Mag-log in(PUNTO DE VISTA: IVY)—¿Cómo que está ahí?Dejé el cuaderno abierto sobre la colcha, fui hasta la maleta que traje del aeropuerto y la abrí de un tirón.Entre dos blusas, boca abajo, donde la metí la tarde que me fui de esa casa. La saqué.Eleanor, rubia, con la taza en una mano y la otra en el pelo, riéndose en un sofá crema.La volteé y vi la tinta azul.«Él tampoco pudo salvarla».La puse sobre la hoja del cuaderno, pegada a la frase, y las dos letras quedaron una junto a la otra. La «t» de «tampoco», con la barra tan larga que se comía a la letra de al lado.La misma barra. La misma mano.—Es la misma letra, Diane. La escribió ella. —Me temblaba el pulso—. Y esta foto la tuve todo este tiempo, y yo pensando que había sido una jugada de Vera.—Ay, hija.—Y le dije a mi marido que la había tirado. —Me limpié la cara con la muñeca—. Es lo único que negué tener y lo único que me traje de esa casa. Una mujer pidiendo que alguien la encontrara, y yo la leí como un insulto de Vera.—Vera
(PUNTO DE VISTA: IVY)—Ese lugar no lo pedí yo. —Me oí subir el tono y no lo pude bajar—. Me lo puso en la mano él, delante de Harold, con mi madre a solo unos días de quedarse sin medicamento. Harold seguía siendo mi marido, Diane. Y Rocco me pidió ahí mismo que me casara con él, y yo, en vez de mandarlo al diablo, lo pensé. Ay, Dios… con mi marido a dos metros, lo pensé. —Me tapé los ojos—. Fue ese lugar el que le salvó la vida a mi madre.—Espérate, hija. Antes de que sigas leyendo. ¿Tú entendiste bien lo que acabas de leerme?—Entendí que esa silla es la mía, la que me corresponde como esposa del fundador y la razón por la que me casé con él, para darle un lugar a mi madre, ¿no es sobre eso lo que se habla aquí?—Entendiste la mitad. —Oí a Diane acomodarse—. Te lo voy a decir con palabras de cocina, que para eso soy buena. Esa fundación la levantó tu marido con su propio dinero, pero lleva el nombre de la difunta y el estatuto lo escribió ella. ¿Y qué hizo él el día que te casaste
(PUNTO DE VISTA: IVY)—Estoy sentada.—No hace falta que me mientas, hija.Me froté las sienes e inhalé profundo, por si se me escapaba el llanto.—Estoy de pie delante de un espejo como una imbécil, Diane, ¿qué quiere que le diga?—Que sigas leyendo. Porque lo que viene es peor y es mejor al mismo tiempo, no sé ni cómo explicarlo.Volví a la cama. La hoja siguiente tenía una sola palabra en el medio, con dos rayas debajo, hundidas en el papel de tanto apretar el lápiz.—¿«Lenore»?Lo dije en voz alta para oír cómo sonaba. Lo repetí bajito, con el dedo debajo de la palabra, y el dedo se me quedó quieto en la tercera letra.Después dije el otro, el que llevaba un mes en la cabeza:—Eleanor.—¿Qué pasa, hija?—Escuche. —Fui contando con la uña sobre la hoja—. E, L, E, A, N, O, R. Y esta: L, E, N, O, R, E. Le quita la A, le cambia las letras de sitio y le sale esta. Es el mismo nombre, Diane. Es el de ella con una letra de menos.—Ya lo sé.—¿Cómo que ya lo sabe?—Lo conté igual que tú.
(PUNTO DE VISTA: IVY)Saqué el cuaderno de abajo.La letra era chica, como las que aprenden las niñas a las que les enseñan a escribir con el codo pegado al cuerpo. La reconocí en la primera línea, y eso solo ya me revolvió el estómago, porque esa misma letra la tuve yo en la mano hace poco más de un mes, en tinta azul, detrás de una foto que le había dicho a mi marido que había tirado a la basura… y sin embargo me había traído conmigo, sin saber por qué.Solo por una corazonada.«Hoy encontré un abrigo gris en mi clóset, entre mis cosas. No es mío: es dos tallas más chico y huele a una colonia de mujer que yo no uso. Lo doblé y lo guardé en el baúl. Que venga alguien a preguntar por él».Me reí con la boca cerrada. ¿Doblarlo y guardarlo? Mira qué señora.«Mi marido me manda cosas al cuarto. Hoy, duraznos y un médico nuevo. Yo quería que subiera él».Esa línea la leí varias veces.Yo había recibido del mismo hombre, un termo de acero todavía caliente. Una maleta de cuero con una muda
(PUNTO DE VISTA: IVY)—Fírmalo gratis, Vera. Hazlo esta noche si quieres. —Me salió la voz tranquilísima, pero con el tono que usa mi madre cuando ya se enojó—. Porque el día que me acusen de haberte arrastrado por ese jardín, yo no lo voy a negar. Lo hice. Lo pienso contar yo misma, con mi nombre completo, en el mismo sitio donde tú firmes. Y voy a contar también qué estabas haciendo tú dos minutos antes. A ti nadie te va a preguntar qué tal te fue después, porque de las mozas no se habla, eso me lo enseñó esa ciudad hace nada.—Eres igual que ellos…—Me estoy volviendo, sí. —Le dejé caer el silencio entero—. ¿Algo más? Que tengo que secarme, no sé si lo sabías: estoy de luna de miel con mi marido, y tenemos cositas pendientes. Me colgó ella. Claro… si es lo que hace la gente de esa familia cuando se queda sin nada.Mira tú qué conveniente venir a usar lo del chisme de la luna de miel…El teléfono se sentía caliente en la mano, seguía temblando como una idiota. ¡Increíble! Le gané la
(PUNTO DE VISTA: IVY)Me metí en la ducha del hotel con una idea fija: si algo iba a perder… lo iba a perder esta noche.Por la mañana me habían dado contra una lámina de hojalata en una caseta de obra, y después anduve medio día con una carpeta debajo del brazo y la boca seca.El agua caliente se acabó a los cuatro minutos. Me quedé debajo igual, con la frente contra los azulejos, y me revisé. Buscaba sangre.Me vi los dedos y no había nada. Ni una gota, ni un hilo, nada.Las dos pérdidas que había tenido anteriormente, me tenían con el corazón en la garganta cada vez que me tocaba entrar al baño y comprobar si estaba sangrando otra vez.No me dejaba dormir la idea de esas dos cunas que compré con la cabeza y nunca pude con las manos…—Si te quedas, te quedas, óyeme bien… —le reproché al desagüe y me sentí tan estúpida. Llevaba días hablando con los desagües solo para no tener que dirigirme directamente a lo que crecía en mi vientre.Salí con la bata del hotel y el pelo chorreando,







