Compartir

Tu arrepentimiento no me importa, José!
Tu arrepentimiento no me importa, José!
Autor: Wednesday Adaire

1

last update Fecha de publicación: 2026-03-12 23:37:05

POV de Nina

El aroma de las rosas marchitas en el jarrón de cristal del salón se sentía como un mal presagio que no había notado.

Hace apenas seis días, estaba de pie frente al altar, con un vestido blanco que simbolizaba pureza y esperanza, susurrando votos de fidelidad eterna ante Jose Vargas.

Esa tarde, entré en la casa con el corazón ligero. Llevaba una pequeña caja de tarta de chocolate de la pastelería favorita de Jose en el centro de Madrid.

Quería celebrar una pequeña victoria. La boutique que acababa de abrir había recibido su primer gran pedido. Quería compartir esa felicidad con el hombre que creía sería mi último refugio.

Pero el silencio en la casa esa tarde resultaba asfixiante. Un silencio extraño… hasta que se rompió con un sonido que hizo que mi corazón pareciera detenerse.

Risas suaves y gemidos que conocía demasiado bien.

Mis pasos se volvieron pesados, como si cada escalón hacia el piso superior fuera una espina clavándose en las plantas de mis pies. Cuanto más me acercaba al dormitorio principal, más claros se volvían los sonidos.

La voz de Rosalia. Es decir… ¿por qué Rosalia?

Mi mejor amiga desde la universidad. La mujer que sostuvo mi mano cuando me sentía nerviosa el día de mi boda, hace solo seis días.

La puerta del dormitorio no estaba completamente cerrada. Mi mano temblorosa empujó lentamente la pesada puerta de roble.

Jose—mi esposo—estaba abrazando a Rosalia.

La escena era tan explícita y repugnante que mi estómago se revolvió. La caja de la tarta cayó de mi mano, golpeando el suelo con un sonido sordo y definitivo. El chocolate en su interior quedó hecho pedazos, igual que mi corazón.

Ambos se sobresaltaron. Jose se giró rápidamente. Esperaba pánico. Esperaba que saltara de la cama y me suplicara perdón. Pero lo que recibí fue mucho más doloroso que la propia traición.

El rostro de Jose permanecía tranquilo. Frío. Sus ojos, que antes me miraban con una calidez falsa, ahora me observaban con aburrimiento, como si yo no fuera más que una molestia insignificante en su tarde.

—Nina —saludó Jose en voz baja, sin mostrar ni una pizca de culpa—. Has vuelto temprano.

—Nina… yo… puedo explicarlo —balbuceó Rosalia, intentando cubrirse con la sábana, pálida, pero Jose la detuvo.

—No hay nada que explicar, Rosa —interrumpió Jose con frialdad. Su mirada volvió a mí—. Nina ya lo ha visto todo. Esto es mejor que seguir escondiéndonos.

—Fuera —susurré. Mi voz casi no existía, devorada por el dolor aplastante en mi pecho—. ¡Fuera de mi casa, Rosalia! ¡AHORA!

Rosalia no discutió. Recogió su ropa esparcida por el suelo y pasó corriendo a mi lado sin atreverse a mirarme. El aroma de su perfume, flotando en el aire, se sentía como veneno.

Ahora solo quedábamos Jose y yo. Se levantó de la cama y se puso su bata con movimientos tranquilos, como si nada extraordinario hubiera ocurrido. Caminó hacia el tocador—donde mis perfumes y joyas estaban perfectamente ordenados—y tomó una carpeta marrón que claramente ya estaba preparada.

—¿Seis días, Jose? —mi voz finalmente se quebró junto con las lágrimas que caían sin control—. ¡Solo han pasado seis días! ¿Signifiqué tan poco para ti? ¿Tus votos ante Dios eran solo basura?

Jose se giró, apoyándose con despreocupación en el tocador, con los brazos cruzados.

—Nina, hablemos como adultos. Este matrimonio… fue un error desde el principio. Me casé contigo porque mi padre quería una esposa “dulce” y “obediente” para la imagen de la empresa. Pero no amo a una mujer rígida como tú. Eres demasiado aburrida, Nina. Demasiado ingenua para el mundo en el que vivo.

Cada palabra que salía de su boca se sentía como una cuchilla girando en una herida abierta. Lo miré sin poder creerlo. El hombre que me abrazaba cada noche, que decía que yo era su mundo, no era más que un actor perfecto.

—Me engañaste con mi mejor amiga en nuestra propia casa —dije, con la respiración entrecortada—. ¿Y me culpas a mí?

