LOGINPoV Nikolaj Pasaron varias horas antes de que me permitieran entrar a la habitación privada. En cuanto abrí la puerta con cuidado, vi que Alinna empezaba a removerse en la camilla, parpadeando lentamente hasta enfocar la mirada en mí.—¿Viste a nuestros hijos? —preguntó con la voz ronca y débil, apenas logró verme.Me acerqué a trancos cortos y me senté en la orilla de la cama, tomando su mano fría entre las mías.—No, aún no he podido verlos, pero están bien, te lo prometo —le aseguré con un tono más suave del que solía usar.Ella desvió la vista hacia las sábanas, con los ojos cristalizándose de nuevo, mientras la culpa se le marcaba en cada facción.—Lo lamento... Lamento no haber podido lograr que ellos se quedaran más tiempo dentro de mí.Negué de inmediato, apretándole los dedos con firmeza para cortarle el pensamiento.—No tienes por qué disculparte por esa estupidez, Alinna. No estaba en tu control, y tal como te dije, nuestros hijos son fuertes; van a estar bien.Alinna me m
PoV Nikolaj El trayecto hasta la clínica privada fue una pesadilla a toda velocidad, con los neumáticos chillando en cada curva mientras yo apretaba a Alinna contra mi pecho, escuchando sus quejidos de dolor y sintiendo cada contracción como un golpe directo en mis propias costillas. Cuando las camionetas frenaron de golpe frente a la entrada principal, los médicos y enfermeros ya nos esperaban formados en la puerta con una camilla lista. Apenas detuve el vehículo, bajé cargando a Alinna y la entregué de inmediato al personal médico. —¡Muévanse, joder! —les grité mientras se la llevaban corriendo hacia el área de urgencias y la metían directo al quirófano. Las puertas dobles se cerraron de golpe frente a mí. Me quedé solo en el pasillo aséptico, con las manos aún manchadas con la humedad del parto y el corazón latiéndome desbocado en la garganta. Saqué el teléfono y llamé de inmediato a mi jefe de seguridad, que ya venía cerrando el convoy. —Escúchame bien —le ordené con voz
PoV Alinna El peso de las sábanas se volvió sofocante. Estaba durmiendo, pero mi cuerpo comenzó a sudar frío, empapándome la piel en cuestión de minutos mientras me agitaba en la cama, atrapada en una pesadilla que se mezclaba con la realidad. Un calambre brutal, un dolor tan agudo y desgarrador en el abdomen, me arrancó del sueño de golpe. —¡Ah! —grité, incorporándome de un salto con el corazón desbocado. Cuando aparté las sábanas y puse las manos en las piernas, sentí una humedad tibia y abundante escurriéndose por mis muslos. El pánico me heló la sangre. Miré hacia abajo y rompí a llorar de forma histérica, sintiendo que el aire me faltaba. —No, no, no, no... —balbuceaba entre sollozos, con las manos temblando mientras intentaba contener lo inevitable—. ¡Aún es muy rápido! ¡Aún es muy rápido, aún no deben nacer! En ese preciso instante, un torrente de líquido amniótico rompió por completo, empapando el colchón. El terror me superó y comencé a gritar con desesperación, lla
PoV NikolajSalí del comedor a zancadas, con la sangre caliente y la furia latiendo en las sienes, pero antes de que pudiera cruzar el umbral hacia el vestíbulo, unos pasos apresurados resonaron detrás de mí.—¡Nikolaj, espera! —me llamó el padre de Ivania, alcanzándome con el aliento a media voz.Me giré lentamente sobre mis talones, cruzándome de brazos con una expresión dura y cortante.—¿Qué quiere? —le espeté sin rodeos—. Pensé que ya lo había hablado bastante claro allá adentro.El hombre se detuvo a un par de pasos, tragando saliva antes de hablar con una tensión evidente en el rostro.—No puedes amenazarnos con cerrar los puertos, Nikolaj. Eso fue un acuerdo histórico que hicimos tu padre cuando estaba vivo y yo; no puedes romperlo así como así ni jugar con eso.Solté una risa seca, sin una pizca de humor, y lo miré con los ojos oscuros.—Yo no estoy jugando con mis puertos, señor Ivanova. Pero su hija sí pretende jugar con mi vida y la de mi familia como si fuéramos un maldit
PoV Nikolaj Seguí con la mirada la silueta de Alinna alejándose por el pasillo, con la furia aún ardiendo en su postura, y apreté los dientes conteniéndome para no ir tras ella. Tenía que sacarla de ahí. No podía arriesgarse a un disgusto mayor con el embarazo tan avanzado, y menos en medio de esta jaula de lobos.Volví la vista hacia la mesa, encontrándome con los ojos inyectados de rabia de Ivania, que me miraba con una mezcla de desprecio y despecho absoluto.—Por esa zorra con falta de educación fue que me cambiaste, Nikolaj —escupió Ivania, apretando los cubiertos con fuerza—. Pensé que tenías muy claro cuál era el norte de nuestra relación.—Ella solamente se defendió —le reté con voz gélida, apoyando los codos en la mesa—. Y ya te advertí que no podías faltarle el respeto bajo mi techo.—No le falté el respeto, solamente le dije la verdad —replicó ella, alzando la voz con cinismo—. Es una esclava, una cualquiera que trajiste aquí como pago de una maldita deuda y que terminó c
PoV Alinna La mesa del comedor principal parecía un campo de minas. Los Ivanova ocupaban los asientos con una rigidez calculada. Ivania estaba sentada frente a mí, con un vestido impecable y una expresión que destilaba veneno puro. Petrova presidía el extremo opuesto, observando todo con una calma gélida y calculadora. La puerta pesada se abrió con un crujido seco. Nikolaj entró de mi mano, marcando cada paso con una posesión absoluta. Yo llevaba un vestido largo de seda oscura que apenas disimulaba mi avanzado estado de embarazo, obligándome a caminar con elegancia contenida a pesar del peso de los mellizos. —Llegan tarde —escupió Ivania, clavando en mí una mirada cargada de un odio visceral. Nikolaj me ayudó a sentarme justo a su lado, con una mano firme en mi cintura antes de ocupar su propio puesto y encararla con los ojos oscuros. —Llegamos cuando nos da la gana, Ivania —respondió él con voz cortante. Ivania apretó la mandíbula, soltando una risa cínica mientras







