LOGIN—Amiga, deja de ser cabezota. Vente a vivir a Madrid.
—Aleja, ya lo hemos hablado, Sofi aún está muy bebé, no tengo la manera de ir y no creo que me dejen quedar mucho tiempo, necesito algo estable para Sofi.
—Entiendo —esta suelta un suspiro—. ¿Sí has utilizado el dinero que te he mandado?
Aleja ha sido un ángel, ella y su familia se han encargado de mandar dinero, aunque no estoy muy feliz con eso, ese dinero ha sido una bendición en momentos difíciles.
—Sí, me ha servido mucho.
—Debiste aceptarle ese cheque a la señora. —Ni loca, y más por la forma como me trató.
—Esa mujer es una bruja, ni loca pensaba hacer eso.
—Eres cabezota. Esta es la hora que yo sigo buscando al tal Gabriel. Quiero darle un golpe en la cara.
—Él ya debe estar haciendo su vida y ni se debe acordar de mí —se notó que era un imbécil.
Escucho a mi hija llorar, lo que quiere decir que ya se levantó de su siesta.
—Aleja, tengo que colgar, mi pequeña se levantó.
—Ahora me envías foto, debe estar grande.
—Muy grande, ya me duelen los brazos —ambos nos reímos y luego colgamos. Entro al pequeño cuarto y ahí está mi pequeña de ojos azules chupándose la mano—. Hola, mi Sofi, aquí está mamá —la tomo en brazos y camino con ella a la cocina.
—Ya despertó —dice Ceci con el biberón en la mano.
—Así es, y tiene hambre —esta me lo entrega y yo me siento con mi bebé quien de inmediato se comienza a tomar su biberón.
—Ya está grande.
—Lo sé, qué hace que apenas estaba llegando a la casa.
—¿Has pensado lo de la universidad? —Todos los días. Quería retomar, lo deseaba con todas las fuerzas de mi corazón, pero no sabía qué iba a hacer con Sofi. —Tú sabes que yo puedo cuidar a Sofi.
—Ceci, no voy a dejarte una responsabilidad tan grande, además Sofi es mi hija. Por ahora no hay planes de irme, quiero ganar dinero y criar a mi hija en México, ya después decido qué haré —Ceci me comienza a mirar de forma extraña, y luego mira a la bebé, pero luego esta cambió por una de alivio como si se hubiera quitado el peso de encima.
—¿Y si continúas tus estudios aquí en México?
¿Continuar aquí? ... no lo sé, mi sueño siempre fue lejos, en Madrid, me veía recibiendo mi título allá junto a Aleja.
—No lo sé, Ceci. Pensaré bien.
GABRIEL DE LA VEGA
—¡Hijo, felicidades! Al fin eres el presidente de la compañía —mi madre me regala un abrazo—. Ahora podremos preparar tu boda con Tatiana.
¿Boda? Me giro y observo a Daniel quien está igual de confundido que yo.
—¿Cómo que boda, madre?
—Hijo, ya tienes 30, creo que ya es momento de que te cases y qué mejor opción que Tatiana Mendoza. La hija de Roberto.
Claro, una de las familias más adineradas de Madrid.
—Madre, solo la he visto dos veces.
—Bueno, pues hoy tendrás la oportunidad de conocerla. —¿Qué?
Mi madre se gira y levanta su mano, al ver de quién se trataba quedo algo sorprendido.
—Tatiana —me hizo una emboscada mi madre.
—Señora de la Vega —al parecer la señorita Tatiana era una chica bastante guapa, no lo dudaré: estatura alta, delgada, cabello negro hasta los hombros y demostraba porte y clase. Ideal para los estándares de mi madre.
—Qué bueno verte querida. Quiero presentarte a mi hijo, Ga... —las palabras de mi madre se quedan en el aire ya que esta respondió:
—Gabriel, un placer. Soy Tatiana Mendoza —esta extiende su mano y yo la recibo.
—Un placer, señorita Mendoza.
—Puedes decirme Tatiana —Daniel carraspea en la parte de atrás.
—Tatiana, te presento a mi mano derecha y amigo, Daniel Sánchez —esta lo observa y le da un apretón de manos.
—Un placer.
—¡Hijo! —mi padre interrumpe este momento dándome un fuerte abrazo—. Al fin podré retirarme. Aunque de vez en cuando me tendrás merodeando por aquí.
—Papá, siempre serás bienvenido. Prometo esforzarme para continuar el legado.
—El legado continuará cuando me des nietos.