Jose dio un paso hacia mí, pero no me tocó. Se detuvo a aproximadamente un metro, manteniendo una distancia que dejaba claro que ya no éramos uno.

Extendió la carpeta marrón frente a mí.

—No conviertas esto en una larga telenovela. No tengo tiempo para tus lágrimas —dijo con frialdad—. Fírmalo. Lo preparé hace tres días.

Mis manos temblaban al tomar la carpeta. Cuando la abrí, el título en letras grandes en la parte superior hizo que mi visión se nublara.

Acuerdo de divorcio.

—¿Te estás divorciando de mí? —susurré—. Después de lo que hiciste, ¿eres tú quien me descarta?

—Exactamente —respondió sin emoción—. Ya lo he arreglado todo. Recibirás un pequeño apartamento en las afueras y una compensación para que puedas continuar con tu vida sencilla. Considéralo una indemnización por haber desperdiciado una semana de tu tiempo conmigo.

Me tendió una pluma dorada—la misma que usó para firmar nuestro certificado de matrimonio seis días atrás.

—Fírmalo ahora, Nina. Toma la poca dignidad que te queda y empaca tus cosas. Rosalia se mudará aquí la próxima semana. Necesito una mujer que esté a mi nivel, no una mujer de clase media que solo sabe cocinar y sonreír con timidez.

Miré el documento, luego al hombre frente a mí.

En ese instante, el amor que una vez sentí se redujo a cenizas, dejando en su lugar un fuego frío y ardiente de venganza en mis ojos. Dejé de llorar. Mi dolor había alcanzado su límite y se transformó en fuerza.

Tomé la pluma de su mano. Con un movimiento firme que lo sorprendió, firmé mi nombre en el papel.

—Tu dinero —dije, mirándolo fijamente—, guárdalo para tu abogado… o para tu futuro psiquiatra, Jose. Porque algún día, lo vas a necesitar de verdad.

—¿Quién te crees que eres, Nina, para hablar así? ¿Por qué necesitaría un psiquiatra? ¡Qué ridículo! —se burló Jose con una risa.

Le lancé el documento contra el pecho y caminé hacia el armario. No tomé muchas cosas, solo lo esencial y mi bolso de trabajo. Jose se quedó allí, observándome con una sonrisa arrogante y despreciativa, como si estuviera seguro de que volvería arrastrándome en pocos días.

—¡Tú serás la que se derrumbe sin mí, Nina! —gritó mientras salía de la habitación—. ¡Una mujer como tú no sobrevivirá sola en este mundo!

Bajé las escaleras, pasé junto a la tarta de chocolate destrozada en el suelo y salí por la gran puerta sin mirar atrás.

Dentro del taxi que me alejaba, posé una mano sobre mi vientre. Las náuseas que había sentido desde la mañana no eran solo por el dolor. Lo sabía.

Había hecho una prueba antes de que todo esto ocurriera.

Dos líneas rojas.

Estaba embarazada, pero eso nunca sería una razón para suplicar a un hombre que me había rechazado de manera tan consciente.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-50

    POV de THEOEl sol matutino inundaba el amplio salón de nuestra residencia en Madrid, proyectando destellos dorados sobre la mesa de centro donde descansaba un centro de flores frescas y un par de tazas de café humeante. La tranquilidad que reinaba en el ambiente no era una tregua pasajera ni una ilusión frágil; era la constatación diaria de que la paz había echado raíces profundas en nuestra vida cotidiana.Sentado en el extremo del sofá de lino, repasaba en la pantalla de mi tableta los últimos comunicados emitidos por la Fiscalía y el Ministerio de Justicia. El proceso contra los remanentes de Aegis Capital en el extranjero avanzaba con una precisión quirúrgica e inexorable. Las autoridades helvéticas e internacionales habían culminado el embargo de los fondos opacos, completando la transferencia de los recursos confiscados hacia la fundación creada por Nina. Ya no quedaban cabos sueltos, ni vacíos legales, ni figuras en las sombras con la capacidad de amenazar el equilibrio de nue

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-49

    POV de NinaEl aire de la tarde en el jardín de nuestra residencia en Madrid tenía esa densidad tibia y transparente propia del final de la primavera. El murmullo lejano de la ciudad apenas llegaba hasta nosotros como un zumbido amortiguado, incapaz de alterar el microclima de serenidad que habíamos tardado tanto tiempo en edificar.Me encontraba sentada en la pérgola de madera del patio, con un ordenador portátil descansando sobre mis rodillas y una taza de té helado a medio terminar sobre la mesa de teca. En la pantalla, el borrador de mi nueva novela ya no mostraba las correcciones apresuradas ni los pasajes oscuros que solían caracterizar mis entregas anteriores. Cada página avanzaba con una cadencia limpia, enfocada en la reconstrucción, en la dignidad recuperada y en el calor cotidiano de un hogar real.A unos metros de mí, sobre la hierba recién cortada, Mateo y Theo intentaban hacer volar una cometa con forma de dragón que Carlos les había regalado el fin de semana anterior. L

