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Capítulo dos

作者: Lord Browny
last update publish date: 2026-07-23 03:31:14

Las semanas pasaron como si fueran segundos.

Cada día era un recordatorio constante de la traición de Damon.

Amber había sido despojada de su título de Luna, degradada al rango de una simple sirvienta, obligada a trabajar en las cocinas como si nunca hubiera pertenecido a ese lugar.

La vida en la casa de la manada solo había empeorado desde que Damon le dio la espalda.

Los papeles del divorcio ya habían sido firmados. Y Damon había amenazado con echarla de la casa de la manada.

La única razón por la que seguía allí era por el Alfa Kyle, el padre de Damon. El hombre que la había tratado como a una hija cuando todos los demás la habían abandonado.

Incluso desde su lecho de enfermo, había permanecido a su lado, ordenándole a Damon que la dejara en paz. Pero eso hizo muy poco para silenciar los rumores que ahora consumían a toda la manada.

Bella había difundido mentiras como si fueran veneno, etiquetándola como una infiel.

Una cualquiera.

Una prostituta que había traicionado a su esposo.

Damon también había escuchado los rumores, pero eligió guardar silencio.

Y ese silencio solo les dio más fuerza a las mentiras.

Amber no le había contado sobre el embarazo.

No podía.

No de esta manera.

No cuando el hombre al que una vez amó se había vuelto tan frío.

Era difícil creer que fuera el mismo hombre del que se había enamorado… el que alguna vez trató a todos con justicia.

Pero todo cambió en el momento en que descubrió que ella era su compañera destinada.

Se volvió frío.

Cruel.

Irreconocible.

Y había tomado a los omegas como ejemplo, con su ira siempre hirviendo bajo la superficie y sus castigos cada vez más severos. Amber llevaba mucho tiempo sospechando que todo era por su culpa.

“¿Amber?”

La voz del Alfa Kyle atravesó sus pensamientos, haciéndola volver al presente.

Amber parpadeó y luego se volvió hacia él, una suave sonrisa extendiéndose por su rostro mientras tomaba delicadamente su mano.

“Llevo varios minutos llamando tu nombre. ¿Hay algo que te esté preocupando?” preguntó con voz amable, mientras la preocupación brillaba en sus ojos.

“No es nada, Padre. Solo estoy un poco cansada, eso es todo,” respondió, ampliando su sonrisa para tranquilizarlo.

Él apretó suavemente su mano.

“Lamento lo de Damon,” dijo en voz baja. “Todo esto es culpa mía.”

“No, no es su culpa, Padre,” respondió con firmeza. “Damon tomó su propia decisión.”

Extendió la mano hacia la taza de té negro que siempre le preparaba todas las mañanas.

El Alfa Kyle había permanecido postrado en cama desde que sufrió una grave herida durante la guerra cinco años atrás. Poco después, Damon asumió el cargo de Alfa. Pero el Alfa Kyle nunca perdió su fuerza de voluntad, y Amber seguía siendo una de las pocas personas en quienes confiaba.

El té negro de hierbas se había convertido en un consuelo diario para él, algo que ayudaba a calmar sus nervios. Con los años, le había tomado un gran cariño.

Tomó un sorbo y sonrió con suavidad.

“Como siempre, tu té es el mejor.”

Eso hizo sonreír a Amber.

“Solo es un té común, Padre. Ahora descanse. Ya me retiro.”

Se dio la vuelta hacia la puerta, extendiendo la mano para tomar el pomo cuando, de repente, el monitor comenzó a emitir pitidos de forma errática.

Una violenta tos sacudió la habitación.

Amber se dio la vuelta de inmediato, sintiendo cómo el miedo le oprimía el pecho.

“¿Padre?” exclamó, corriendo hacia él. “¿Se encuentra bien?”

El Alfa Kyle no respondió.

Su cuerpo comenzó a convulsionar mientras se aferraba con fuerza a las sábanas, y su rostro pasó de rojo a un intenso color carmesí.

Las puertas se abrieron de golpe.

El Alfa Damon irrumpió en la habitación, con una expresión tensa. Detrás de él, cinco guardias avanzaron al unísono como sombras.

Los ojos de Damon recorrieron rápidamente la habitación. Empujó bruscamente a Amber a un lado y cayó de rodillas junto a su padre.

“¡Padre! ¿Qué ocurre?” preguntó, con la voz temblorosa.

Espuma comenzó a acumularse en la boca del Alfa Kyle.

“¡Traigan al sanador… AHORA!” rugió Damon.

Los guardias salieron corriendo y regresaron momentos después con el Beta Gwen, el sanador personal de la manada.

Pero ya era demasiado tarde.

El monitor emitió un tono continuo mientras la línea se volvía plana, sonando como una campana de muerte.

Los ojos del Alfa Kyle se cerraron lentamente.

Su cuerpo quedó completamente inmóvil.

“¡No!” gritó Damon, abrazando a su padre mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

El Beta Gwen se movió rápidamente para comprobar su pulso.

La expresión de su rostro lo dijo todo.

El Alfa Kyle había muerto.

Amber sintió que su corazón se hacía añicos.

El Beta Gwen se disponía a marcharse cuando algo llamó su atención: la taza de té, todavía medio llena, sobre la mesa.

La tomó, sumergió dos dedos en el té y luego los llevó hasta su nariz.

Sus ojos se abrieron de par en par, alarmados.

La taza resbaló de su mano y golpeó la mesa con un fuerte ruido.

Se volvió hacia Damon, visiblemente conmocionado.

“Alfa Damon, yo… yo…” tartamudeó.

“¡Habla!” rugió Damon.

El sanador cayó de rodillas.

“Lo siento, Alfa. Me temo que…” Respiró profundamente, tratando de calmarse.

“El Alfa Kyle fue envenenado.”

La habitación quedó sumida en un silencio absoluto.

“¿Qué?” gritó Damon.

Agarró al sanador por el cuello de la ropa y lo levantó de un tirón.

“¿Quién hizo esto? ¿Quién se ATREVERÍA?”

La mirada del Beta Gwen se desvió nerviosamente hacia la taza de té.

“Yo… no lo sé, mi Señor. Pero el té… estaba mezclado con veneno.”

Amber sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

¿El té?

No…

Eso no podía ser.

Ella misma lo había preparado.

Como siempre lo hacía.

En ese instante, las puertas se abrieron de golpe.

Bella irrumpió en la habitación, con una expresión que mezclaba rabia y un falso dolor.

Señaló directamente a Amber, con la voz afilada por la acusación.

“Yo sé quién lo hizo”, anunció, mientras una sonrisa arrogante se dibujaba lentamente en su rostro.

“¡Fue ella!”

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