LOGINPOV Selena—¿A quién le dices puttana, ebrio desquiciado? —le pregunto echándome a reír, divertida.Alessandro se gira, sorprendido, pasándose la mano por el cabello.—¡Tú! —responde, desorientado—. ¿Qué haces aquí?—¿Cómo que qué hago? —digo, acercándome a la barra—. Vine a tomar un trago con el hombre que me quita el sueño. Porque, aunque no tengas razón para enojarte y actúes como un niño, soy incapaz de dejarte solo. Te amo demasiado para hacerlo.Él sonríe al mirarme y noto que sus ojos oscuros brillan. Estira su brazo para atraerme y me acerco lentamente hacia él; en cuanto estoy a su alcance, me atrapa con fuerza, apretándome contra su cuerpo.—No me dejes. Nunca lo hagas —susurra con voz ronca mientras me besa el cuello—. ¿No te das cuenta de que tú eres mi vida? Desde el día en que me salvaste ha sido así. Si no quieres casarte conmigo o si quieres esperar, está bien para mí. Mientras estés a mi lado, no me importa lo que quieras hacer.Atrapo su cuello con una mano y con la
POV Selena ¡Genial, Selena Barker! Mereces el Premio Nobel a la estupidez. En serio, ¿cómo se te ocurrió esa brillante idea de soltarle que no quieres casarte cuando todavía tenías atravesado el veneno por todo lo que te contó tu abuela? Estaba tan enojado que ni siquiera me dejó explicarle mis razones. Pero ¿qué esperaba? Conociéndolo, sabía perfectamente que iba a reaccionar así. Él detesta absolutamente todo lo que amenace con separarnos. Incluso a Enzo. Porque en su mente posesiva, la única razón por la que no estuvimos juntos antes es porque él no me encontró a tiempo; entonces mi ex se cruzó en mi camino y me casé. Y ahora, según su lógica, Enzo sigue siendo la traba para que demos el paso definitivo. Sí, la mente de mi amado funciona exactamente así. Ilusa yo, pensando que tendría una respuesta tranquila y adulta de un ser que piensa que soy suya por naturaleza. Me sirvo una copa de vino y contemplo el ornamento intacto sobre la mesa. Genial. Adiós a la cena romántica y
POV AlessandroSuspiro hondo mientras la veo cocinar. Debo confesar que, aunque no es la mejor cocinera del mundo, me divierte ver el empeño que le pone para que todo le salga bien.Mientras corta la cebolla, la escucho murmurar algunos insultos sueltos, como si ignorara por completo mi presencia.Frunzo el ceño.—Ya estuvo bien, ¿no? —le digo, acercándome hasta donde está para tomarle la mano con la que sostiene la cuchilla.Ella se sorprende, quedándose inmóvil.—Alessandro, ¿qué haces? —replica, agitada.—Sacándote esta arma de las manos antes de que hagas una masacre —respondo, mientras le doy un beso suave en la mejilla—. No quiero que te conviertas en una asesina serial esta noche. No tengo idea de qué te pasa, pero desde que llegué estás imposible de tratar.Ni siquiera me la entrega; la tira sobre la mesada con resignación.—Lo siento, no he tenido un buen día, eso es todo.—¿En serio, Selena? —replico, esbozando una sonrisa—. ¿Esa será toda la respuesta que me darás?—¿Y qué
POV SelenaEn Argentina, cuando alguien nos provoca a hacer justicia por mano propia, se dice «cagarlo a trompadas» o «hacerlo mierd@». En México, «partirle la madre» —particularmente esta expresión me encanta—. A mi mamá, cuando se enoja, la he escuchado decir «le voy a entrar a cantazos»; para mí, eso significaba que a alguien se le venía la noche. Como saben, en Italia hay un rosario de insultos y de maneras de llamar a esta sensación de ajustar cuentas de alguna manera. ¿Cómo dicen en sus países?Bueno, así es exactamente como me siento en este momento escuchando la historia de mi abuela. Tengo ganas de salir volando hacia la residencia de Francesco y limpiar el suelo con él.Por poco hombre y por cobarde.Todo lo hizo mal y encima se atrevía a criticar a mi Alessandro. Su nieto es mil veces mejor hombre que él. Tampoco conozco aún a mi futuro suegro, pero estoy segura de que también lo supera en hombría.Y sí, ya sé lo que van a decir: que eran otros tiempos, que Francesco tenía
POV Selena—A ver, abuela, no te me saltes la parte más jugosa —le digo, inclinándome aún más sobre la mesa y señalándola con el tenedor—. Dijiste que lo viste bajar. ¿Él te vio a ti? ¿Se le cayó la cara de vergüenza al notar que la chica a la que le juraba amor eterno en un departamento de mala muerte le estaba sirviendo las copas a sus invitados de alcurnia?Elena suelta una risita amarga y niega despacio con la cabeza, mirando el fondo de su copa de vino.—Te aseguro que la cara de póquer de los Di Doménico no es un invento de Alessandro; la heredó directita de su abuelo —responde, con una chispa de rencor todavía viva en los ojos—. En cuanto nuestras miradas se cruzaron, se quedó helado un segundo. Un milisegundo, Selena. Pero inmediatamente después me ignoró como si fuera transparente. Siguió bajando, sonriendo y estrechando manos de diplomáticos como si yo no existiera.Siento un tirón de rabia pura en el pecho por esa joven Elena de veinte años. —¡Qué infeliz, hijo de puta! —s
POV SelenaMe acomodo en la silla del restaurante, observando a mi abuela mientras corta su plato con una elegancia impecable. Después del huracán de revelaciones en la boutique, no iba a dejar pasar mucho tiempo antes de tenerla a solas. Necesitaba respuestas, y la mejor forma de acorralarla era citarla a almorzar en un lugar tranquilo, lejos de las interrupciones y de la presencia intimidante de Alessandro.Una de las ventajas que tiene ser la prometida del jefe es que, si dejo todo debidamente arreglado, puedo salir cuando quiera de la oficina.En este momento no soy el mejor ejemplo de cómo ser una buena empleada, lo sé. Pero es que el chisme me carcome el alma y no voy a detenerme hasta saber toda la verdad. Porque Francesco sí le contó a Alessandro la historia, pero conociendo a los Di Doménico y su poca predisposición a la comunicación, estoy segura de que hay detalles que faltan.Y, por supuesto, quiero saber lo que vivió mi abuela después del abandono de Francesco.Mi abuela