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-48

    Pov de TheoEl sol de la mañana se filtraba por las cortinas del dormitorio principal, proyectando una franja dorada que cruzaba la cama. Nina seguía dormida a mi lado, con el rostro relajado y una mano descansando sobre mi pecho. Observarla en ese estado de vulnerabilidad absoluta, sin la rigidez que durante tanto tiempo acompañó cada uno de sus despertares, era la prueba más incontestable de que la pesadilla había terminado.Me deslicé fuera de las sábanas con el menor ruido posible, cubriéndola con el edredón antes de calzarme las zapatillas y ponerme una bata ligera. Salí al pasillo en penumbra y bajé la escalera hacia la planta baja, donde el silencio matutino de la casa solo era interrumpido por el leve rasgar de las garras de Capitán sobre el parqué mientras se desperezaba en el salón.Al llegar a la cocina, preparé la cafetera con la parsimonia de quien ya no tiene urgencias ni llamadas de crisis que atender. Mientras el café comenzaba a borbotear, el silbido sordo de la puert

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-47

    POV de NinaEl crepúsculo sobre la capital traía consigo una brisa suave y templada que olía a tierra mojada y a las primeras flores de los castaños. Sentada en la terraza del piso superior de nuestra residencia, observaba cómo las luces de Madrid comenzaban a encenderse una a una, trazando un mapa de constelaciones doradas sobre el asfalto. El rumor distante de la ciudad ya no sonaba como una amenaza velada o un laberinto lleno de trampas; se había convertido en un simple telón de fondo, en el murmullo constante de un mundo que seguía su curso mientras nosotros disfrutábamos del privilegio de la calma.Sobre la mesa de teca descansaba mi viejo ordenador portátil junto a una taza de manzanilla con miel. El cursor parpadeaba en el centro de la pantalla, encabezando el cierre del último capítulo del borrador de mi nueva novela. Escribir sin la urgencia de defender mi vida o sin el peso de un secreto doloroso se sentía como aprender a respirar por primera vez tras una larga inmersión en

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-46

    POV de TheoEl aroma a cruasanes recién horneados y café de tueste natural llenaba el Comedor de la residencia a las ocho de la mañana. No había prisas, ni carpetas confidenciales sobre la mesa, ni el sonido estridente del teléfono satelital interrumpiendo el desayuno. La luz del sol madrileño se filtraba a través de los visillos transparentes, dibujando destellos dorados sobre la vajilla de porcelana.Mateo estaba sentado en su silla, untando mantequilla en una tostada con una concentración casi cómica mientras *Capitán*, nuestro mestizo, permanecía echado debajo de la mesa con la cabeza apoyada entre las patas, atento a cualquier miga que pudiera caer al suelo.—Papá, ¿es verdad que hoy viene el tío Carlos a comer? —preguntó Mateo levantando la vista con la comisura de los labios manchada de mermelada de fresa.—Así es, campeón —respondí, dejando el periódico del día sobre la mesa para limpiarle la cara con una servilleta de lino—. Y me ha prometido que te traerá esa maqueta de barc

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-45

    POV de NinaEl rumor distante del tráfico del paseo de la Castellana era solo un murmullo amortiguado tras los gruesos cristales del despacho principal de nuestra residencia. La tarde caía con una lentitud dorada sobre las copas de los árboles del jardín, filtrando una luz cálida y anaranjada que dibujaba franjas de luz sobre las estanterías de roble, abarrotadas de tomos jurídicos, ejemplares de mi novela en diversos idiomas y álbumes de fotos familiares.Me encontraba sentada frente al escritorio de caoba, con las manos apoyadas sobre el teclado del ordenador portátil. La pantalla en blanco parpadeaba con la paciencia de un lienzo a la espera del primer trazo. Durante meses, escribir había sido para mí un acto de defensa propia, un ejercicio de reconstrucción de pruebas o una carrera contra el tiempo para denunciar una red criminal. Hoy, sin embargo, el cursor parpadeante no exigía tensión ni urgencia; exigía verdad.Un ligero golpe en la puerta de madera me hizo levantar la vista.

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status