로그인Me llamo Tomás Mora. En Semana Santa tenía pensado irme de luna de miel a la playa con mi esposa. Nunca imaginé que la mejor amiga de mi esposa también quisiera venirse con nosotros. Y lo más absurdo fue que en el hotel solo quedaba una habitación con cama matrimonial.
더 보기Ella me engañó, así que iba a demandarla. Llegué enseguida a casa, pero Brenda se me había adelantado. Sentí que se me helaba la sangre. Durante todos esos años de matrimonio, había estado metida en ese negocio sin que yo me enterara.Con razón me había dicho que acostarse con el jefe era cosa de trabajo. Resulta que era por cuestiones de trabajo. Al salir de la oficina, me fui directo a la comisaría a denunciarla.En cuanto llegué, el policía que me atendió empezó a investigar. Esperaba el resultado angustiado, y a la vez temía que Brenda acabara presa por todo esto. Al poco rato, el policía me dijo que no había pruebas de nada ilegal y que no podían hacer nada.Respiré aliviado. Brenda no acabaría en la cárcel por esto. Aun así, no podía creerlo. El dueño de esa empresa grababa videos pornográficos. De la cocina salía un olor delicioso a comida.Al verme llegar, Brenda me ayudó a quitarme el saco y me llevó a sentarme. Me masajeó los hombros y me dijo con dulzura:—Mi amor, seguro tu
Reaccioné.—Ah, así que tú eres el dueño de Cama Roja. Por lo visto, esa empresa de ustedes tampoco anda metida en nada bueno.Brenda ya se había vestido debajo de las sábanas.—Tomás, no seas tan quisquilloso. Además, ¿no te divertiste anoche con mi amiga? —dijo.La miré sin poder creerlo.—Tu amiga ya me contó todo. No es más que una trabajadora en el club, y tú le pagaste para que hiciera todo eso. ¿Qué es lo que pretendes?—¿Y eso qué tiene de malo? ¿No la pasaste bien? —contestó Brenda.El jefe también terminó de vestirse y dijo, riéndose:—Amigo, hazme caso en una cosa. En este mundo, ¿quién no se mete con tres o cuatro a la vez? No seas tan quisquilloso. Tu esposa estaba a tu lado y aun así te acostaste con otra. ¿Qué tanto tienes que reclamar?Sentí algo de remordimiento. Era cierto. Anoche Brenda estaba a mi lado; yo también hice todo eso y encima lo disfruté; la pasé de lo lindo.Pero eso había pasado con el permiso de Brenda, y ahora ellos se acostaban en mi propia cama a mi
Otra bomba. Brenda me ocultaba un montón de cosas. Samanta sonrió.—Te lo cuento de buena fe, pero ni se te ocurra decirle a tu esposa que yo te lo dije.Asentí, pero al recordar que Brenda me había pedido llevar a Samanta a su casa porque supuestamente tenía algo que hacer afuera, sospeché que ahí había gato encerrado.Le dije a Samanta:—Te doy dinero para el taxi. Tengo unos pendientes en la oficina que no puedo dejar.Tomó el dinero, aceptó y se fue sin perder tiempo. Cuando Samanta se fue, manejé hasta la empresa de Brenda. Quería saber qué hacía en realidad. Pero apenas llegué, el guardia de la entrada me detuvo.Entonces me di cuenta de que, en dos años de matrimonio, nunca había sabido a qué se dedicaba Brenda ni qué hacía cada día. Solo sabía que su empresa quedaba ahí.Levanté la vista. En el letrero se leía Cama Roja Producciones S.A. Debía de ser una productora de contenido. Me arreglé el cuello de la camisa y entré como si nada. Pero enseguida el guardia me cerró el paso.
Asentí, emocionado. Jamás imaginé que mi esposa fuera a proponer algo así por su cuenta, y vaya que me venía de maravilla.Le alcé la cara a Samanta y la hice montarse sobre mí. Enseguida estiré la mano y le agarré esos pechos firmes. La sensación era increíble. No cabía de la emoción; lo había deseado durante todo el viaje y por fin podía hacerlo.Me prendí de uno con la boca y sentí cómo le palpitaban las venas. Era una maravilla. Ya la tenía al borde del orgasmo; entre súplicas me dijo:—Ya dame lo que quiero, papito.Asentí, y entonces Samanta se montó encima. No cualquiera podía envolverme así de apretado. Seguimos así durante tres largas horas, hasta quedar tendidos en la cama, satisfechos.Sin duda fue la vez que más gocé en toda mi vida. Sentí que me exprimió hasta la última gota que había acumulado en la semana. Me quedé recostado sobre Samanta, acariciándola y disfrutando de ese calor que queda después del placer.Brenda estaba tendida a un lado; nos miraba, también muy excit






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