MasukEl silencio cayó sobre la sala.
Luego vinieron los jadeos.
El Alfa Damon se volvió hacia Amber, con los ojos tan oscuros como el carbón, y rugió:
“¿Cómo pudiste? ¡Mi padre te amaba como si fueras su propia hija!”
Amber retrocedió por instinto, con el miedo y el pánico reflejándose en su rostro.
Sus rodillas cedieron y cayó al suelo.
“N… no. Yo… yo no hice tal cosa. Yo no lo maté, Damon. ¡Tienes que creerme!” tartamudeó, mientras las lágrimas escapaban de sus ojos y las palabras de Damon pesaban sobre el ambiente.
Bella, llena de furia, espetó:
“¡Fue ella! ¡Yo la vi!”
La boca de Amber quedó entreabierta por la impresión.
“Está mintiendo, Damon. ¡Yo no maté al Padre!”
Pero Damon no le creyó.
Se volvió hacia los guardias, con la voz tan afilada como el acero.
“¡Captúrenla! ¡Llévenla ante el consejo para que sea juzgada!”
Los guardias se movieron rápidamente, rodeando a Amber, sujetándola por los brazos mientras la arrastraban hacia el consejo.
Amber forcejeó, alzando la voz.
“¡Soy inocente, Damon! ¡Yo no maté al Padre! ¡Me están tendiendo una trampa!”
Sus gritos llamaron la atención de la manada, y muy pronto la sala del consejo se llenó de miembros de la manada.
Los guardias la empujaron bruscamente hasta el centro de la sala, como si no fuera más que basura.
“Amber Lilian Smith, has sido acusada del asesinato del ex-Alfa. ¿Cómo te declaras?” preguntó fríamente uno de los ancianos principales, con una voz baja y amenazante.
Amber rompió a llorar.
“Soy inocente. ¡Yo no maté al Padre!”
Se lanzó hacia Damon, sujetándole la pierna, pero él la apartó de una fuerte patada.
“Inútil. ¿Cómo te atreves a mentirme en la cara?” rugió Damon, con su voz resonando por toda la sala. “¡Mi padre te trató como a una hija, y así es como le pagas! ¡Asesinándolo a sangre fría!”
Le dio una patada a la mesa que tenía al lado con una fuerza capaz de romper huesos, haciéndola volcar.
El aire se llenó de tensión, y Amber sintió cómo el miedo se apoderaba de su corazón.
No podía creer lo que estaba ocurriendo.
¿Cómo podía ser ella responsable de la muerte del Alfa Kyle… el único hombre que alguna vez la trató como si fuera de su familia?
Aquello era claramente una trampa.
Sus ojos recorrieron a la multitud hasta detenerse en Bella.
La sonrisa maliciosa de Bella confirmó todas sus sospechas.
Amber estaba siendo incriminada.
Y Bella estaba detrás de todo.
Volvió a sujetar la pierna de Damon, mientras la desesperación se apoderaba de su voz.
“¡Por favor, Damon! Soy inocente. Bella está mintiendo, todo es una mentira. ¡Tienes que creerme!”
Damon siseó, con la furia hirviendo justo debajo de la superficie.
Antes de que Amber pudiera reaccionar, su mano salió disparada hacia adelante, propinándole dos fuertes bofetadas en rápida sucesión.
“Llévenla a las mazmorras y ejecútenla,” ordenó Damon con un rugido. “¡Debe pagar el precio por todo lo que ha hecho!”
Al instante, los guardias avanzaron, sujetando a Amber por los brazos y arrastrándola hacia las mazmorras.
Amber gritó, llevando instintivamente las manos a su vientre para protegerlo.
“¡No puedes hacerme esto, Damon!” lloró. “¡Estoy embarazada!”
La sala estalló en murmullos de asombro.
Luego…
Silencio.
El rostro de Bella se retorció de furia.
Dio un paso al frente, con la voz fría y calculada.
“Eres una mentirosa repugnante. ¿Cómo te atreves a intentar salir de esto con otra de tus mentiras?”
Amber cayó al suelo y comenzó a arrastrarse hacia Damon. Sus manos temblaban mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
Su voz se quebró mientras suplicaba.
“Y… yo no estoy mintiendo, Damon. De verdad estoy embarazada. ¡Estoy llevando a tu hijo!”
Damon no dijo nada.
Simplemente permaneció de pie, con los puños apretados a los costados y los ojos tan oscuros como el vacío.
Pasó un minuto.
Luego otro.
Hasta que finalmente dio un paso hacia adelante, con la voz temblando de rabia.
“Tu castigo será modificado… porque llevas a mi hijo,” comenzó.
Un destello de esperanza cruzó el rostro de Amber.
Una débil sonrisa apareció en sus labios.
Pero desapareció en un instante cuando las siguientes palabras de Damon le robaron el aire de los pulmones.
“Serás llevada inmediatamente a las mazmorras y permanecerás encerrada allí. Una vez que des a luz, tu castigo será ejecutado y serás condenada a muerte.”