Me atraganto con la copa de vino al escuchar la palabra "nietos". Yo no quería hijos, la verdad siempre le huí a los niños.
—Sí hijo, ya queremos tener niños corriendo por la casa.
—Madre, no creo que sea aún el momento.
—Si te vas a casar con Tatiana, pronto será el momento. Sus padres también lo desean.
—Respecto a eso quiero hablar del tema, pero será luego.
La fiesta termina y yo me encuentro cansado, decido ir a mi apartamento de soltero, hoy quería descansar de mi familia, aparte hace mucho no venía. Quería venderlo y comprar una casa.
—Hola Carlos, qué bueno volver a verte.
—Tiempo sin verlo señor de la Vega.
—Gabriel... te dije que me llames Gabriel —este me sonríe—. ¿Alguna novedad desde que me fui?
—No señor... —cuando me pienso ir, este me detiene—. En realidad ahora que me acuerdo sí hubo una.
—¿Qué cosa?
—Después de que usted se fuera, al tiempo llegó una chica preguntando por usted. Le dije que usted ya no estaba aquí y que no sabía cuándo iba a regresar. La chica insistió demasiado en saber dónde estaba, pero tengo prohibido revelar esa información
¿Quién será? Bueno, traje tantas mujeres aquí que no tengo la mayor idea de quién puede ser.
—Lo bueno fue que su madre llegó y habló con ella.
¿Mi madre? ¿Por qué nunca me dijo eso?
—Nunca me dijo nada.
—Señor, entonces supongo que no era tan importante.
—Sí, seguro debe ser así.
Entro al apartamento y todo está en orden, a pesar de llevar tanto tiempo sin venir me aseguré que siempre estuviera organizado por si alguien necesitaba, aunque este siempre ha sido mi fortaleza.
Cuando me estoy cambiando, noto algo tirado en el suelo; al agacharme me doy cuenta que es un broche de cabello en forma de mariposa de mujer.
—¿De quién será? —comienzo a hacer memoria y de inmediato me llega el recuerdo de la chica del bar, ¿cómo se llamaba?... ah, ya, Isabella. Muy hermosa pero su carácter era una m****a, al otro día se despertó indignada porque le ofrecí lo que quería. Bueno, ya no pensaré en ella, de seguro ya debe estar metida con otro tipo.
Al día siguiente me despierto temprano y voy directo a la oficina, y me llevo la sorpresa de ver a mi madre.
—Dime que no viniste para seguir con tu loca idea de la boda —esta me hace mala cara.
—Hijo, eres el presidente de una de las empresas más prestigiosas de Madrid. Es momento de que ya empieces a construir algo con una mujer.
—¿Cómo qué? ¿Una familia? —pregunto con ironía.
—¡Sí! Quiero que ya sientes cabeza, que dejes de buscar mujeres.
—Madre, ya no puedes controlar mi vida —llega a mí lo que me dijo Carlos en la noche—. Dime una cosa: el día que vino una chica a buscarme al apartamento, ¿qué fue lo que le dijiste? —mi madre palidece cuando le pregunto eso.
—¿De qué hablas?
—No te hagas, Florencia —odiaba que la llamara por su nombre.
—¡No seas insolente!
—Entonces dime la verdad.
—Era una de las muchas mujeres que querían tu dinero. Solo le dije que se largara y no te buscara.
—No eres de comportarte de esa forma.
—No iba a permitir que hiciera un escándalo y esa mujer estaba decidida en saber dónde estabas.
Entre más me hablaban de ella, más curiosidad me daba por saber.
—Hijo, ya eso pasó hace mucho. Ahora concéntrate en lo importante que es la empresa, y piensa bien en tu boda. Créeme que para tener una buena imagen en la sociedad debes empezar por formar una familia.
—¿Así no la ame? —mi madre me sonríe con amargura.
—En los negocios eso no existe. Que te quede muy grabado.
—A veces pienso que nunca amaste a mi padre.
—Piensa lo que quieras, hijo, yo ahora estoy velando por tu futuro, que es lo más importante por ahora.
—De eso me encargo yo. No te metas.
Tres años después
Todo marchaba de maravilla: los negocios, mi familia... Pensé que sería más difícil acomodarme a ser el presidente, pero al parecer estaba muy capacitado y ahora soy el orgullo de mi padre. Lo único que no he podido darle es un jodido nieto y ya me tienen harto con ese tema. Lo bueno fue que Tatiana desistió de casarse y ahora está casada con otro hombre, pero al enterarse de eso mi madre me quiso asesinar.
