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23: Apuestas Ridículas

Author: LaSforza
last update publish date: 2026-01-24 02:24:59

Deshacerme del aroma a vainilla y coco fue tan fácil como volver al jabón neutro de siempre. A la mañana siguiente, me bañé con él, me puse el pelo recogido y vestí ropas simples. No quería ser un problema. No quería ser el detalle que desequilibrara al Alfa de Wolfcrest.

El efecto fue casi inmediato, pero esta vez, al revés.

Cuando bajé a desayunar, Kaiden ya estaba en la cocina. Esta vez me miró directamente. No había tensión rígida en sus hombros, ni esa mirada de irritación concentrada. Sol
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    Después de la apuesta y aquella conversación que ninguno quiso nombrar demasiado, algo cambió. No fue dramático. Simplemente… el aire se volvió distinto. Más ligero. Como si entre Kaiden y yo hubiera aparecido un puente que antes no existía. Frágil, sí. Pero real.Y al parecer, él estaba dispuesto a cruzarlo. Al menos cuando se trataba de sus hijos.Así fue como, sin planearlo, terminé convertida en su instructora particular.La primera lección fue sobre algo tan poco épico como el eructo.Aurora acababa de terminar de comer y la tenía apoyada contra mi hombro, dándole palmaditas suaves en la espalda. Kaiden observaba desde la puerta con Lucian en brazos, esperando su turno con una concentración que me parecía graciosa.—No son golpes —le expliqué, viendo cómo fruncía el ceño—. Es más bien… una vibración. Suave, pero constante. Para que el aire suba.—Lo hago demasiado fuerte —dijo. No era una pregunta. Era obvio.Sonreí.—Un poco, sí. Ven, prueba con Lucian.Se acercó y acomodó al be

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    Deshacerme del aroma a vainilla y coco fue tan fácil como volver al jabón neutro de siempre. A la mañana siguiente, me bañé con él, me puse el pelo recogido y vestí ropas simples. No quería ser un problema. No quería ser el detalle que desequilibrara al Alfa de Wolfcrest.El efecto fue casi inmediato, pero esta vez, al revés.Cuando bajé a desayunar, Kaiden ya estaba en la cocina. Esta vez me miró directamente. No había tensión rígida en sus hombros, ni esa mirada de irritación concentrada. Solo una observación tranquila, seguida de un asentimiento casi imperceptible. Era como si el aire a su alrededor se hubiera calmado. No dijo “gracias”, pero lo sentí en el silencio. El mensaje era claro: lo neutral, lo predecible, le gustaba. O al menos, no lo volvía loco.Eso me dio un poco de valor. O tal vez fue la necesidad de romper la incomodidad que había flotado desde el día anterior. Así que, después de alimentar a los gemelos, lo busqué.Lo encontré en su estudio, otra vez rodeado de pap

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    El nuevo gel de baño era un capricho tonto. Lo vi en el estante del baño, una botella pequeña que Elara debe haber dejado para mí. Olía a vainilla y a algo parecido al coco, un aroma dulce y sencillo, muy distinto al jabón neutro y sin perfume que solía usar. Después de la intensidad de los últimos días —la confesión, el libro escondido, la mirada de Kaiden diciéndome que yo le traía calma—, necesitaba algo simple. Algo que me recordara que todavía podía elegir algo para mí, por pequeño que fuera.Me bañé con él esa mañana. El vapor del agua caliente llevó el olor dulzón por toda la habitación. Me vestí y, por primera vez en semanas, me dejé el pelo suelto, húmedo todavía. El aroma me envolvía, un pequeño secreto personal.Pensé que todo sería normal en el desayuno. Bajé a la cocina a prepararme un té, y Kaiden estaba allí, de pie junto a la ventana con una taza de café negro en la mano, viendo los jardines. Me dio los buenos días con su tono habitual, grave y corto, pero cuando me ac

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    Narrado por Kaiden:La noche en Wolfcrest siempre tenía un peso distinto. No era el silencio absoluto. Era un silencio vivo. Un mosaico de sonidos que yo, podía desentrañar: el crujido de las ramas de los robles, un aullido lejano. Y, más cerca, los sonidos de mi propia casa: la respiración profunda del personal de servicio dormidos en el ala oeste, el leve tictac del reloj de péndulo en el vestíbulo, la caldera en las entrañas de la mansión. Pero por encima de todo eso, flotando como un fantasma, estaba el sonido que había comenzado a perseguirme. Era ella. Celia. No la veía. No estaba en la misma habitación. Había dos corredores y una escalera entre su habitación y mi estudio. Pero para mis sentidos, afilados, podría haber estado sentada a mi lado. La escuchaba moverse. El suave roce de sus pies descalzos sobre la alfombra de su habitación. El susurro de las sábanas cuando se acostaba. Y, a veces, lo más desconcertante: el ritmo de su respiración, un sonido bajo y regular que, in

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    El libro permanecía guardado bajo mi almohada. Sus palabras —"afines", "reclamados", "resonancia"— habían germinado dentro de mi cabeza, echando raíces en cada recuerdo, cada mirada. ¿Sería yo una de esas personas con afinidad hacia los lobos? Quizás solo soy una tonta humana, buscando una excusa que justifique por qué está comenzando a sentirse atraída por su jefe el Alfa. Por ahora la vida, terrenal y exigente, no se detiene para contemplaciones. Los gemelos, tenían hambre. Y su hambre era un reloj implacable que marcaba los ritmos de mi existencia en la mansión. Esta mañana, sin embargo, algo era distinto. Elara intentaba calmarlos mientras yo me preparaba para amamantarlos. Aurora, normalmente la más tranquila, lloraba con un quejido bajo y persistente, girando la cabeza una y otra vez, rechazando el chupete que ella le ofrecía. Lucian, en su cuna, se había encogido en una pelota diminuta y tensa, sus pequeños hombros temblando. —No sé qué les pasa —murmuró Elara, frustrada, a

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    No vi a Kaiden durante gran parte de la mañana, pero lo sentí.Era una presencia muda que recorría la mansión como una corriente subterránea, tensa, constante. Últimamente me siento muy afin a todos los de esta casa, sus presencias no pasan desapercibidas para mí, menos aún la de él.Mientras bebía agua en la cocina después del mediodía. Escuché a la cocinera hablando con otra chica del servicio sobre él. Supe de ellas que él había pasado horas encerrado en su despacho, desde temprano. Después de que alimenté a los niños y los dejé dormidos bajo el cuidado de Elara, decidí explorar la biblioteca, que era una de las partes de la mansión que no me había tomado el tiempo de mirar. Me detuve a leer un poco, o al menos a intentarlo. Los minutos pasaban lentos. Hasta que de pronto la puerta se abrió y lo encontré a él allí.O quizá él me encontró a mí.Estaba sentada junto a una de las mesas largas, con un libro abierto que no estaba leyendo realmente. Mis ojos recorrían las líneas sin co

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