FAZER LOGINA sus dieciocho años, Ruby Rodríguez, una estudiante de publicidad con recursos limitados, enfrenta el peor momento de su vida: su madre está en cuidados intensivos debido a una grave insuficiencia renal. Desesperada por costear la costosa operación, Ruby se ve obligada a aceptar vivir en la lujosa residencia de Nora Wilson. Ante su propia infertilidad, Nora ha tramado un plan secreto: convencer a Ruby de concebir un hijo con su marido a través de medios naturales, manteniendo relaciones íntimas con su esposo, Lucas Wilson. La urgencia es monetaria, pues Nora necesita un heredero para que Lucas pueda acceder a una cuantiosa herencia. Atrapada por la necesidad económica, y con la vida de su madre en juego, Ruby se resigna a aceptar la insólita proposición. Sin embargo, lo que se suponía que era un acuerdo puramente transaccional se complica rápidamente. Entre Ruby y Lucas surge una innegable química que prende la llama de un romance prohibido, dejando a Ruby atrapada en un peligroso y apasionado triángulo amoroso.
Ver maisEmily
Numa saída com minhas amigas eu o conheci. Lembro-me como se fosse hoje. Eu ainda consigo sentir o ambiente da festa. A música alta e agitada que tocava. O cheiro de álcool do hálito de Carol, uma amiga que bebe mais do que deve. E eu fui na onda dela e nesse dia bebi muito também. Letícia, estava conosco. Ela que iria dirigir nesse dia, então não me importei em ficar alta.
Aquela garota toda certinha estava na fossa, triste e extremamente desanimada. Pela primeira vez, se sentindo solitária. O namoro de dois anos tinha acabado de forma trágica com a traição dele com uma das minhas melhores amiga.
Então, ele entra....
Logo me empertigo no banco quando eu o avisto. O cara alto, usando um terno caro, não combina com o lugar. Não só eu, mas não tinha uma pessoa que não virava o pescoço para vê-lo passar na pista de dança do salão com luminosidade amena. A forma como ele anda e olha tudo dá a entender que ele está à procura de alguém.
—Deem uma olhada naquele cara que acabou de chegar. — Letícia sopra no meu ouvido.
Sim, eu já havia reparado nele. Carol o olha descaradamente. Rindo.
—Meu Deus! Ele parece gringo. —Ela diz se segurando em mim quando tropeça em seus saltos prata.
Reparo nos fios prateados na lateral dos cabelos e isso aumenta meu interesse e me faz fixar meu olhar nele. Seu rosto marcado demonstrava uma certa maturidade que eu não estou acostumada. Ele deve ter, uns trinta e cinco anos?
Mulheres sorriem quando se esbarram nele. Ele as afasta e continua sua busca. Eu, como boba, não presto atenção em mais nada e toda hora meus olhos procuram os dele. Acho que por causa do efeito da bebida eu esteja tão ousada.
Ele me intriga.
O que um homem maduro está fazendo em uma festa de aniversário composta por jovens desmiolados?
—Deus! Ele está se dirigindo para cá. —Letícia fala, e se sentindo nervosa se vira para o balcão.
Carol que até então está com a cabeça jogada no balcão a ergue dizendo: —Gente, vou mijar e já volto.
—Deus! Que expressão chula! —Eu digo para ela.
Nesse momento o homem se aproxima de nós. Letícia fica vermelha quando seu olhar passa por nós duas, mas então, ele o fixa nos meus olhos com todo seu ar de confiança.
—Oi.
—Oi. —Digo com um leve sorriso. —Está perdido?
Ele sorri e passa os olhos pelos meus lábios. Isso faz com que arrepios corram minha espinha.
—Pareço perdido? —Ele diz e sorri.
Hum seu sotaque é lindo. Deus! E que sorriso! Uau!
—É que...
Ele vira mais o corpo para mim.
—Não combino com o lugar? —Pergunta.
Que sotaque é esse?
Tenho vontade de perguntar, mas ao invés disso, reparo nele melhor. Ele está vestindo um terno de cor cinza-chumbo. Sua camisa branca tem os dois primeiros botões abertos me dando um vislumbre de seu peito bronzeado tonificado. Ele parece ter saído do trabalho, pois a gravata está pendurada no bolso de seu paletó.
O cara é lindo. Maturidade é tudo que eu gosto. Nunca tive oportunidade de conhecer um homem assim e ele está sendo entregue para mim de bandeja.
Eu sorrio abertamente para ele, pouco racional da minha parte, mas não consigo deixar de flertar.
—Não! —Minha voz sai num sussurro.
Ele sorri. Pega o celular na mão quando ele vibra. Dá um sorriso e o guarda novamente. Então olha para mim. Seus ombros relaxaram e ele me olha mais descontraído. Na hora sinto um arrepio na espinha pois a natureza de seu olhar muda e ele me olha agora com grande interesse.
—Quantos anos você tem? —Ele pergunta olhando o meu copo de vodca.
Eu bebo o restinho da bebida e o olho com desafio.
—Vinte e dois. —Minto.
—Parece mais jovem.
Eu sorrio.
—Vou encarar isso como um elogio.
—Tem carinha de anjo.
