LOGINPov AliannaEl llanto se fue apagando poco a poco, dejando paso a un silencio denso y glacial dentro del pequeño cuarto de servicio. El temblor en mis manos cesó, sustituido por una rigidez absoluta.Tenía razón María.Si armaba un escándalo, si salía a gritarle sus verdades en la cara frente a su esposa y a los Ivanova, no duraría ni cinco minutos con vida.En este mundo de mafias y contratos de sangre, las amantes incovenientes simplemente desaparecían. Todo lo que él me había dicho, cada promesa junto al fuego en la cabaña, se había desvanecido. Era una mentira. Una trampa dorada.Pasó el resto de la mañana y llegó el mediodía. María abrió la puerta con sigilo, trayendo una pequeña bandeja con comida que apenas había tocado. Me miró con los ojos llenos de una profunda preocupación, agachándose a mi altura.—Niña... tienes que comer algo. ¿Qué vas a hacer? —me preguntó con la voz apenas audible.La miré fijamente, con la mirada vacía y fría, sintiendo que algo dentro de mí se había
POV AlinnaEl trayecto en la parte trasera de la camioneta había sido una tortura de frío, baches y olor a gasolina, pero cuando el vehículo finalmente se detuvo en los terrenos de la mansión principal, mi única prioridad era encontrar a Nikolaj y arrancarle una explicación.Me deslicé fuera del maletero en cuanto los guardias bajaron la guardia, aprovechando el caos del personal y el movimiento en los accesos.Con el cuerpo entumecido, los dedos congelados y la furia latiéndome en las sienes, me escurrí por los flancos de la propiedad hasta llegar al jardín trasero.Me acerqué con paso firme al ventanal de la gran sala, dispuesta a golpear el cristal si era necesario.Pero me detuve en seco.La respiración se me cortó en la garganta.A través del cristal, vi a Nikolaj. Tenía a una mujer alta, elegante y de una melena rubia perfecta sujeta por el rostro, besándola con una desesperación y una intensidad que me destrozaron las entrañas en un segundo. Y lo peor no fue eso; lo peor fue ve
POV NikolajEl aire en la sala principal de la mansión estaba cargado de una tensión insoportable. Era la mañana del veinticinco de diciembre, y el fuego de la chimenea crepitaba mientras los hilos de nuestra alianza volvían a entrelazarse.Tenía una copa de bourbon en la mano y la mandíbula tensa, de pie junto al ventanal. A pocos metros, el líder de los Ivanova discutía con frialdad los términos de las rutas comerciales del próximo trimestre.Desvié la mirada hacia el otro extremo de la sala.Allí, sentadas en un elegante sofá, mi esposa, Ivania, charlaba animadamente con su madre sobre los detalles de la temporada. Lucía impecable, con esa sonrisa educada que ocultaba el vacío de nuestro matrimonio por contrato.—¿Me estás escuchando, Nikolaj? —preguntó el patriarca Ivanova, sacándome de golpe de mis pensamientos.Forcé una sonrisa fría y volví la atención al juego, conteniendo el aliento.POV NikolajMientras asentía a medias ante el patriarca Ivanova, mi mente estaba a cientos de
Pov AlinnaNo probé bocado.Las bandejas de plata humeantes se quedaron intactas sobre la mesa de madera, emanando el aroma de una cena navideña que se convirtió en una burla pesada en medio de la nada.Primero grité.Les exigí respuestas a los hombres hasta quedarme sin voz, los maldije, golpeé las paredes de la cabaña con los puños cerrados hasta que me dolieron los nudillos y pateé los muebles en un arranque de furia ciega que no lograba apagar el fuego que sentía en el pecho.Después, cuando la noche avanzó y la tormenta afuera comenzó a azotar los ventanales, la rabia se desvaneció de golpe, dejando paso a un vacío aplastante.Me senté en el suelo, abrazando mis rodillas contra el pecho en medio de la oscuridad, y me sentí completamente sola. Aislada, helada y ridícula.Por último, el peor de todos los sentimientos me golpeó las entrañas: me sentí estúpida.Estúpida por haberle creído, por haberle entregado cada palabra, por haberme creído el cuento de que éramos tú y yo contra e
AlinnaPOV AlinnaLa luz de la mañana se filtraba suavemente por los ventanales de la cabaña, reflejándose en el manto blanco del exterior.Me desperté con una sonrisa idiota pintada en los labios, sintiendo una plenitud y una calidez que jamás había experimentado. Estaba completamente desnuda bajo las sábanas revueltas, con el cuerpo adolorido de la mejor manera posible y el recuerdo fresco de cada palabra, de cada caricia y de la forma en queNikolaj me había amado la noche anterior, no lo dijo pero lo senti.Gire la cabeza hacia el lado derecho de la cama buscando su cuerpo, el calor de su piel, su peso protector rodeándome.La cama estaba vacía. Las sábanas del lado de él ya se sentían frías.—¿Nikolaj? —llamé con voz adormilada, incorporándome despacio sobre los codos.Ninguna respuesta. El silencio en la planta alta era absoluto.Me puse una camisa suya que colgaba del respaldo de una silla y bajé descalza las escaleras de madera, recorriendo la sala donde todavía quedaban las c
POV AlinnaEl termómetro marcaba varios grados bajo cero cuando cruzamos la puerta de madera rústica de la cabaña, pero el frío exterior desapareció en el momento en que el calor de la chimenea nos envolvió. Nikolaj había cumplido su palabra; estábamos completamente aislados en medio de un espeso bosque nevado, lejos de la ciudad, de la universidad y de cualquier rastro de su maldito mundo corporativo y mafioso.Los primeros tres días fueron una locura perfecta.—¡No te atrevas! —le grité entre risas mientras me agachaba apresuradamente para armar otra bola de nieve.Nikolaj apenas tuvo tiempo de levantar los brazos antes de que le estrellara el proyectil directamente en el pecho. Él soltó un bufido divertido, sacudiéndose los copos de la chaqueta de invierno con una lentitud teatral, antes de avanzar hacia mí con zancadas largas sobre el manto blanco.—Con que esas tenemos, pequeña fiera —me retó con una sonrisa peligrosa.Eché a correr por la nieve virgen, riendo a carcajadas mientr







