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Capítulo — El Viaje Forzado

Author: M Souza
last update publish date: 2026-02-04 11:15:55

Alberto Vasconcellos

Entro en casa y, como siempre, soy recibido por el silencio pesado que habita este lugar. Antes, mi hogar era un reflejo de mi posición: muebles importados, cuadros de artistas reconocidos, alfombras persas. Ahora, todo ha perdido su brillo. Parece un escenario a punto de derrumbarse.

Subo las escaleras, sintiendo la tensión en el aire. Mis hijas están todas en casa. Puedo oír sus voces en el piso superior. Natália y Bianca, las mayores, conversan animadamente sobre alguna tontería trivial. Lara, como siempre, permanece en silencio.

Abro la puerta del despacho y me sirvo un vaso de whisky antes de enfrentarlas. Mi paciencia está al límite, y sé que no me gustarán las reacciones que están por venir.

—Reúnanse en la sala —digo con voz lo suficientemente alta como para que todas me escuchen.

Natália y Bianca bajan primero, con expresiones de aburrimiento. Son exactamente lo que la sociedad esperaba que fueran: hijas mimadas de un empresario rico. Siempre lo tuvieron todo, lo mejor de lo mejor, y aun ahora, con la bancarrota llamando a la puerta, actúan como si nada hubiera cambiado.

Lara tarda un poco más. Cuando finalmente aparece, me mira con esa mezcla de desafío y frialdad que siempre me ha irritado.

Cruzo los brazos y voy directo al punto.

—Hagan las maletas. Vamos a viajar.

Bianca abre los ojos de par en par y suelta un pequeño grito de emoción.

—¿En serio? ¿Adónde?

—A Dubái.

El entusiasmo de ellas estalla de inmediato.

—¡Dios mío, papá! ¡Eso es increíble! —exclama Natália—. ¡Siempre quise conocer Dubái!

—¡Ay, Dios mío, tenemos que comprar ropa nueva! —dice Bianca, ya con el teléfono en la mano, seguramente buscando marcas de lujo en los Emiratos.

Observo la escena sin ninguna sorpresa. El dinero puede estar acabándose, pero ellas todavía no entienden lo que eso significa.

Entonces, mi atención se dirige a Lara. A diferencia de sus hermanas, no parece emocionada. Al contrario, su expresión se endurece aún más.

—Yo no voy.

Mi paciencia se agota al instante.

—¿Cómo dijiste?

Cruza los brazos y levanta el mentón.

—Dije que no voy. No quiero ir a Dubái.

—¿Y desde cuándo tienes opción?

—Desde que decido sobre mi propia vida.

La rabia hierve en mi sangre. Esa niña siempre fue un estorbo, y ahora, justo cuando intento salvar lo que queda de mi imperio, decide hacerse la rebelde.

—No vas a estorbarme, Lara. Ya me has dado suficientes problemas.

Ella no retrocede, y eso solo consigue irritarme más.

—¿Y por qué debería ir? ¿Cuál es el verdadero motivo de este viaje?

—El motivo es que estoy intentando levantar a esta familia. Estoy tratando de garantizarles un futuro decente, y deberías agradecerlo.

—¿Agradecer? —ríe, sin humor—. Nunca te importó mi futuro.

Bianca y Natália se miran y deciden intervenir.

—Deja el drama, Lara —Natália pone los ojos en blanco—. ¡Es Dubái! ¿Quién en su sano juicio rechazaría un viaje así?

—Eres tan rara —añade Bianca con una risa burlona—. Vamos a hospedarnos en hoteles cinco estrellas, pasear en autos de lujo, y tú ahí haciéndote la mártir.

Lara suspira, visiblemente cansada.

—Porque sé que este viaje no es solo turismo. Hay algo más detrás de todo esto.

—Tienes razón —cruzo los brazos—. Voy a cerrar un negocio importante allí. Un negocio que puede salvar la empresa. Y si no quieres ir, entonces puedes empezar a buscar otro lugar donde vivir.

Ella me mira, sorprendida.

—¿Cómo dices?

—Exactamente lo que escuchaste. Si esta empresa quiebra, no habrá más casa, no habrá escuela privada, no habrá nada. ¿Crees que vas a vivir de qué?

No responde de inmediato. Sé que la he golpeado donde más duele. Lara puede no ser tan frívola como sus hermanas, pero tampoco tiene adónde ir.

—Eso no es justo —murmura.

—La vida no es justa —respondo con frialdad—. Haz las maletas.

Se queda allí, inmóvil, como si quisiera gritar, pero sabe que no tiene elección.

Al final, como siempre, yo gano.

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