Eu sorrio me sentindo superbem com as palavras dele.
—Estava procurando alguém? —O questiono.
Ele sorri.
—Você é bem observadora.
—Achou? —Questiono sentindo minhas bochechas vermelhas.
—Sim, acabei de receber uma mensagem que essa pessoa já chegou em casa.
O barman se aproxima dele e pergunta o que ele vai tomar. Ele pede um Scotch.
Ele é fino. Vejo por suas maneiras, pelo jeito dele se expressar. Não consigo deixar de olhar para ele. Então o desconhecido se vira para mim e eu digo:
—Acho que vou pedir outra bebida.
—Ao invés de beber, que tal sairmos daqui? Poderíamos ir a um lugar sossegado.
La tarde había sido perfecta. Lucas y yo habíamos pasado el día en la mansión de Brentwood, planificando la vida que tendríamos allí, lejos de todo el caos.La risa todavía se me escapaba de los labios mientras yo abría la puerta de la casa de mamá con mis llaves, con Lucas a mi lado. Estaba soñando con cortinas y colores de pintura.Pero la alegría se detuvo rápidamente. La luz de la sala estaba tenue, y en lugar de mi madre, estaba Elsa, la enfermera, sentada rígidamente en el sillón. Su rostro estaba pálido, y la quietud del ambiente era lo que más me asustaba.—¿Dónde está mamá, Elsa? —pregunté, sintiendo que la alarma sonaba en mi cabeza. Mi corazón, que había estado tan tranquilo, comenzó a latir con una frecuencia aterradora.Elsa se levantó. Su rostro era de papel y sus ojos estaban dilatados por el miedo. Trataba de hablar, pero las palabras estaban atascadas en su garganta.—Elsa, ¿qué pasó? —pregunté, la sorpresa se convirtió en pánico.Elsa logró respirar profundamente y e
Lucas seguía firme con su postura, y no cabía duda de su amor por mí. Habíamos pasado por tanto que la idea de una vida juntos, por difícil que pareciera, era la única que me daba esperanza.Ya tenía más de tres meses de gestación, pero mi vientre se veía como si ya tuviera cinco, gracias a los mellizos.Esa mañana, Lucas decidió darme una sorpresa. Me subió a su coche con una sonrisa de oreja a oreja y condujo rumbo a Brentwood, una zona llena de mansiones increíbles.—¿Qué vamos a hacer en Brentwood? ¿Vamos a ver a algún cliente de tu empresa? —pregunté, impaciente. Estaba acostumbrada a que me contara todos sus planes.—Ya te dije que es sorpresa, no seas impaciente, mi vida —dijo, riéndose de mi curiosidad—. Solo confía en mí. Te prometo que te va a encantar.—Confío en ti, pero mi curiosidad está al cien por ciento. ¿Es algo de la empresa? ¿Un nuevo proyecto? ¿Vamos a robar un banco?Lucas me tomó la mano que tenía sobre mi regazo y la besó.—Es un proyecto mucho más importante q
Narrador OmniscienteLa oficina principal de John Wilson, en el último piso de Empresas Wilson, era un templo de poder y orden.Un orden que fue brutalmente roto esa mañana cuando Tomás, el hijo de John, entró sin llamar, iracundo, y lanzó un manojo de documentos sobre el escritorio de su padre.—¡Papá, se puede saber qué significa esto! —dijo Tomás, la rabia vibraba en su voz.John, sentado en su silla de cuero, lo miró con autoridad inmutable.—¿Qué te pasa, Tomás? ¿Por qué me hablas así?—¡Compraste hace poco una firma de publicidad y ni siquiera informaste a la junta directiva de tus decisiones extrañas, papá! Esa inversión no tiene sentido, es un gasto innecesario. Y de paso que hace el nombre de Ruby en la línea sucesoral de los Wilson, espero tengas una buena explicación.John se recostó en su silla, sin inmutarse.—¿Qué tiene de malo, John? Te informo que sigo siendo el presidente de esta empresa y puedo hacer lo que me dé la gana con el presupuesto.—Lo peor no es que hayas in
Narrador OmniscienteUna vez que su madre, Coty, se fue de compras —con el objetivo de gastar los pocos dólares que le quedaban y aliviar el estrés—, Nora se dirigió a su habitación en el lujoso apartamento de Nueva York. Allí la esperaba Mark, su guardaespaldas y amante.La frustración por el fracaso del plan de extorsión y asesinato se canalizó en una necesidad apremiante de dominación. Mark era su válvula de escape, el único hombre ante el que podía ser completamente salvaje sin ser juzgada.Nora lo empujó hacia la cama con una urgencia brutal. Él se dejó caer, sonriendo con lascivia mientras ella se subía encima de él, vestida solo con una lencería de seda negra.Sus ojos ardían con una furia y un deseo desenfrenados. Ella no buscaba ternura; buscaba el control, buscaba castigar el mundo a través de su cuerpo.—Hazme olvidar a ese estúpido de Lucas, Mark —siseó ella, arañándole la espalda.—Lucas es un recuerdo distante, preciosa —le respondió él, sujetándola firmemente de las cad












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