Home / Romance / Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro / CAPÍTULO 12: SIÉNTATE, ROCCO

Share

CAPÍTULO 12: SIÉNTATE, ROCCO

Author: Luna Rose
last update publish date: 2026-09-07 09:27:33

(POV: Ivy)

Mi madre despertó y lo primero que hizo fue mirarme las manos.

—¿Y tu anillo? —inquirió y ahí supe que estaba lúcida.

—Mamá…

—Ivy. —Se incorporó unos centímetros en la almohada, y le costó—. ¿Dónde está tu anillo?

—Se lo devolví el domingo, mamá, después de… —no pude terminar.

Se quedó mirando el techo un rato largo. Mi madre nunca grita. Cuando algo le duele de verdad, se queda callada y te hace esperar.

—¿Y cómo hiciste con el medicamento, hija? —preguntó al fin—. La enfermera dijo
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro   CAPÍTULO 73-2: ESTA NOCHE LE PEDIRÉ UN HIJO

    (PUNTO DE VISTA: ROCCO)Arrancó sin decirme nada más.Subí los cuatro pisos por la escalera y me paré delante de su puerta con la tarjeta en la mano buena. Del otro lado corría el agua de la ducha.Con esta misma tarjeta entré ayer a mirarla dormir, y podía volver a hacerlo. Pero acababa de decirme que quería estar sola, y a Pietro le prometí que a su puerta no iba a llamar.Me guardé la tarjeta y me quedé con la frente a dos dedos de esa madera hasta que se me pasaron las ganas y me vinieron otras peores.Bajé.El salón del bar de ese hotel tenía las sillas puestas sobre las mesas y un piano con la tapa cerrada. El encargado de la noche me siguió desde el mostrador secándose las manos.—Necesito este salón esta noche. Cerrado, y sin nadie más adentro.—Lo siento, señor, el salón es de uso común y mañana a las seis se sirven los desayunos. No está en mi mano.—¿Y en la mano de quién está?Dudó, y me dio el nombre del dueño y la ciudad donde vive. Lo llamé delante de él, desde el mostr

  • Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro   CAPÍTULO 73-1: TIENES LA CIUDAD ENTERA Y DINERO DE SOBRA

    (PUNTO DE VISTA: ROCCO)Subió al auto y se sentó detrás, bien pegada a la puerta. Se llevó la mano al estómago y la quitó de golpe.Esa mano se le va ahí sola. Anoche, dormida, la tenía en el mismo sitio.—Al hotel —dijo—. Y tú adelante.Me senté adelante, con la rodilla manchada de barro, al lado de Pietro, que condujo sin radio y nadie respiró ni fuerte en ese auto.—Mañana paso por ti a las ocho menos cuarto —murmuré, sin girarme.—Ya sé a qué hora es la cena.—Entonces a las ocho menos cuarto.—Rocco. —Esperó a que la mirara por el espejo—. Lo de hace un rato no te lo dije porque te quiera en esa mesa. Te lo dije porque no quiero entrar sola a la casa de ese hombre, no me importa quién sea. No confío en ninguno… —se calló un momento, bajó la cabeza—. Ni siquiera en ti, pero, ¿qué otra cosa me queda?—Lo sé.—¿Y vas a ir igual?—Eso haré, Ivy. Eres mi mujer. No dijo nada más. En el espejo se le veía el borde de la cara contra la ventana. Respiraba hondo y despacio, obligándose a n

  • Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro   CAPÍTULO 73: ¿QUIÉN ERA ESA MUJER?

    (PUNTO DE VISTA: ROCCO)Me fui al auto antes de que ella pudiera decir otra cosa, porque si se quedaba callada otra vez me iba a tocar soportarlo otra vez.Le acababa de dar lo que llevo meses negándole. Me lo pidió en aquel momento y le dije que no: que el día que me lo pidiera iba a ser porque me quisiera en esa mesa. Hoy me lo pidió igual de obligada que entonces para no entrar sola en la casa de otro hombre.Y dije que sí en dos segundos.Delia y los otros tres recogían estacas a veinte metros, haciendo ruido para que se viera que no estaban escuchando.Hartwell le preguntó si estaba bien.Justamente, es lo que no había podido sacarme de la cabeza. No el labio, ni la mano estirada, ni la cena. Un hombre con la boca abierta de un golpe mío, delante de cuatro empleados suyos, ¿y lo primero que le sale es preguntarle a ella si está bien?Yo, en veinte minutos, no le pregunté nada.Mierda.Pietro esperaba en la entrada del terreno con el motor encendido y la puerta de atrás abierta

  • Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro   CAPÍTULO 72-2: Y TRAIGA A SU MARIDO, SEÑORA

    (PUNTO DE VISTA: IVY)—Esa cara es tuya.—Eso ya lo sé. Dímelo otra vez.—Mía no, imbécil. Tuya. Tuya, carajo, ¡y métemela ya!—Siéntate.Me empujó sobre la silla y se quedó de pie, mirándome desde arriba, hasta que fui yo la que le desabrochó el cinturón. —No, ¿sabes qué? Siéntate tú.Cuando me hizo caso, me subí encima y me la metí yo, despacio, hasta abajo, con los dientes apretados contra su cuello.—Quieto... —Le puse las dos manos en el pecho—. No te muevas.Y se quedó quieto.Las manos en los brazos de la silla, los nudillos blancos, la mandíbula trabada, y yo moviéndome encima de él a la velocidad que me dio la gana.—Así. Así te gusta, ¿no? —Me clavé más—. Quietecito, mirando sin tocar. Eso lo sabes hacer. Cuatro años mirándome de lejos... —Le subí la cara con dos dedos—. ¿Vera se te subió así? ¿Así de quieto te quedaste con ella?La voz que le salió no la había oído nunca en cuatro años.—No me hagas esto…—Te lo hago, tú no pensaste en mí ni una sola vez.—¿Señor Blackston

  • Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro   CAPÍTULO 72-1: ESA CARITA QUE ESTÁS HACIENDO AHORA...

    (PUNTO DE VISTA: IVY)Me siguió sin decir una palabra, y eso me dio más rabia que el golpe.La caseta del vigilante era un cuarto de láminas con una silla, un catre y un calendario de ferretería de hace dos años. Olía a cemento mojado. Eché el pestillo yo.—Antes de que me preguntes nada: yo fui quien dejó que le abrieran las puertas. —Se quedó de pie contra la lámina—. Yo dejé entrar a esa mujer a mi casa. Eso primero.—No te iba a preguntar nada.—Ya lo sé. Por eso te lo digo. —Estiró la mano buena—. Y dame mi reloj.—¿Para eso subiste anoche? ¿Para dejarlo y venir a cobrarlo?—Subí a verte dormir. El reloj lo dejé para tener por qué volver.Le tiré el reloj al pecho. Lo atrapó con la izquierda, sin mirarlo. La derecha se le quedó colgando donde estaba, muerta contra el muslo, y yo no pregunté por qué.—¿Un vestido, una nota y entrar a mi cuarto a mirarme dormir? —Me oí la voz de mi madre—. ¿Eso es lo que haces con una mujer que se fue de tu casa? ¿No hacen eso los enfermos?—Toda

  • Un Bebé Sorpresa para Mi Suegro   CAPÍTULO 72: QUÍTALE LA MANO DE ENCIMA A MI MUJER

    (PUNTO DE VISTA: IVY)Me desperté con el cierre del vestido clavado en la cintura y la boca seca.En la mesa de noche había un reloj que no era mío. Lo levanté y pesaba más de lo que debería pesar una cosa que solo sirve para decir la hora, y olía a él.Un hombre que entra a tu cuarto, te mira dormir y se va sin llevarse nada…Mis zapatos, que yo había dejado tirados de cualquier manera al lado de la cama, estaban juntos y en paralelo al pie de ella. Y encima, un sobre grueso. «Sra. Smith», a pluma. Dentro, una tarjeta con una dirección y una línea:«Mi chofer la espera abajo a las diez y media. —J. H.»—Qué buen gusto tienen los dos —le dije al cuarto vacío—. Lástima que ninguno sepa preguntar.Metí el reloj en el bolso y el bolso me pesó el doble. Si quería su reloj de vuelta, que viniera a pedirlo.Ahí abajo seguían los dos cuadernos de tapa dura de su difunta mujer, los que Diane me puso en las manos en un pasillo de hospital, debajo de la carpeta del concurso y del faldón de los

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status