INICIAR SESIÓNAbrí los ojos lentamente. Mi mirada se posó automáticamente en el sofá de color dorado que estaba a mi costado, vacío. El recuerdo de la noche de la consumación—el dolor, la humillación, y sí, la traición de mi propio cuerpo—golpeó mi mente.
Aquella punzada innegable de placer se mezclaba con la culpa, dejándome completamente despierta.
Me levanté perezosamente de la cama. Miré el reloj y marcaba todavía las cinco de la mañana. Yo estaba acostumbrada a levantarme temprano, y esa costumbre era una pequeña armadura contra el lujo opresivo de la mansión.
Con los ojos completamente despiertos, arrastré los pies hasta el baño. Después de una ducha rápida y fría para despejar la mente, me puse unos leggings viejos y una camiseta de algodón, buscando desesperadamente sentirme dueña de algo.
Decidí salir. Necesitaba aire, distancia de la habitación que se había convertido en mi celda. Mis pasos eran ligeros mientras caminaba por el pasillo.
Me dirigí hacia una puerta que conectaba directamente con el ascensor. Bajé en silencio y, al salir, me encontré de golpe con el imponente jardín.
El aire fresco de la mañana fue un alivio inmediato. Caminé por un sendero de piedra y me hallé frente a una enorme y elegante piscina de bordes infinitos, tan azul y serena como solo había visto en revistas.
Más allá, había un gran salón de fiestas de cristal, y los jardines eran frondosos y amplios, con diversas flores exóticas.
—Esta gente es inmensamente rica —murmuré para mí misma, sintiendo el peso de la brecha social. Eran dueños de un mundo que a mí solo se me permitía mirar.
De pronto, la voz aguda y nerviosa de Violet me interrumpió desde atrás.
—¡Ruby, Señorita! ¿Qué hace despierta a estas horas?
Me giré. Violet se acercó apurada, su rostro reflejaba solo pánico.
—Necesitaba salir y tomar aire fresco. ¿Acaso mi contrato me prohíbe respirar, Violet?
Ella susurró, bajando la voz a nivel intrigante.
—Tienes que descansar. Estás en pleno período de ovulación, la Dra. Helen fue muy clara. La señora Wilson se puede molestar muchísimo al verte fuera.
—¿Qué tiene que ver la ovulación con salir a caminar? —pregunté, cruzándome de brazos.
—¡Por Dios, muchacha! —exclamó Violet, su voz era casi un chillido ahogado—. Serás la futura madre sustituta del bebé Wilson. ¡No lo eches todo a perder, firmaste un contrato!
Sentí la punzada de rabia y le respondí tajantemente:
—Querrás decir el vientre comprado, Violet. ¿No es eso lo que soy?
Violet se puso pálida y me agarró del brazo.
—Ven conmigo, por favor. Vuelve a la cama. No hagas preguntas que no debes.
—No iré a ningún lado, Violet. Mejor ve tú a descansar. Estás muy fatigada.
Ella me soltó, su derrota era visible.
—Eres una chiquilla muy terca —dijo con frustración, y dándose por vencida, se marchó nerviosa, no sin antes mirar hacia la mansión con aprensión.
***
Al irse Violet, no pasaron ni diez minutos cuando alguien me llamó por detrás.
—Ruby, acompáñeme por favor.
Me quedé pasmada. La voz era inconfundible. Me giré para encontrar a Lucas Wilson. Él estaba a unos pocos metros, vestido con pantalones de chándal grises y una camiseta negra. El atuendo deportivo lo hacía ver más joven, relajado y, peligrosamente, mucho más guapo.
—Buen día, señor —saludé, asintiendo cortésmente. Caminé lentamente hacia él, sintiéndome vulnerable.
Lucas estiró los brazos con amplitud, disfrutando del aire de la mañana.
—Por lo visto, eres madrugadora. En eso te pareces mucho a mí.
Jugueteaba nerviosamente con mis dedos. No podía deshacerme del recuerdo de lo que hicimos aquella noche cada vez que mis ojos chocaban con los suyos. El placer prohibido se mezclaba con la pena, creando un cóctel que me desestabilizaba.
—Ven, vamos a dar un paseo por los jardines —murmuró Lucas.
Tragué saliva. Lucas se detuvo, luego, sin preguntar, tomó mi mano para que yo caminara a su lado. La calidez de su mano contrastaba con la frialdad del amanecer. Me quedé en silencio, pero de repente, como si me diera cuenta de la intimidad del gesto, me solté inmediatamente.
—Vamos —susurró Lucas, sin inmutarse por mi rechazo.
—Señor Lucas, no me lo tome a mal —dije con cuidado, mientras caminábamos—. Pero la señora Nora estaría muy enojada si nos viera platicando a solas y paseando sin su consentimiento.
