LOGINLas deudas de Valeria se acumulaban y la hipoteca de la casa que había heredado estaba a punto de vencer. Desesperada, Valeria sabía que tenía que tomar una decisión drástica para salvar su hogar. Una tarde, mientras revisaba sus opciones, encontró un anuncio en internet sobre la venta de óvulos. La suma de dinero que ofrecían era considerable y podría resolver sus problemas financieros. Sin embargo, la idea de vender una parte de sí misma le resultaba perturbadora. Pasó días pensando en la propuesta, luchando con sus sentimientos y la necesidad de sobrevivir. Finalmente, la presión de las deudas y el miedo a perder la casa la llevaron a tomar la decisión. Valeria se dirigió a la clínica de fertilidad con el corazón pesado, pero decidida a seguir adelante. El proceso fue rápido y profesional. Los médicos le explicaron todo con detalle y le aseguraron que sus óvulos serían utilizados para ayudar a parejas que no podían tener hijos. Después de completar el procedimiento, Valeria recibió el dinero y pudo pagar la hipoteca y algunas deudas. Aunque se sentía aliviada, una parte de ella no podía dejar de pensar en los óvulos que había vendido. ¿Qué pasaría con ellos? ¿Quiénes serían los padres de esos posibles hijos? Pero después se enteró de una trágica noticia que la hizo tomar la decisión de buscar al hijo procreado de su óvulo.
View MoreJavier estaba sorprendido al ver a Rebeca allí, de pie en la cocina, con esa sonrisa que siempre había tenido el poder de desarmarlo. No podía creer que el destino lo hubiera llevado a este momento, justo cuando pensaba que había logrado salir de su pasado.—Hola, Javier. ¡Qué sorpresa encontrarte aquí después de tanto tiempo! —dijo Rebeca, con su tono despreocupado que contrastaba con la tensión palpable en el aire.Valeria, sin entender la razón de la palidez de Javier, miró a ambos con curiosidad.—¿Javier, pero qué tienes? ¿Acaso te sientes mal? —preguntó, frunciendo el ceño.Javier tragó saliva, intentando recomponer sus pensamientos. La presencia de Rebeca era un recordatorio doloroso de un capítulo que había intentado cerrar.—No, no es nada. Solo… un poco de sorpresa —respondió, forzando una sonrisa que no alcanzó a ocultar su incomodidad—. Pensé que te habías ido de la ciudad.Rebeca se acercó un poco más; sus ojos brillaban con una mezcla de desafío y diversión.—Vaya, parec
Javier respiró hondo, intentando calmar su corazón que latía desbocado. La idea de que Valeria pudiera entrar en ese momento lo llenaba de pánico. No podía permitir que todos sus planes se destruyeran por un momento de calentura. —Tania, por favor, ¡rápido! Vístete y enciérrate en el baño, Valeria quiere entrar—susurró, mientras miraba hacia la puerta, donde Valeria seguía llamando.Tania, aún aturdida, se levantó de la cama y comenzó a buscar su ropa en el desorden de la habitación. Javier, por su parte, se acercó a la puerta y trató de mantener la calma.—Valeria, un momento, por favor. —dijo, intentando sonar despreocupado.—¿Qué pasa, Javier? —respondió Valeria desde el otro lado, su voz tensa. —¿Puedo entrar?Javier sintió que el sudor le corría por la frente. Necesitaba ganar tiempo.—Eh… estoy… estoy en la ducha. Solo dame un segundo. —mintió, mientras miraba a Tania, que finalmente había encontrado su ropa.—¿En la ducha? Bueno, pero date prisa. —dijo mientras miraba su reloj
Guillermo abrió la puerta con una mezcla de nerviosismo y determinación. La visión de Javier, parado en el umbral, lo tomó por sorpresa. —¿Qué haces tú aquí, Javier? preguntó Guillermo, tratando de mantener la calma frente a su hija Laura, quien observaba la escena con curiosidad.—Vine a buscar a Valeria, respondió Javier, con una sonrisa que delataba su triunfo.Guillermo, consumido por los celos, replicó:—Tú no tienes por qué buscar a Valeria. Ella es mi mujer.—Un momento, Guillermo, —interrumpió Valeria— con una firmeza que sorprendió a todos. ——Yo no soy tu mujer. ¿Acaso se te olvida que tu mujer es Tania y que ayer confirmaste que el hijo que espera es tuyo?Javier, sintiendo que la situación estaba a su favor, se acercó a Valeria para ayudarla con la maleta mientras decía:—Ya todo está listo, podemos irnos cuando gustes.—Pero entonces, ¿tú sabías que este hombre vendría a buscarte? Se puede saber a dónde vas. —dijo Guillermo, impotente y lleno de celos.—Eso no es tu asunt
Guillermo, con el sobre aún en sus manos, se sintió abrumado por una mezcla de ansiedad y expectativa. La tensión en el aire era palpable, y Tania, consciente de la gravedad del momento, contenía la respiración.— ¿Qué dice, Guillermo? —preguntó Tania, su voz temblorosa revelando su nerviosismo.Guillermo, tras una pausa que pareció eternidad, finalmente rompió el silencio.— Los resultados son claros, Tania. El niño es... es mío.Un suspiro de alivio escapó de los labios de Tania, aunque su expresión se tornó rápidamente en una mezcla de satisfacción y preocupación. Sabía que este resultado aseguraba su lugar en la mansión, pero también comprendía que la relación entre Guillermo y Valeria podría estar irrevocablemente dañada.— Esto cambia todo, Guillermo —afirmó Tania, intentando proyectar una imagen de confianza—. Podemos construir una familia juntos.Guillermo, sin embargo, parecía perdido en sus propios pensamientos. La revelación de la paternidad no solo traía consigo un sentido


















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