LOGINCapítulo 56AdrianEl avión aterriza en París con un rugido de reactores que no logra cubrir el tumulto de mis pensamientos, esa tormenta que hace estragos en mi cabeza desde hace cuarenta y ocho horas, desde que recibí esa foto, desde que vi a ese niño de ojos gris acero y sonrisa radiante, desde que leí ese mensaje que hizo saltar por los aires todo lo que creía saber. Se llama Liam. Tiene dos años. Es tu hijo. Las palabras giran en mi cabeza, martillean mis sienes, cavan un surco de fuego en mi pecho, y no sé qué es más fuerte, si la rabia, la incredulidad, el dolor o esa alegría salvaje que pulsa en mis venas como un alcohol demasiado fuerte. Un hijo. Tengo un hijo. Yo, Adrian Kessler, el Director Glacial, el hombre que todo el mundo cree incapaz de amar, soy padre. Y no lo sabía.No he respondido al mensaje de Lina. No he podido, no he sabido, no he encontrado las pal
Capítulo 55LinaA la mañana siguiente, estoy sentada en la cama de mi habitación de hotel, con los ojos fijos en el teléfono que sostengo entre mis dedos temblorosos. La noche ha sido larga, poblada de pesadillas en las que veía sin cesar el rostro de Adrian, sus ojos grises llenos de dolor y de rabia, sus labios sobre los míos, el sabor de la sangre. Y luego Anaïs, siempre Anaïs, esa sombra que me persigue desde hace años, que parece decidida a destruir todo lo que construyo.No he conseguido hablarle a la cara, no he conseguido decirle la verdad. Pero hay otro medio. Un medio cobarde quizá, un medio distante, pero un medio que no podrá ser interrumpido por primas vengativas ni padres tiránicos. Tomo mi teléfono, abro mi galería de fotos, y deslizo las imágenes hasta encontrar la que busco. La foto que tomé la semana pasada, en el parque junto a nuestro
Capítulo 54LinaEl beso de Adrian aún me quema en los labios, ese beso salvaje y desesperado que me ha dejado temblando, los labios ensangrentados, el corazón hecho trizas, el alma al descubierto. Hemos permanecido mucho tiempo en los jardines, abrazados el uno al otro, sin hablar, sin movernos, solo mecidos por el canto lejano de la fuente y el perfume de las rosas que flotaba en el aire nocturno. Luego me ha tomado de la mano, me ha llevado de vuelta al interior del hotel, y hemos atravesado el salón de baile sin mirar a nadie, ignorando las miradas curiosas, los murmullos, las preguntas mudas. Victoria, la mujer que estaba a su brazo, ha desaparecido sin que yo sepa dónde ni cómo, y no he hecho preguntas. No tenía fuerzas, no tenía ganas. Todo lo que quería era hablarle, decirle por fin la verdad, confesarle que nunca lo traicioné, que siempre lo amé, que tenemos un hijo.Ahora esta
Capítulo 53AdrianEstá ahí, frente a mí, con los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos sobre una confesión que no llega, las manos temblorosas que se retuercen la una contra la otra como si buscara arrancarse las palabras que no se atreve a pronunciar. La luz de la luna acaricia su rostro, esculpe sus pómulos, hace brillar sus iris avellana con un destello que me vuelve loco, que me embriaga, que me vuelve violento. Dos años. Dos años que desapareció, dos años que me dejó solo con esa carta que me desgarró el corazón, dos años que me consumo en el silencio y la soledad, y he aquí que vuelve, que se planta delante de mí, que murmura promesas de explicaciones sin darlas nunca.—Adrian —dice con una voz temblorosa, una voz que se quiebra en mi nombre—, sé que estás furioso, sé que no comprendes, p
Capítulo 52AdrianLa copa se rompe en mi mano antes incluso de que comprenda lo que está pasando, antes de que mi cerebro registre la presión de mis dedos, antes de que el dolor suba por mi brazo. Un instante sostengo mi copa de champán, finjo escuchar las banalidades de ese ministro que me habla de fiscalidad, de tipos impositivos, de reformas futuras, y al instante siguiente, el cristal estalla bajo la presión de mis dedos, esquirlas afiladas se hunden en mi palma, y la sangre empieza a correr, caliente, roja, pegajosa, manchando el mantel blanco, chorreando sobre el puño de mi camisa. A mi alrededor, gritos ahogados, exclamaciones de sorpresa, manos que se tienden para ayudarme, camareros que acuden con servilletas, pero no veo nada, no oigo nada, no siento nada. Nada más que esa mirada. Esa mirada avellana que acaba de atravesar la sala y golpearme en pleno corazón, como una flecha, como una bala, como una pu
Capítulo 51LinaValésia no ha cambiado. Sus avenidas bordeadas de palmeras que se balancean suavemente con la brisa de junio, sus fuentes cantarinas que murmuran melodías olvidadas, sus cúpulas doradas que centellean bajo el sol como promesas de riqueza y de poder, todo está exactamente como en mi recuerdo, como si el tiempo se hubiera detenido el día en que huí de esta ciudad llorando bajo una lluvia torrencial. Pero yo he cambiado. Ya no soy la joven mujer rota que subía a un avión con una maleta y el corazón hecho trizas, que miraba por la ventanilla la torre Kessler desaparecer entre las nubes murmurando un adiós definitivo. Soy Lina Varel, madre de un niño de dos años, una mujer que ha sobrevivido al exilio, a la soledad, a las amenazas de un hombre sin escrúpulos. Y he vuelto para luchar.Es una reunión de antiguos alumnos la que me sirve de pretexto, una velada organizada en los salones del hotel de los Embajadores, el mismo hotel donde todo comenzó, donde había tomado una hab







