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Author: Susan
last update publish date: 2026-09-07 10:24:04

Victoria seguía hablando, la voz baja y constante llenando la habitación con la misma cadencia de todas las tardes anteriores.

—...y al final terminé aceptando la propuesta de Carlos. Creo que era la mejor decisión, considerando todo lo que estaba en juego.

Hizo una pausa. Sonrió apenas.

—Aunque seguramente tú habrías encontrado algo que corregir de todas formas. Como siempre haces.

El monitor emitió un pitido distinto.

Victoria levantó apenas la vista, sin alarmarse todavía, asumiendo que
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    Continuaron caminando por el sendero que bordeaba el jardín trasero hasta que los árboles se abrieron y el lago apareció frente a ellos. Era un espejo oscuro rodeado de nieve, perfectamente quieto, con las luces de la mansión reflejándose en la superficie del agua como si hubiera un segundo jardín iluminado debajo. El frío era más notorio ahí, sin los árboles como barrera, pero había algo en ese espacio abierto que justificaba haberse alejado tanto de la mansión. Se detuvieron al borde del sendero, mirando el agua durante un momento sin que ninguno sintiera la necesidad de decir nada todavía. —¿Y tú? Victoria levantó la vista hacia él. —¿Qué? —¿Te gusta la Navidad? Hablamos de mis villancicos desafinados pero no de ti. Ella sonrió apenas, con los ojos todavía en el lago. —Sí. —¿Por qué? Tardó unos segundos en responder, eligiendo las palabras con el cuidado de quien está hablando de algo que todavía tiene peso. —Mi madre la adoraba. Era su época favorita del año, sin ningun

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    El sonido de unos pasos sobre la escalera interrumpió los pensamientos de Daniel. —¿Y mi padre? Levantó la vista. Victoria bajaba los últimos escalones con una botella de vino entre las manos, probablemente rescatada de alguna misión de Adele que no había terminado de explicar del todo. —Fue a conocer el jardín. Victoria frunció ligeramente el ceño al llegar al último escalón. —Lo siento. No era mi intención dejarte solo con él sin previo aviso. —No te preocupes. Hubo una pequeña pausa en la que ninguno de los dos terminó de moverse en ninguna dirección. —Descubrí, por cierto, que definitivamente no conseguí su aprobación antes de casarme contigo. La sonrisa que apareció en el rostro de Victoria fue pequeña. Casi nostálgica, del tipo que guarda más de lo que muestra. Bajó la mirada hacia la botella entre sus manos. —No. Definitivamente no la conseguiste. —¿Tan mal fue? —Digamos que mi padre consideró seriamente la posibilidad de encerrarme en la mansión Rivera durante un

  • Una Heredera en Garantía    460

    Gael siguió la dirección de su mirada con la misma atención con la que había seguido conversaciones mucho más complicadas durante su vida. Y entonces, para sorpresa genuina de Daniel, soltó una risa breve y completamente desarmada. —¿Qué te parece? Personalmente creo que combina bastante bien con el atuendo. Le da un toque de carácter a cualquier ocasión formal. Daniel lo observó durante un momento con una expresión que no terminaba de procesar lo que acababa de ocurrir. ¿Gael Rivera acababa de hacer una broma sobre su propio arresto domiciliario? Aquello definitivamente no estaba en ninguno de los recuerdos que había logrado recuperar hasta el momento, ni en ninguna de las versiones de Gael Rivera que le habían descrito a lo largo de las últimas semanas. —Muchacho, no finjas que te preocupas por eso. —Gael metió las manos en los bolsillos del pantalón con una naturalidad que contrastaba con la seriedad de lo que seguía. —Tú y yo nunca tuvimos la mejor relación del mundo. Eso no

  • Una Heredera en Garantía    459

    Lex apareció desde el pasillo lateral con esa oportunidad perfecta de quien siempre llega exactamente cuando el ambiente necesita ser interrumpido. —Buenas noches, señoritas. Y señor Rivera, bienvenido a esta fortaleza de tensión familiar disfrazada de mansión navideña. —Hola, Lex —saludó Victoria, con una sonrisa que agradecía genuinamente la interrupción. Estefany observó el enorme vestíbulo, después a Daniel, después a Gael, después a Victoria, y finalmente a Lex, con la expresión calculadora de quien acaba de terminar un inventario. —Ah, qué bueno. No seré la única persona completamente normal en esta reunión. —¡Stef! —protestó Victoria de inmediato. Estefany se encogió de hombros con una serenidad completamente imperturbable. —¿Qué? Solo estoy describiendo la situación objetivamente. Ni Lex ni yo estamos involucrados en guerras familiares centenarias, matrimonios complicados, procesos de divorcio activos ni arrestos domiciliarios. Estadísticamente, somos los más cuerdos en

  • Una Heredera en Garantía    458

    A las seis de la tarde, el automóvil de los Rivera avanzaba por las calles iluminadas de Valemont con la tranquilidad de quien tiene tiempo suficiente pero no demasiado. La ciudad parecía haberse transformado por completo durante diciembre, como ocurría cada año sin excepción. Luces cálidas adornaban prácticamente cada edificio, cada árbol, cada escaparate de comercio que se respetara a sí mismo. La nieve había comenzado a caer con esa discreción característica de las primeras nevadas, cubriéndolo todo con una capa fina que hacía que cualquier jardín ordinario pareciera sacado de algún lugar donde las cosas terminan bien. Gael ocupaba el asiento del copiloto con la postura de quien ha aceptado su destino pero no ha llegado todavía a las paces con él. Victoria y Estefany iban en la parte trasera, con el postre de Estefany cuidadosamente acomodado entre las dos en una caja que había resultado ser más difícil de transportar de lo anticipado. El silencio había reinado durante los pr

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    La víspera de Navidad había transformado Valemont de una manera que solo esa fecha conseguía. Las calles estaban cubiertas de luces que convertían cualquier trayecto ordinario en algo que valía la pena mirar, y por primera vez en semanas, las oficinas de Grupo Rivera parecían haberse permitido respirar con una cadencia distinta a la habitual. Victoria observó la hora en el reloj de pared del pasillo principal y tomó una decisión que llevaba días postergando. —Creo que es suficiente por hoy. Carlos levantó la vista de los documentos con una velocidad que delataba que había estado esperando esas palabras desde hacía al menos una hora. —¿Está diciendo lo que creo que está diciendo? —Sí. Váyanse a casa. Todos. Los empleados que alcanzaron a escuchar la instrucción se miraron entre sí con esa expresión particular de quien no quiere moverse demasiado rápido por miedo a que la oferta se retire. —¿En serio? —Completamente en serio. Es Navidad. —Victoria recogió su bolso del escritorio

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