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Capítulo 3. Furia y venganza.

Author: Kester
last update publish date: 2026-09-27 18:33:17

Al escuchar aquella pregunta, Lucy sintió que el corazón se le detenía de golpe. La mirada penetrante del hombre mayor frente a ella hizo que su cuerpo se quedara rígido. Sabía que aquel hombre no era cualquiera. Era Robert Shane, el suegro de Vicktor, propietario de Shane Group, quien ahora la observaba con profunda sospecha.

—Y-yo... no lo sé, señor —susurró nerviosamente, con la voz temblorosa.

Robert soltó un resoplido áspero y luego se dio la vuelta.

—¡Vicktor! ¡Realmente me has hecho enfadar! —exclamó mientras sacaba su teléfono, con los dedos temblando al marcar el número de su yerno.

En ese instante, Lucy pareció perder la razón. El pánico y el miedo se apoderaron de ella. Lentamente, se acercó por detrás. Sin pensarlo dos veces, empujó con fuerza los hombros de Robert con ambas manos.

—¡Bum!

El cuerpo envejecido salió despedido contra la pared junto a la piscina. La cabeza de Robert se golpeó con fuerza, dejándole una abrasión amoratada.

—Maldita sea... tú... —gimió Robert, intentando soportar el dolor.

La respiración de Lucy se aceleró. El miedo le oprimía la garganta.

—Lo siento... lo siento, señor... —murmuró presa del pánico mientras arrastraba el cuerpo debilitado de Robert. Con un desesperado tirón, empujó al anciano dentro de la piscina.

El chapoteo rompió el silencio. Robert forcejeó, intentando nadar, pero fue inútil. Su cuerpo envejecido no podía luchar contra el agua. Jadeó desesperadamente mientras intentaba alcanzar el borde de la piscina, pero sus fuerzas se agotaron.

—Dios mío...

Los sentimientos de Lucy se volvieron aún más caóticos, así que saltó al agua. Con las fuerzas que le quedaban, arrastró el cuerpo de Robert de vuelta a tierra. El cuerpo del hombre yacía inmóvil.

Temblando, Lucy buscó el pulso en su muñeca. Todavía había latido, pero era extremadamente débil.

Sin esperar más, tomó su teléfono y llamó a Vicktor.

—¡Vick! ¡Vuelve rápido! ¡Tu suegro está aquí! —su voz se quebró, al borde del llanto.

Quince minutos después, Vicktor finalmente llegó a su residencia después de que Lucy lo llamara por teléfono. Su mirada se quedó paralizada al instante al ver a Robert tendido indefenso junto a la piscina, con el cuerpo pálido como un cadáver. Lo que resultaba aún más sorprendente era que Lucy estaba de pie cerca de él, completamente empapada.

—¡Lucy! ¡¿Qué le pasó a papá?! —exclamó Vicktor presa del pánico mientras se acercaba apresuradamente.

Lucy bajó la cabeza, con el rostro tembloroso. El silencio los envolvió durante unos segundos antes de que respondiera en voz baja.

—Yo... no sé qué pasó realmente, Vick. Solo vi a tu suegro dentro de la piscina, pidiendo ayuda... así que fui a salvarlo de inmediato.

Vicktor se pasó una mano por el rostro, completamente alterado.

—¡Tengo que llamar a un médico ahora mismo! —Ya estaba metiendo la mano en el bolsillo de su traje, pero Lucy lo detuvo rápidamente.

—¡No, Vick! Por favor... llévalo al hospital ahora mismo. Eso será lo mejor.

Sin pensarlo, Vicktor asintió. Con toda la urgencia de la que era capaz, levantó el cuerpo de Robert.

—¡Lucy, ayúdame! ¡Rápido!

Ambos hicieron grandes esfuerzos para llevar a Robert hasta el automóvil. Vicktor respiraba con dificultad y sus ojos estaban llenos de preocupación. Cuando estaba a punto de encender el motor, Lucy se acercó.

—Vick... quiero ir contigo —dijo en voz baja.

Pero Vicktor negó con firmeza.

—No. Tú quédate en casa. Me preocupa que, si Amora te ve allí, pueda malinterpretarlo.

Lucy tomó con fuerza la mano de Vicktor, con la voz temblorosa y cargada de fingida inocencia.

—Tengo miedo, Vick. Tengo miedo de que Amora me acuse de algo que no hice. Por Dios, yo no le hice daño...

Vicktor la miró fijamente a los ojos.

—Tranquila, cariño. Confío en ti. Nadie sospechará de ti.

Lucy asintió, como si se sintiera aliviada. Y en cuanto el automóvil de Vicktor se alejó, su expresión cambió poco a poco. Una sonrisa maliciosa apareció en sus labios. Sí, ella había acabado deliberadamente con Robert, para que su amor por Vicktor dejara de tener obstáculos.

Lucy permaneció de pie con arrogancia en la sala de estar, contemplando su reflejo en el enorme cristal con una sonrisa triunfal. En el fondo de su corazón, sentía que era superior a Amora. En el pasado, cuando aún estaban en la escuela secundaria, Vicktor se había atrevido a rechazarla únicamente por el amor que sentía por Amora, una chica inteligente, rica y aparentemente perfecta a los ojos de todos. Ahora la situación había cambiado. Amora, gorda y con el cuerpo cubierto de grasa, resultaba repugnante.

—Amora... mi venganza aún no ha terminado. Todavía te esperan muchas sorpresas maravillosas —susurró Lucy con una sonrisa de satisfacción.

Sin embargo, aquella sonrisa se desvaneció lentamente cuando recordó algo. Sus ojos se abrieron de par en par.

—¡Las cámaras de seguridad! —exclamó, antes de correr presa del pánico escaleras arriba.

Su respiración se aceleró mientras atravesaba el largo pasillo hasta llegar a una habitación llena de pantallas de monitor.

Le temblaban las manos mientras tecleaba rápidamente, intentando abrir las grabaciones.

—Tengo que borrarlas antes de que sea demasiado tarde —murmuró.

Sí, Lucy quería eliminar las pruebas de video de las cámaras de seguridad que apuntaban hacia la piscina.

Sin embargo, de repente, el rostro de Lucy se tensó. El compartimento donde debería estar guardada la tarjeta de memoria estaba vacío. La memoria USB había desaparecido sin dejar rastro.

—¡Maldita sea! —gritó, golpeando la mesa con tanta fuerza—. ¡¿Quién se la llevó antes que yo?!

Su respiración se volvió cada vez más pesada. Sus ojos recorrieron frenéticamente la habitación, como si buscara una respuesta. Alguien se había infiltrado en aquella casa en secreto.

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