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Capitulo 3. Atrapada

Author: Viviana
last update publish date: 2022-10-10 07:25:50

—Doc. ¿Usted la reviso por completo?

—¿A qué te refieres? —El médico le pregunta sirviéndose un vaso con agua.

—Ya sabe, he encontrado a la dama a medio vestir y llena de golpes en medio del desierto. ¿No cree que eso amerita pensar en otras opciones?

—Bueno, ella si está seriamente golpeada, pero… —El doctor relame sus labios —. No es lo que estás imaginando Tom. Simplemente, fueron golpes lo que ha recibido, pero muy graves. Y parece que llevaba caminando horas, sus pies están bastante quemados.

—Entiendo —Contesta poniéndose nuevamente su sombrero —. Sin embargo, este hecho no lo puedo dejar pasar por alto. Si la señorita pasa la noche, tendrá que responder algunas preguntas.

—Solo es una mujer, Tom.

El sheriff observa al doctor seriamente, fuese lo que fuera, la mujer tendría que responder de donde venía y porque estaba tan golpeada. Lo que le preocupaba al castaño, era la posibilidad de que ella trajera problemas al pueblo, llevaban en paz mucho tiempo, no pensaba permitir que una forastera acarreara inconvenientes a los ciudadanos de Coloma.

—Mande avisarme si la mujer pasa la noche, estaré en la comisaria.

—Sheriff, ¿Qué piensa hacer con la señorita?

—Aún no lo sé…

Dichas aquellas palabras, Tom abandona la casa del doctor. Al salir al exterior se percata de que muchas personas merodeaban la casa del doctor. Y la mayoría seguían siendo del bar.

—Regresen a sus labores, señoras.

Les ordena a todas con voz de mando mientras atraviesa la calle manteniendo la seriedad en su rostro. La poca brisa de esa noche, ondeaba el sobretodo de cuero que utilizaba. Tom siempre irradiaba aquella sensación de autoridad, y todos le debían respeto. Parecía como el alcalde de aquel lugar, y lo que él ordenaba, se cumplía.

De camino a la comisaria iba pensando en esa señorita, se preguntaba una y otra vez que pudo haberle pasado, como es que alguien podía golpear a tal extremo a una dama. Bueno, decía que era una dama, ya que su virtud parecía estar intacta. Si fuese una mujer de mala vida, la historia sería otra.

Pero esta mujer al parecer era una dama, y el que la encontrara cerca del pueblo en esas condiciones, complicaba la situación. Necesitaba que se salvará a como diera lugar.

[…]

—¿Cómo sigue la señorita? —Jesey le pregunta a su esposa al verla abandonar la recámara donde yacía la desconocida.

—Le he cambiado sus ropas, y he aseado su cuerpo. Aún seguía respirando cuando he salido.

—Bueno. Seguiremos vigilándola toda la noche, esperemos que logre sobrevivir —Añade, mientras limpia sus utensilios de trabajo.

—¿De dónde crees que haya venido esa mujer?, tiene una piel bastante delicada, y su rostro, a pesar de los golpes, se ve que es suave. No creo que sea una de esas de la mala vida, como las del bar de James.

—No lo es… se ve que es una muchacha fina.

—¿Y por qué andaba en enaguas y camisón? Y en pleno desierto.

—Eso no lo puedo responder, esperemos que sobreviva para que el sheriff la interrogue.

Su mujer asiente al tanto que desecha las gasas manchadas de sangre y la ropa destartalada de la mujer.

[…]

El fuerte dolor que sentía a su costado le impedía moverse con facilidad. Además de eso, su pecho se sentía bastante apretado, tanto así, que era como si la respiración se le estuviera cortando.

Rouse se preguntó, ¿qué demonios le estaba pasando?, ¿porque se sentía tan apretada?  Abrió los ojos y lo primero que vio fue un techo. Estaba un poco oscuro, así que bajo la mirada y se fijó que se encontraba en una habitación muy pequeña.

Una vela en un rincón, iluminaba un poco la recámara. No existían muchas cosas en aquel lugar, solo un pequeño clóset de madera vieja y la cama donde ella estaba acostada. ¿Dónde estaba? Se preguntó al tiempo que intentaba incorporarse, pero el mismo dolor de hace rato se lo impidió.

