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POV Evania El detective se marchó después de darme algunas indicaciones y asegurarme que continuarían investigando lo ocurrido.Sin embargo, en cuanto la puerta se cerró detrás de él, sentí que las piernas me temblaban.Me quedé inmóvil en medio de la sala, con las manos frías y el corazón latiéndome tan rápido que parecía querer salirse de mi pecho.Tenía miedo. Muchísimo miedo.No sabía qué hacer ni a quién acudir. Mi primer impulso fue llamar a mi padre, pero inmediatamente descarté esa idea. No quería mortificarlo, mucho menos darle una preocupación de semejante magnitud.Ya había pasado por demasiadas cosas y no necesitaba que ahora viviera angustiado por nosotros.Solo había una persona a la que podía llamar.Héctor. Tomé el teléfono con dedos temblorosos y marqué su número. Cuando respondió, apenas pude organizar mis pensamientos.—Necesito que vengas. Es importante.Mi voz debió de preocuparlo, porque no hizo demasiadas preguntas. Me dijo que llegaría enseguida.Y así fue.Cu
POV Mauro—No.Su respuesta fue tan tajante que sentí cómo la frustración me subía por el pecho.La miré, intentando encontrar alguna señal de duda en su rostro, algo que me permitiera insistir.Pero Cinthia parecía haber tomado una decisión.Y eso era lo que más me molestaba: que estuviera dispuesta a cerrarme la puerta sin siquiera darme una oportunidad.—Lo siento, Mauro, pero no puedo. Perdóname.¿Perdonarme?¡Como si unas cuantas palabras pudieran arreglar aquello!—Cinthia, espera…Pero ella ya se había dado la vuelta. Entró en la casa y, antes de que pudiera decir algo más, la puerta quedó entre nosotros.Me quedé inmóvil unos segundos, mirando aquella entrada cerrada.No me atreví a seguirla. No porque no quisiera, sino porque sabía que insistir demasiado podía empeorar las cosas. Tenía que actuar con inteligencia. No podía permitir que me viera desesperado, aunque por dentro estuviera furioso.—¡Maldita sea! —mascullé, pasándome una mano por el cabello.¿Cómo podía estar suced
POV CinthiaAl día siguiente.Finalmente regresamos a casa.Mi madre nos había llamado por teléfono para contarnos lo que había sucedido con mi hermano y mis sobrinos.Al principio, cuando escuché la palabra accidente, sentí que el corazón se me detenía.Sin embargo, después de saber que todos estaban fuera de peligro, pude respirar con tranquilidad.Había sido un susto terrible, pero, afortunadamente, no había ocurrido una tragedia.Me sentía diferente.No sabría explicarlo, pero había una felicidad extraña instalándose dentro de mí. Una sensación cálida, como si poco a poco estuviera recuperando algo que había perdido hacía mucho tiempo.Y tenía que admitir que Héctor era una parte importante de aquello.Todavía tenía muchas preguntas. Había cosas de nuestro pasado que no comprendía y recuerdos que seguían siendo un enorme espacio en blanco.Pero cuando estaba con él, experimentaba una tranquilidad difícil de ignorar.Quizá era porque estaba esperando a nuestro hijo.Quizá porque, a
Lloraba sin poder contenerme. Tenía tantas emociones acumuladas que sentía que iba a desmoronarme en cualquier momento.Steven permanecía a mi lado y, de pronto, tomó mi mano con una familiaridad que me hizo sentir incómoda.La retiré inmediatamente.No sabía explicar qué era exactamente, pero había algo extraño en aquel hombre.Su manera de hablarme, aquella compasión que parecía demasiado ensayada y, sobre todo, sus palabras sobre la muerte de mi familia.¿De dónde había sacado semejante información?Lo miré con desconfianza.—¿Por qué piensa que mi familia murió?Steven abrió la boca, dispuesto a responder, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, vi salir a uno de los médicos por las puertas de emergencias.¡Un doctor!No esperé a que terminara de acomodarse la bata. Corrí hacia él, prácticamente desesperada, mientras mi corazón volvía a acelerarse.—¡Doctor! ¡Doctor, por favor!El hombre se detuvo y me miró.—¿Es usted familiar del señor Lisandro y de los dos pequeño
Sentí que el alma se me escapaba del cuerpo.Todo a mi alrededor se volvió confuso, las voces se mezclaban con mis propios pensamientos y apenas podía mantenerme en pie.Lo único que atinamos a hacer fue salir corriendo, subir al automóvil y dirigirnos al hospital más cercano.Necesitábamos llegar cuanto antes. Cada segundo que pasaba se sentía como una eternidad.No podía dejar de pensar en mis hijos. En Lisandro. En mi familia.¡No podía perderlos!La posibilidad de que estuvieran muertos me atravesaba el pecho como un cuchillo.No quería siquiera pronunciar esa palabra, ni imaginar un mundo en el que ellos ya no estuvieran conmigo. ¿Qué haría si los perdía?¿Cómo podría seguir respirando si mis hijos dejaban de existir? ¿Y Lisandro?¡Dios mío!Podía morir. Yo también podía morir si aquello terminaba de la peor manera.Apreté las manos contra mi pecho, intentando controlar el temblor que me recorría el cuerpo. Quería rezar, pedirle a Dios que me los devolviera sanos y salvos, pero n
Al día siguientePOV EvaniaNo podía dejar de sonreír.Aquella mañana había despertado con una emoción difícil de describir.Lisandro y yo pronto íbamos a volver a casarnos.¡Iba a convertirme en su esposa!Pilar me acompañaría a comprar el vestido de novia.Mi padre también había querido venir, pero tenía algunos asuntos que atender y, siendo sincera, probablemente se habría aburrido después de los primeros quince minutos.Además, conocía perfectamente su opinión sobre las compras: para él, elegir un vestido podía resolverse en cinco minutos, mientras que para mí era una decisión que merecía toda una mañana.Sin embargo, había algo que ya estaba decidido.El día de mi boda, sería él quien me llevaría hasta el altar.Solo imaginarlo me provocaba un nudo en la garganta.Quería ver su expresión cuando me contemplara vestida de blanco, caminando. Seguramente intentaría disimular la emoción, aunque yo sabía que terminaría con los ojos húmedos.Esta vez sería diferente. Nos casaríamos por l