—Daniel, ¿ya tienes al arquitecto? Necesito que iniciemos la nueva sede.
—Tengo una recomendada. Lleva poco de graduarse, pero es muy recomendada.
—¿Quién es?
—Alejandra Solórzano. —¿La hija de los Solórzano? ¿De la cadena hotelera?
—¿La hija de Andrés?
—Ese mismo. —Tiene que ser una maldita broma.
—¿Es un favor? —Daniel me mira con su carita de "yo no fui".
—Solo me pidieron que le diéramos una oportunidad, es valiosa y al parecer tiene una amiga que comenzará sus prácticas; puede ser de utilidad.
—Solo una. Al primer error se larga. Dile que venga ahora mismo.
—Claro.
A la hora y media se aparece una chica de estatura media, pantalones negros y cabello largo. Al observarme, se queda completamente pálida, como si hubiera visto un fantasma.
—Señorita Solórzano, soy el presidente Gabriel de la Vega —esta estira su mano, pero al fijarme mejor se me hace conocida—. ¿Nos hemos visto en algún lado? —esta se pone más pálida y niega de inmediato.
—No, pero de seguro me vio por televisión. Acompaño en ocasiones a mi padre.
—Claro. Me han recomendado mucho su trabajo a pesar de ser casi nueva con esto, quiero darle la oportunidad y me comentaron que tenía a una amiga suya que iniciaría sus prácticas —cuando menciono eso ella se pone más pálida—. ¿Está bien?
—Ehh... sí, disculpe.
—Señorita Solórzano, este proyecto es especial e importante, así que necesito que dé todo su potencial y su amiga también. No quiero errores, porque al primer error que me encuentre, ambas se irán, no me importa quién sea su padre.
—No se preocupe, señor, no lo decepcionaré.
—Quiero ver también a su amiga. Necesito dejar claras unas reglas —esta asiente rápido y al rato se despide temblorosa.
—Qué chica tan rara —sonrío—. Debe ser el efecto que causo en las mujeres...
FinalHoy era nuestra boda. Estaba nerviosa; solo podía pensar en la idea de estar en el altar dando el "sí, acepto".—¡Mami! —Sofi llega a la habitación con su vestido ya puesto y un hermoso peinado, dejando su cabello suelto pero con unas pequeñas ondas.—Dios mío, pero mira qué hermosa estás. —La lleno de besos y esta se deja, como cuando era más pequeña.—Gracias, mami. Aunque yo no te veo muy lista a ti y papá está dándole un infarto de los nervios que tiene.¿Gabriel nervioso? ¡Ja! Eso nadie se lo cree.—No creo que sea así.—He visto a mi tío Daniel llevarle varios tragos.Genial, llegará borracho a nuestra boda.—Bueno, entonces es mejor que me apresure. No quiero que tu padre llegue borracho.Con ayuda de la maquilladora, esta me acomoda el vestido. Aleja estaba a mi lado, pero en ese momento se encontraba amamantando al bebé. Pronto estaré de nuevo haciendo lo mismo. Una sonrisa estúpida se cruzó por mi rostro y, por inercia, me acaricié el vientre.—¿Ya quieres que se note?