Se volvió hacia los guardias.
“Llévensela.”
Los guardias obedecieron sin vacilar, sujetando a Amber y arrastrándola hacia las mazmorras.
“¡No! ¡Damon, no puedes hacerme esto!” gritó, luchando por liberarse de su agarre. “¡Por favor! ¡Estoy diciendo la verdad!”
Pero sus gritos cayeron en oídos sordos.
Los miembros de la manada la acusaban mientras era arrastrada, señalándola con el dedo y con los rostros retorcidos de desprecio.
“¡Traidora!”
“¡Asesina!”
“¡Mentirosa!”
Bella permanecía en el centro del caos, con una sonrisa amplia y maliciosa dibujada en el rostro, sus ojos brillando de satisfacción.
Los guardias arrastraron a Amber por el pasillo y la arrojaron a las mazmorras con un fuerte empujón. La pesada puerta se cerró de golpe detrás de ella con un estruendo ensordecedor, y el sonido de la cerradura encajando resonó como un juicio definitivo.
Amber corrió hacia los barrotes, envolviendo con fuerza las manos alrededor del frío hierro.
Gritó con una voz ronca y desesperada.
“¡No! ¡Por favor! ¡Tienen que dejarme salir! ¡Soy inocente!”
Pero nadie acudió.
Ni siquiera una rata que pasara por allí se atrevió a quedarse.
Afuera, oscuras nubes cubrían el cielo, densas y pesadas.
La lluvia caía sobre el techo de piedra, filtrándose por las grietas y goteando dentro de la celda en frías gotas.
El viento aullaba a través de las rendijas de los muros de piedra, mordiendo su ropa empapada.
Amber se dejó caer al suelo, rodeando su vientre con los brazos.
El frío la atravesaba, pero no era nada comparado con el dolor que sentía en el pecho.
Rezó para que la lluvia se detuviera.
Pero no lo hizo.
Caía como una maldición.
Implacable.
Castigadora.
Las lágrimas nublaban su visión mientras su mente se llenaba de pensamientos.
Todo aquello tenía que ser una pesadilla.
Una broma cruel y retorcida de la propia Diosa Luna.
Todo lo que conocía.
Todo en lo que confiaba.
Había sido arrancado de su vida en un solo instante.
¿Cómo podía ser real?
¿Cómo podía ser ella, de entre todas las personas, acusada de matar al Alfa Kyle, el único hombre que alguna vez la trató con bondad?
El único que la veía como algo más que una simple abandonada.
Sus pensamientos se dirigieron hacia Bella.
Aquella sonrisa maliciosa.
El odio calculado en sus ojos.
Ahora Amber podía verlo todo con claridad.
Había sido ella.
Bella había orquestado todo aquello.
Ella asesinó al Alfa Kyle.
Pero ya no importaba.
Nadie le creería.
Ya no.
No cuando toda la manada ya la había juzgado.
Más lágrimas resbalaron por sus mejillas mientras apoyaba una mano protectora sobre su vientre.
Su hijo.
El hijo de Damon.
¿En qué clase de mundo nacería su bebé?
¿Qué clase de vida les esperaba?
“Tengo que salir de aquí,” susurró Amber,
con la voz apenas audible.
“No puedo dejar que todo termine así…”
Pero incluso ella sabía que haría falta algo más que un milagro para escapar de las garras de la manada.
Dana permanecía en medio de la habitación, hundiendo los dedos en sus rizos mientras contemplaba a Marcus, quien ahora dormía plácidamente en la cama.Él no se había movido en mucho tiempo desde que se quedó dormido sobre su hombro, justo después de alejarse del beso.Su corazón se aceleró ante el recuerdo. Apenas podía creer que realmente hubiera besado a su Alfa, algo con lo que había soñado hacer durante tanto tiempo.Aún podía recordar el tacto de sus labios sobre los suyos, el sabor de su boca y el roce cálido de su aliento contra su cuello.Su mirada permanecía fija en él... en sus largas pestañas, su mandíbula marcada y el suave subir y bajar de su pecho al respirar. Su corazón palpitaba desbocado mientras trazaba la curva de sus labios, la forma de su nariz y, finalmente, se detenía en el rostro del hombre del que se había enamorado perdidamente. Una sonrisa asomó a sus labios por un instante, antes de desvanecerse rápidamente al recordar la razón por la que él se encontraba e
Los últimos días habían sido los peores para Marcus. Ninguna cantidad de trabajo o reuniones nocturnas lograba evitar que su mente volviera a dar vueltas en torno a Amber.Desde su último encuentro, le había enviado decenas de mensajes de texto, la había llamado sin cesar y, aun así, ella no le había devuelto la llamada.Se pasó una mano cansada por los rizos y se quedó mirando fijamente la laptop abierta frente a él.Titulares. Cifras. Informes. Distracciones sin sentido destinadas a mantenerla fuera de sus pensamientos. Y, sin embargo, nada parecía funcionar ya.Su teléfono vibró en el escritorio a su lado, sacándolo de su estupor.Drax, su investigador privado, era quien llamaba.Marcus lo tomó y respondió con voz baja: —¿Hola?—Jefe, tengo noticias sobre Amber, como pidió.El pecho de Marcus se detuvo al escuchar su nombre. —Adelante.—Alguien entró a robar en su casa la semana pasada y secuestró a Jason.La mandíbula de Marcus se tensó y se puso de pie de un salto. —¿Qué? ¿Secues
