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PERFECTO

Autor: S. Dal Santo
last update Data de publicação: 2025-12-19 23:14:49

[SOFÍA]

Monaco

Mayo llega sin pedir permiso, con esa sensación extraña de calendario apretado y corazón en expansión. El mundo sigue corriendo —siempre corre—, pero yo empiezo a medir el tiempo de otra manera: en semanas, en latidos, en respiraciones que se acomodan.

El consultorio es discreto, blanco, silencioso. Demasiado silencioso para alguien que vive entre motores. Francesco está a mi lado, con la mano firme sobre la mía, aunque intenta disimular la ansiedad mirando cualquier cosa menos l
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Último capítulo

  • Una Formula Para el Amor   EL FINAL NO ES ESTO

    [FRANCESCO]Veinte años después.Hay un tipo de ruido que nunca se olvida.No es el rugido del motor —aunque ese también se te queda pegado a los huesos—, sino el silencio que lo antecede. Ese segundo exacto antes de que un coche salga del box y el mundo entero contenga el aire. Lo aprendí joven, lo viví mil veces, y aun así hoy me atraviesa distinto.Porque hoy no soy yo el que va a correr.Hoy, por primera vez, es Giuliano.Lo veo desde el muro, con el casco bajo el brazo, el mono impecable, el cuerpo alto y tenso de quien lleva la herencia en la sangre y la presión en la espalda. Tiene mi mandíbula cuando aprieta los dientes. Tiene los ojos de Sofía cuando decide algo y no hay manera de moverlo.Y yo… yo tengo las manos heladas.Me río por dentro, casi con vergüenza. Soy Francesco Mozzi. Gané carreras que parecían imposibles, sobreviví al circo, a la prensa, a la caída, a la resurrección pública. Pero ver a mi hijo ponerse el casco para su primer Gran Premio… eso me deja más vulner

  • Una Formula Para el Amor   RECIEN EMPIEZA

    [FRANCESCO]El 5 de agosto amanece con una calma que no conozco. No es silencio. Es otra cosa. Una quietud que se posa sobre la Toscana como si el mundo hubiese decidido bajar la voz solo para nosotros. La luz entra despacio por las ventanas de la casa antigua donde me preparo, dibujando sombras tibias sobre la piedra, marcando el polvo suspendido como si fueran pequeños latidos en el aire.Respiro hondo. Por primera vez en mi vida, no tengo prisa.Me visto sin apuro. Demasiado despacio para alguien que pasó años persiguiendo décimas, midiendo su valor en segundos. El traje cuelga frente a mí, perfecto, pero no es lo que me pesa. Lo que me pesa —y me sostiene— está a unos metros de distancia, caminando hacia mí sin saberlo todavía.Escucho voces afuera. Risas suaves. Pasos sobre la grava. Reconozco los sonidos de mi familia: mi madre, Alessandra, organizándolo todo con esa autoridad amorosa que siempre tuvo; mi padre, Carlo, más callado que nunca; Tommaso, recorrdandome que tenerlo co

  • Una Formula Para el Amor   EL CAMINO HASTA AQUÍ

    [SOFÍA]Varias semanas después: 4 de agostoEl tiempo, cuando una está enamorada y asustada a la vez, deja de avanzar en línea recta. Se vuelve una sucesión de momentos intensos, de aeropuertos que se confunden, de domingos que pesan más que otros, de noches en hoteles donde el mundo entero parece quedar lejos… y al mismo tiempo demasiado cerca.Desde mayo hasta el parate de verano, la temporada fue un vértigo.Miami llegó envuelta en calor y exceso. Luces, ruido, titulares que ya no hablaban solo de carreras. Francesco estuvo sólido, concentrado, feroz cuando debía serlo. Yo lo miré desde el muro, con una mano siempre cerca del vientre y la otra sobre la tablet, aprendiendo a medir mis fuerzas como nunca antes. El resultado fue bueno. No perfecto. Pero firme. Como nosotros.Luego vino Europa, con su ritmo implacable.Barcelona fue dura. El calor, la degradación, una estrategia que no terminó de cerrarse. Francesco llegó a puntos importantes, pero bajó del coche frustrado. Esa noche n

  • Una Formula Para el Amor   PERFECTO

    [SOFÍA]MonacoMayo llega sin pedir permiso, con esa sensación extraña de calendario apretado y corazón en expansión. El mundo sigue corriendo —siempre corre—, pero yo empiezo a medir el tiempo de otra manera: en semanas, en latidos, en respiraciones que se acomodan.El consultorio es discreto, blanco, silencioso. Demasiado silencioso para alguien que vive entre motores. Francesco está a mi lado, con la mano firme sobre la mía, aunque intenta disimular la ansiedad mirando cualquier cosa menos la camilla. Yo, en cambio, no puedo dejar de observar la pantalla apagada frente a mí, como si supiera que ahí adentro está ocurriendo algo sagrado.—Doce semanas —dice la médica, revisando el informe—. Todo marcha perfecto.Doce.La palabra cae suave y pesada a la vez. Doce semanas de un secreto que dejó de serlo. Doce semanas de un cuerpo que aprendió a adaptarse. Doce semanas de miedo, ilusión, náuseas, risas nerviosas y noches en las que Francesco se despertó antes que yo para preguntarme si

  • Una Formula Para el Amor   A NUESTRO RITMO

    [SOFÍA]El rugido de los motores vuelve a instalarse en mi pecho incluso antes de que el semáforo se apague. Es curioso cómo el cuerpo aprende a reconocer ciertos sonidos como advertencias. Este no es peligro. No es miedo. Es regreso. Regreso al mundo real: a los horarios estrictos, a las miradas curiosas, a los flashes que no preguntan si una está lista.La escapada a la Toscana ya empieza a sentirse como un sueño hermoso, de esos que se recuerdan primero con el cuerpo y recién después con la memoria. Pero hoy estamos aquí. Otra vez en un paddock. Otra vez con la adrenalina vibrando en el aire caliente del desierto.Y, aun así, todo es distinto.Bahréin despierta bajo un cielo limpio, sin nubes, con ese sol que no da tregua ni siquiera temprano. El asfalto ya empieza a irradiar calor, como si el circuito se preparara para la batalla desde antes que nosotros. A lo lejos, las tribunas brillan y el trazado se dibuja entre arena y acero.Camino junto a Francesco por el pit lane. Él avanz

  • Una Formula Para el Amor   PASO A PASO

    [SOFÍA]El amanecer en la Toscana llega sin pedir permiso. La luz se filtra entre las cortinas de lino como un susurro tibio, deslizándose por las paredes de piedra, dibujando sombras suaves sobre la cama. No es una luz que despierte de golpe; es una que invita a quedarse un poco más.Abro los ojos y lo primero que siento es su respiración. Francesco está despierto. Lo sé por la forma en que su cuerpo está tenso, alerta, como si llevara rato mirándome. Su brazo rodea mi cintura con firmeza contenida, y su mano descansa en mi espalda baja, cálida, segura.—Buenos días… —murmura, con la voz todavía áspera de sueño.—Buenos —respondo, apenas.No hace falta más.Me acerco, buscando su boca, y el beso llega lento, profundo, cargado de todo lo que no dijimos anoche porque el cansancio nos ganó. Sus labios recorren los míos con una intención distinta: no hay urgencia, pero sí hambre. Una que arde despacio.Su mano sube, me atrae más cerca, como si necesitara sentir que sigo ahí, que no fue u

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