¿Por qué siento que te conozco mejor que a cualquiera… y al mismo tiempo no recuerdo nada?

Gael no tuvo respuesta.

Antes de que pudiera inventar una, el teléfono de Adrián vibró. Él lo miró, frunció el ceño y salió al pasillo para contestar.

Camila lo siguió con la mirada. Un momento después, se acercó a la puerta de la habitación y se quedó escuchando desde fuera, como si estuviera preocupada.

En realidad, estaba memorizando cada palabra.

Cuando Adrián colgó, tenía el rostro más tenso que antes.

—La policía quiere declarar sobre el accidente —dijo al regresar—. Hay indicios de que los frenos fueron manipulados.

El silencio que siguió fue denso.

Valentina abrió mucho los ojos.

—¿Alguien… intentó matarme?

Nadie respondió de inmediato.

Camila, desde el umbral, bajó la mirada con expresión entristecida. Pero por dentro, una sonrisa lenta y peligrosa se extendió.

Porque la policía podía investigar todo lo que quisiera.

Ella ya sabía exactamente quién había tocado esos frenos.

Y no pensaba decirlo.

Todavía.

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