Amber permaneció junto a la puerta incluso después de que Jessie se hubiera marchado.Tenía demasiado miedo de volver a entrar…Demasiado miedo de quedarse a solas con él.Pasaron diez minutos antes de que por fin reuniera el valor suficiente para regresar al interior.Lo primero que la recibió fue el sonido de unas risas que llegaban desde la sala.Damon estaba de pie en medio de la habitación, con las mangas arremangadas hasta debajo de los codos, sosteniendo una almohada mientras reía a carcajadas, esquivando los ataques de los niños con las suyas.No se parecía en nada al Alfa frío y despiadado que en otro tiempo había matado sin mostrar la menor compasión.Ahora parecía…Un hombre común.Humano.Un padre disfrutando de un momento feliz junto a sus hijos.Los niños vieron a su madre de pie en la entrada y dejaron de reír de inmediato.Jessie fue la primera en hablar.—¿Puede mamá jugar con nosotros también, papi?—Sí, papi. ¿Puede unirse mamá? —preguntó Jason con entusiasmo.Damon
UNA SEMANA DESPUÉS—Dios mío, Damon se ve tan bien cuando está con los niños. Mira lo fácil que les saca una sonrisa —dijo Jessie, con una enorme sonrisa extendiéndose por su rostro mientras observaba a Damon jugar con los pequeños en la sala.Amber siguió su mirada.—Sí, ¿verdad? No puedo creer lo fácil que conecta con ellos. A este paso, hasta se van a olvidar de que existo.Jessie se volvió hacia ella.—Ay, deja de ser tan dramática, Bree. Sabes perfectamente que eso nunca va a pasar. Los niños te quieren tanto como quieren a su padre.Amber suspiró.—Lo sé… Solo me preocupa lo mucho que se han encariñado con él. A este paso, podrían empezar a sugerir que se mudara con nosotros.Jessie sonrió con picardía.—¿Y eso sería realmente tan malo?Amber puso los ojos en blanco.—Sé lo que estás intentando hacer, Jess… y no va a funcionar.—¿Por qué no?—Porque Damon tiene su propia vida que vivir y una manada que dirigir. Y yo tengo la mía… y a los niños, de quienes debo cuidar. Así que no
ESA MISMA TARDEDamon caminaba hacia su coche estacionado cuando su teléfono vibró.Se detuvo y lo sacó del bolsillo.El nombre de Drake apareció en la pantalla.Cinco llamadas perdidas y dos mensajes.Suspiró y le devolvió la llamada.Drake respondió al primer tono.—Hola, hermano. ¿Qué pasó? ¿Por qué no apareciste anoche? He estado llamándote sin parar.Damon suspiró, pero no dijo nada.Había estado tan concentrado en rescatar a Jason que se había olvidado por completo de la reunión con Drake.—¿Está todo bien, hermano? —preguntó Drake al no recibir respuesta.Damon volvió a suspirar.—Sí, todo está bien. Surgió algo y no pude ir.—¿Pasó algo en la manada? ¿Hubo otro ataque? ¿Necesitas que vaya para allá?—No —respondió Damon, manteniendo un tono tranquilo—. No hubo ningún ataque. Ayer secuestraron a Jason.—¡Joder! Eso es mucho peor. ¿Cómo está ahora?—Está bien. Lo rescaté antes de que pudieran hacerle daño. Por eso falté anoche.—Maldita sea. ¿Quién se atrevería a hacer algo así?
PRESENTEDespués de asegurarse de que Jason estuviera bien arropado y profundamente dormido, Damon le dio un suave beso en la frente y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado detrás de él.Encontró a Amber esperándolo junto a la puerta, con el rostro enrojecido e hinchado de tanto llorar.—¿Cómo está? —preguntó en cuanto lo vio salir, esforzándose por contener las lágrimas.—Ya está bien —respondió Damon con dulzura—. Solo necesita descansar.—Gracias. Si no hubiera sido por ti, no sé qué habría pasado con Jason. De verdad te estoy muy agradecida.—No tienes que darme las gracias —respondió Damon, acercándose un paso—. Jason es nuestro hijo. Haría cualquier cosa por mantenerlo a salvo.—No pensé que fueras a venir —admitió Amber en voz baja—. Después de cómo te traté… esperaba que te enfadaras conmigo o que te negaras a ayudarme. Me alegra mucho que aparecieras.Damon soltó una leve risa.—¿De verdad tienes un concepto tan bajo de mí?Amber bajó la mirada, incómoda bajo