ISABELLA2 meses despuésYa han pasado meses desde la muerte de la madre de Gabriel. Ella no fue santa de mi devoción, sin embargo, ver al señor Saúl tan destrozado hizo que algo en mí me hiciera acompañarlo más.Aún recuerdo al señor Saúl abrazando a su esposa ya muerta. Le decía lo mucho que la amaba y que era el amor de su vida. En ese instante pensé en Gabriel, en lo que tuvo que sufrir cuando le dijeron que estaba muerta. Desde ese día mi amor hacia Gabriel aumentó de una forma que jamás imaginé. De solo acordarme de eso mis ojos se cristalizan.—Cariño, ¿dónde estás? —de inmediato limpio las lágrimas que alcanzaron a salir, pero fue demasiado tarde—. Isabella, ¿qué pasa?—Nada, cariño.—¿Cómo que nada? Estás llorando. ¿Qué sucede, amor?—Es que recordé el día que tu madre murió. Júrame que no nos vamos a separar nunca.Este me sonríe y me toma en brazos, llevándome hasta la cama.—Eso no pasará. Estaremos muchos años juntos.—No quiero perderte —le susurro con lágrimas en los oj
GABRIEL DE LA VEGAEstaba más feliz que nunca, tengo sentimientos encontrados; por un lado estaba feliz porque Isabella aceptó ser mi esposa, pero por otro lado sentía miedo de perder esta tranquilidad que tengo. Aunque ya todo acabó, aún sentía como miedo.—Mi amor —Isabella llama mi atención.Ambos nos encontramos desnudos en la cama del castillo— ¿en qué piensas?—En lo feliz que estoy en estos momentos —tomo su mano y dejo un beso en su anillo—. No veo la hora de casarnos.—Tampoco quiero esperar —Isabella se sube encima mío dejando ver su desnudez—. Quiero casarme rápido contigo.—Me parece maravilloso, porque yo también lo quiero.—Le pediré ayuda a Aleja, aunque debe estar con muchas cosas con el bebé.—Tranquila, Daniel puede encargarse de eso conmigo —esta me mira de forma extraña.—¿Ustedes dos cuidando a un recién nacido?—¿Qué tiene?—Ni siquiera sabes cuidar a un bebé —me levanto y la agarro de la cintura.—Tal vez no lo sepa, pero puedo practicar para cuando encarguemos
ISABELLAPasó un mes desde el nacimiento de Lucas, el hijo de Aleja y Daniel. Todos están felices con la llegada del nuevo integrante; bueno, aunque Daniel llega con tremendas ojeras a la oficina, pero se le nota contento en su nueva etapa como padre primerizo.Mientras Aleja está en su licencia de maternidad, yo estoy encargada de algunos trabajos. No debería, pero bueno, ya casi soy arquitecta; además puedo con el trabajo.—Estás muy concentrada —las manos de Gabriel rodean mi cintura, pegándome a su cuerpo. Este deja un beso en mi cuello y, sin querer, suelto un leve gemido—. Sabes lo sensual que te ves con ese vestido...Posa su mano en mi pierna mientras comienza a subirla más y más, hasta que llega a ese punto dulce que me hace vibrar.—Quiero hacerte mía —puedo sentir cómo algo sobresale en su pantalón.—¿Aquí? —este me gira de golpe, subiéndome al escritorio, mientras se mete entre mis piernas impidiendo que me mueva.—Sí, aquí mismo —sus labios van al ataque. Paso mis manos p
2 meses despuésHan transcurrido dos meses luego de todo lo sucedido. La recuperación de Isabella fue lenta y mentalmente ha sido también difícil por todo lo que vivió. A veces siento que la recupero y otras veces la esperanza se desvanece, pero Sofi siempre es la que me da ese rayo de esperanza cuando está desapareciendo.—¡Papi! Creo que mamá está llorando. —¿Qué?—¿Dónde está?—Arriba, no quiso abrirme, pero su voz está rara.—Ya vengo.Subo rápidamente a nuestra habitación lleno de pánico. Toco la puerta, pero no escucho ruido.—Isabella, soy Gabriel, abre la puerta. -Al fin empiezo a sentir el llanto de Isabella. —Cariño, abre, sé que estás ahí.—¡Vete! No quiero hablar con nadie —podía sentir la voz de Isabella entrecortada; me atrevería a decir que está llorando. Cuando ella se encuentra así, solo pasa por mi cabeza las ganas de asesinar a xxx por todo el daño que nos hizo.—¡No me pienso ir! O me abres la puerta o la tumbo. Tú decides.El silencio se hace presente en la habita
Me sentía como un león enjaulado, caminaba de un lugar a otro. La gente me veía extraño, sabía que era por la camisa llena de sangre. Isabella llevaba horas en el quirófano, llegó sin signos vitales. Por cada minuto que pasa me siento cayendo en un pozo sin salida.-Gabriel, debes parar. Me tienes mareada - menciona Alejandra con su rostro lleno de preocupación.-Mi mujer tiene razón.-No puedo. Mientras mi esposa siga en esa sala yo no podré estar tranquilo - mi teléfono suena y es mi padre.-Papá, ¿le pasó algo a Sofi? - ella se quedó con ellos.-Papi, ¿cómo está mamá? - mi pequeña... no sabía qué decirle, no quería que supiera el estado de su madre, pero tampoco mentirle.-Hija, mamá está en recuperación, pero aún no sabemos bien su estado.-Ella se pondrá bien. ¿Verdad, papá? - sentía como un bulto se formaba en mi garganta impidiendo el paso del aire - ¿Papi? ¿Sigues ahí?-Sí - mi voz se quiebra - aquí sigo. Mi amor, mamá estará bien. Cuidaré de ella, pero prométeme que te portar