La rubia toca su costilla dándose cuenta de que llevaba un camisón diferente, aquel no estaba manchado de sangre. Descubre su cuerpo quitándose la manta y confirma que era otro camisón. Luego nota que su muñeca estaba vendada. Inmediatamente, levanta su camisón y se percata que llevaba un vendaje alrededor de su cuerpo.

—¿Dónde demonios estoy?

Se dice mirado hacia el clóset. Con algo de dificultad y dolor se pone en pie y siente que miles de agujas se clavan en sus pies, los observa, fijándose que estaban vendados. Suelta el aliento y decide ponerse en pie y caminar hasta el clóset, encontró muchos frascos pequeños de medicamentos.

—Debe ser la casa de un doctor.

Se dice relamiendo sus labios, allí fue cuando reacciono, estaba muerta de la sed. Gira el rostro y nota una jarra de metal, camina con algo de rapidez hacia ella y lo lamenta, porque le causa un gran dolor en los pies, debía andarse con cuidado.

—¡Con un demonio! —Se queja frunciendo el rostro.

Vuelve a tomar el control de su cuerpo y toma la jarra y bebe directo de ella. La sed que tenía era tan grande, que se tomó todo el contenido de la misma, quedando insatisfecha. Pero luego se ocuparía de eso, lo primero que debía hacer era salir de esa casa.

Ya estaba curada, lo que necesitaba era un caballo y con eso sería suficiente… arriesgándose a que la encontraran, decide salir de la habitación, para su sorpresa se topa con una cocina vacía. Era su oportunidad para escapar, no requería más atenciones.

Se dirige a la puerta sin hacer el menor ruido posible, al salir al exterior, percibe que la noche era un poco fría. Su cuerpo se congelaría, necesitaba abrigarse si quería salir de allí. Traga saliva, estaba muy agotada, tenía hambre y frío.  Pero contra todo riesgo, avanzo por el camino arenoso en busca de un caballo.

Primeramente, pensó en la casa del herrero. Todo pueblo tenía un herrero, y ellos siempre poseían caballos. Se llevaría uno de los que tuviera a su cuido, el detalle era que, con esa oscuridad, no conseguiría dar con la casa del maldito herrero antes del alba. Y con esa herida en su costado y los pies palpitándoles, le sería más que difícil montar.

Mientras caminaba con un poco de torpeza, su boca expulsaba vapor. Estaba muy cansada, y no tenía idea donde estaba la casa del herrero. Rouse se detiene un momento, para esas alturas daba grandes bocanadas de aire, pero al hacerlas le causaba un gran dolor en el pecho.

—Maldita sea, ¿Dónde diablos está la casa?

Amusga la mirada al ver un farol encendido y colgado en el techo de una casa… la rubia relame sus labios, mientras avanza en esa dirección. Pero mientras más se aproximaba, más claro se hacía aquel lugar.

Rouse levanta la mirada y mira el cartel de madera que colgaba de un pilar viejo y agrietado… lee el nombre con la tenue luz que brindaba el farol, era la comisaria. Inmediatamente, retrocede, no necesitaba estar cerca de ese lugar. Sigue avanzando de espaldas, cuando escucha el relinchar de un caballo.

La rubia voltea y se fija que un caballo marrón estaba atado a sus espaldas. Aquel animal poseía su silla de montura, solo estaba de subirse y largarse. Seguidamente, y sin pensárselo mucho, camina hasta el mismo, pero al acercarse el caballo se inquieta un poco, lo que la detiene.

—Tranquilo bonito, no pasa nada, solo iremos a dar un paseo.

Le habla con sutileza mientras estira su mano hacia el hocico del animal… pero él seguía inquietándose con su cercanía, ella aplana los labios e intenta acercarse un poco más, necesitaba conseguir montar ese cabello para largarse de ese pueblo.

—No podrás montar ese caballo con esa técnica tan básica —Una fuerte voz resonó a sus espaldas, que la hizo darse la vuelta —. ¿A dónde piensa ir en esas condiciones, señorita?

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