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Capitulo. 83

Author: Belladonna
last update publish date: 2026-10-18 10:59:26

Pov Alinna

Capítulo 1: La fachada y la tormenta

El silencio en el estudio era tan pesado que podía cortarse con un cuchillo. Nikolaj se quedó con la mano extendida en el aire, con la frustración y la rabia latiéndole en las sienes, mientras yo me limitaba a mirarlo con una indiferencia absoluta que parecía quemarle más que cualquier insulto.

—Haz lo que quieras, señor Romanov —le dije en un susurro gélido, girándome hacia la puerta—. Pero si quiere mantener su fachada intacta ante su esposa y s
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    POV Nikolaj El sonido seco del pestillo todavía me zumbaba en los oídos cuando reaccioné. La incredulidad se transformó en una furia ciega, una rabia tan pura que me quemaba la garganta. Me acerqué de un salto al porche y comencé a golpear la madera con los puños cerrados, perdiendo los papeles por completo. —¡Abre la puta puerta, Alinna! —le rugí con la voz rota por la desesperación y la ira, sacudiendo el marco con todas mis fuerzas. Del otro lado, su voz atravesó la madera, afilada y cargada de burla: —¡Vete con tu esposa, Romanov, y deja de joder! —¡Alinna, hija de puta, te voy a matar yo mismo! —le grité fuera de mí, con los nudillos ardiendo. —¡A ver, atrévete! —me desafió ella desde adentro, sin rastro de miedo. Con el poco juicio que me quedaba, levanté el brazo y le arreé un puñetazo brutal a la superficie. Un dolor agudo me recorrió la mano al instante, haciéndome maldecir entre dientes. Olvidaba ese pequeño detalle: esta maldita cabaña era un refugio diseñado por

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    POV NikolajLa advertencia sobre el peligro de muerte flotaba entre los dos, pesada y sofocante, pero Alinna no se achicó ni un milímetro. Al contrario, cruzó los brazos sobre el pecho sucio de hollín y me sostuvo la mirada con una frialdad desafiante que me descolocó por completo.—Está bien... me voy —dijo con una calma aterradora, ladeando levemente la cabeza—. Pero solo si tú vienes conmigo.La miré, sintiendo que el suelo se me movía bajo los pies ante la locura que estaba proponiendo.—Alinna, sabes perfectamente que no puedo hacer eso ahora mismo, te prometo que en cuanto... —empecé a balbucear, intentando hacer entrar en razón a la fuerza.Me cortó de tajo, levantando una mano con absoluta firmeza y sin dejarme terminar la frase.—No estoy negociando, Romanov —me espetó con la voz cortante como el hielo—. Nos vamos juntos. Te quedas conmigo en Año Nuevo, regresas el primero de enero a despedir a tu estúpida esposa, y yo volveré a la mansión cuando ella se largue de aquí.Dio u

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    POV NikolajEmpujé la puerta del estudio con la intención de exigirle a Alinna que regresara a su habitación, pero la escena que se abrió ante mis ojos hizo que la sangre se me helara en las venas antes de convertirse en fuego puro.Ivania estaba de pie junto a la chimenea, sosteniendo su copa de champán con una sonrisa diabólica y distorsionada dibujada en los labios.A unos pasos, arrodillada sobre el suelo de piedra helada, Alinna tenía las manos completamente negras de hollín y ceniza, tosiendo levemente por el polvo acumulado mientras intentaba limpiar la alfombra con un cepillo.—¿Qué mierda está pasando aquí? —rugí, sintiendo que la rabia me estallaba en las sienes—. Alinna, párate de ahí ahora mismo.Ivania dio un sorbo a su copa con total parsimonia, sin inmutarse lo más mínimo ante mi grito.—Yo le ordené que lo hiciera —respondió con una ligereza insultante, mirándome de reojo.La mandíbula se me tensó hasta doler, y di un paso al frente con los puños cerrados con tanta fue

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    Pov AlinnaCapítulo 1: La fachada y la tormentaEl silencio en el estudio era tan pesado que podía cortarse con un cuchillo. Nikolaj se quedó con la mano extendida en el aire, con la frustración y la rabia latiéndole en las sienes, mientras yo me limitaba a mirarlo con una indiferencia absoluta que parecía quemarle más que cualquier insulto.—Haz lo que quieras, señor Romanov —le dije en un susurro gélido, girándome hacia la puerta—. Pero si quiere mantener su fachada intacta ante su esposa y su preciada alianza, más vale que me dé una orden clara sobre qué uniforme debo ponerme mañana.Abrí la puerta antes de que pudiera replicar y salí al pasillo con la barbilla en alto, obligando a mis piernas a no temblar. Sabía que gritar no servía de nada, pero tragarme el orgullo y jugar el juego desde adentro iba a ser mi mejor arma.Al día siguiente, la mansión amaneció envuelta en una calma tensa, la clase de quietud helada que precede a una catástrofe. Me habían asignado las labores de la p

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    POV NikolajLa sangre me zumbaba en los oídos con la fuerza de un golpe de martillo. Crucé la distancia que nos separaba en un par de zancadas, con los ojos oscurecidos por una furia ciega, y la tomé del brazo con brusquedad. Sin importarme los murmullos de asombro de mi madre ni las risas cortantes de Ivania, tiré de ella con fuerza. La arrastré a trompicones por el pasillo hasta adentrarnos en el estudio, cerrando la puerta de un portazo que hizo retumbar las paredes.—¿Qué demonios se supone que haces aquí? —le espeté, soltándola de golpe mientras la miraba con los puños apretados—. ¿Estás loca o quieres que te maten?Alinna se sacudió la manga de la camisa con desdén, levantando la barbilla con una frialdad que me desconcertó por completo. —Tu esposa no debe estar muy feliz —respondió con una sonrisa amarga y cortante—. Al enterarse de que la dejaste sola en Navidad para venir a entretenerte con el pago, con la esclava.Un músculo me tembló en la mandíbula mientras la rabia y el

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    Pov AliannaEl llanto se fue apagando poco a poco, dejando paso a un silencio denso y glacial dentro del pequeño cuarto de servicio. El temblor en mis manos cesó, sustituido por una rigidez absoluta.Tenía razón María.Si armaba un escándalo, si salía a gritarle sus verdades en la cara frente a su esposa y a los Ivanova, no duraría ni cinco minutos con vida.En este mundo de mafias y contratos de sangre, las amantes incovenientes simplemente desaparecían. Todo lo que él me había dicho, cada promesa junto al fuego en la cabaña, se había desvanecido. Era una mentira. Una trampa dorada.Pasó el resto de la mañana y llegó el mediodía. María abrió la puerta con sigilo, trayendo una pequeña bandeja con comida que apenas había tocado. Me miró con los ojos llenos de una profunda preocupación, agachándose a mi altura.—Niña... tienes que comer algo. ¿Qué vas a hacer? —me preguntó con la voz apenas audible.La miré fijamente, con la mirada vacía y fría, sintiendo que algo dentro de mí se había

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