MasukNarradorMinutos atrás...Alessandro y Damon llegaron casi al mismo tiempo al punto de reunión convenido en las inmediaciones del complejo industrial abandonado. El primero en hablar fue el jefe de seguridad del griego, un experto consumado en tácticas de infiltración y armamento pesado.Mientras se ajustaban los chalecos antibalas sobre las camisas, el especialista les explicó con precisión milimétrica los pasos a seguir. Habían desplegado una escuadra de drones de reconocimiento térmico para mapear el interior del depósito y así poder irrumpir por sorpresa, minimizando cualquier margen de error.Alessandro miró un instante a su par griego y no pudo evitar sentir un destello de asombro ante la fría naturalidad y destreza con la que Damon preparaba su arma, amartillándola con movimientos mecánicos y letales que delataban a un hombre habitado por la violencia. Recordó entonces, lo que muchas veces se murmuraba de su rival; que no solo tenía negocios a la vista de todos, que Damon opera
POV SelenaEscucho los pasos de la víbora escuálida alrededor de mí, rondando como si yo fuera una presa herida y ella, una patética cazadora intentando convencerse a sí misma de que es peligrosa. No la puedo ver con los ojos tapados, pero podría jurar que tiene esa sonrisa torcida de suficiencia, disfrutando de su pequeño rato de poder prestado. Ella siempre tuvo ínfulas de emperatriz, aunque la cabecita no le diera para sostenerlo ni media hora.—¿No vas a decir nada, cerda asquerosa? —me sisea al oído, con la voz empapada de un desdén que da lástima—. ¿Acaso no te da miedo saber que muy pronto vas a ser comida para los gusanos?Aplano los labios con fuerza bajo la venda. En este momento... ¡tengo tantas ganas de recordarle su árbol genealógico completo y mandarla a freír churros! Pero morder el anzuelo solo serviría para avivar su locura. Lo único que necesito en este instante es ganar tiempo. Segundos, minutos... los que sean necesarios.De pronto, un dolor seco me atraviesa: me p
POV Alessandro—¿Un problema? —respondo con absoluta tranquilidad al oír lo que acaban de descubrir—. Si realmente es Eleonora quien ha capturado a Selena, será cuestión de tiempo rastrearla.Escucho un crujido estático al otro lado de la línea.—Debe tener varios cómplices. Me preocupa que esa desquiciada se deje llevar por su odio y atente contra la vida de Selena y...—Eso no va a suceder —le digo, cortándolo en seco con voz cortante—. Ya mismo me dispongo a encontrarla.—¿Y cómo lo harás? —replica el griego con genuina preocupación—. ¿Crees que ella te llamará para confesarte todo y entregarte a Selena así como así? Estás siendo demasiado optimista, Alessandro. ¡Esa mujer está desquiciada!—Tú confía en mí. Ya me han pedido el rescate; estoy esperando a que me den las coordenadas exactas de la entrega. Mientras lo hacen, desplegaré a toda mi gente. Y una cosa más: si Eleonora tuvo que recurrir a un piltrafa como Visconti, significa que no cuenta con tantos recursos a su favor. Por
POV Selena¿Puede ser que nunca tenga un minuto de paz en mi vida? ¿Por qué, cuando parece que todo está mejorando, sucede algo para recordarme?: “Olvídalo, Selena Barker, lo tuyo definitivamente no es vivir una vida tibetana”Bueno, continuando con el relato de esta hermosa sucesión de hechos desafortunados, me encuentro aquí: con los ojos vendados y las manos firmemente atadas. Por suerte, tuvieron la gentileza de quitarme la mordaza. Claro que lo hicieron por orden directa de mi queridísima secuestradora experta: Eleonora Montalvo. ¿Que cómo lo supe? Podría reconocer esa voz de constipada crónica en cualquier rincón de esta tierra.Ahora entiendo la agilidad mental de mis captores. Su jefa no distingue justamente en inteligencia. Aunque confieso que la subestimé. Uno nunca sabe como puede atacar una serpiente herida.De más está decir que fingí el desmayo lo mejor que pude para averiguar cuáles eran sus planes. Necesitaba ganar tiempo y evaluar si existía alguna posibilidad remota
NarradorEl vehículo de Damon dobló en una zona residencial de clase media, muy alejada de los lujos y la opulencia a los que Enzo Visconti solía aferrarse como una marca de estatus. Tras perder casi todo en su enfrentamiento con el círculo de Selena, su realidad era otra muy distinta, una vulnerabilidad que ahora facilitaba el trabajo del magnate griego.La camioneta de seguridad se detuvo con un chirrido frente a la entrada. En cuestión de segundos, los guardaespaldas de Damon descendieron con precisión militar, cruzaron el pequeño jardín frontal y derribaron la puerta de una sola y contundente patada que astilló la madera.El estruendo resonó en todo el lugar. Desde la planta alta, los pasos apresurados no se hicieron esperar; Enzo, asustado por el ruido, bajó corriendo a los empellones por la escalera, tropezando a medias y gritando con desesperación sin entender qué sucedía.—¡¿Qué diablos pasa?! ¡¿Quiénes son ustedes?! —bramó, pálido y con los ojos desorbitados.No alcanzó a dar
NarradorDamon Stavros podía aparentar una calma diabólica, pero por dentro sentía una desesperación apremiante. No solo admiraba profundamente a Selena; también la apreciaba con sinceridad. Hacía tiempo que había aceptado que ella nunca lo amaría y, muy a su pesar, lo había asumido.Por eso, se tomó la búsqueda como un asunto profundamente personal.Mientras caminaba a paso firme hacia la salida de la mansión, Caroline, la modelo que lo había acompañado a la fiesta, lo detuvo sujetándolo fuertemente del brazo.—¡Damon! —interpeló, con una mezcla de molestia y enojo—. ¿A dónde vas? ¿Estabas pensando irte sin mí?El griego se detuvo en seco y cerró los ojos un instante. Se había olvidado por completo de que había asistido con una acompañante. En ese momento, se maldijo a sí mismo en silencio.—Disculpame, Caroline... me ha surgido un asunto urgente que debo resolver de inmediato. Le pediré a alguien de mi seguridad que te lleve a tu casa —respondió, procurando mantener su amabilidad na