Lucas simplemente se encogió de hombros, ignorando a su esposa.
—No quiero que nada empañe el tratamiento de mi madre —expliqué, forzando la conversación de vuelta al trato.
Lucas se detuvo y me miró seriamente. Su voz se hizo grave, pero había una extraña suavidad en ella.
—Tranquila, Ruby. De tu madre me estoy encargando yo personalmente. Y no dejes que Nora te meta miedo. Ella solo maneja el protocolo, yo manejo las decisiones. Es más, voy a hablar con el doctor para que en un rato vayas a verla.
Mis ojos se abrieron, llenos de incredulidad y una esperanza feroz.
—¿En serio?
—Sí, Ruby. Aunque sea a través del cristal. Tu madre sigue delicada, pero la noticia de su mejoría te vendrá bien.
La emoción fue demasiado. Olvidándome de Nora, del contrato y de la deuda, me lancé hacia él. Lo abracé con fuerza, enterrando mi rostro en su hombro.
Él, de igual forma, correspondió al abrazo, clavando su nariz en mi cabello y respirando mi aroma. Fue un instante de contacto humano y puro, una tregua emocional que ambos necesitábamos.
—Gracias, señor Lucas —murmuré, con la voz quebrada por las lágrimas acumuladas.
Lucas me separó suavemente, volviendo a su papel de jefe, pero una chispa de ternura permaneció en sus ojos.
—Necesito que entiendas algo: Yo no soy Nora. Y tranquila, Ruby. De tu madre me estoy encargando yo personalmente. Su cuidado no está en manos de Nora; está bajo mi protección. Ahora, regresa. Desayuna algo y espera mis instrucciones.
Y con esa promesa, Lucas me dio la espalda y se alejó hacia la mansión, dejándome sola en el jardín. Mi corazón latía por el alivio de la noticia, pero lo que me asustaba era la extraña atracción que sentía por el hombre que me tenía atrapada.
La tarde había sido perfecta. Lucas y yo habíamos pasado el día en la mansión de Brentwood, planificando la vida que tendríamos allí, lejos de todo el caos.La risa todavía se me escapaba de los labios mientras yo abría la puerta de la casa de mamá con mis llaves, con Lucas a mi lado. Estaba soñando con cortinas y colores de pintura.Pero la alegría se detuvo rápidamente. La luz de la sala estaba tenue, y en lugar de mi madre, estaba Elsa, la enfermera, sentada rígidamente en el sillón. Su rostro estaba pálido, y la quietud del ambiente era lo que más me asustaba.—¿Dónde está mamá, Elsa? —pregunté, sintiendo que la alarma sonaba en mi cabeza. Mi corazón, que había estado tan tranquilo, comenzó a latir con una frecuencia aterradora.Elsa se levantó. Su rostro era de papel y sus ojos estaban dilatados por el miedo. Trataba de hablar, pero las palabras estaban atascadas en su garganta.—Elsa, ¿qué pasó? —pregunté, la sorpresa se convirtió en pánico.Elsa logró respirar profundamente y e
Lucas seguía firme con su postura, y no cabía duda de su amor por mí. Habíamos pasado por tanto que la idea de una vida juntos, por difícil que pareciera, era la única que me daba esperanza.Ya tenía más de tres meses de gestación, pero mi vientre se veía como si ya tuviera cinco, gracias a los mellizos.Esa mañana, Lucas decidió darme una sorpresa. Me subió a su coche con una sonrisa de oreja a oreja y condujo rumbo a Brentwood, una zona llena de mansiones increíbles.—¿Qué vamos a hacer en Brentwood? ¿Vamos a ver a algún cliente de tu empresa? —pregunté, impaciente. Estaba acostumbrada a que me contara todos sus planes.—Ya te dije que es sorpresa, no seas impaciente, mi vida —dijo, riéndose de mi curiosidad—. Solo confía en mí. Te prometo que te va a encantar.—Confío en ti, pero mi curiosidad está al cien por ciento. ¿Es algo de la empresa? ¿Un nuevo proyecto? ¿Vamos a robar un banco?Lucas me tomó la mano que tenía sobre mi regazo y la besó.—Es un proyecto mucho más importante q
Narrador OmniscienteLa oficina principal de John Wilson, en el último piso de Empresas Wilson, era un templo de poder y orden.Un orden que fue brutalmente roto esa mañana cuando Tomás, el hijo de John, entró sin llamar, iracundo, y lanzó un manojo de documentos sobre el escritorio de su padre.—¡Papá, se puede saber qué significa esto! —dijo Tomás, la rabia vibraba en su voz.John, sentado en su silla de cuero, lo miró con autoridad inmutable.—¿Qué te pasa, Tomás? ¿Por qué me hablas así?—¡Compraste hace poco una firma de publicidad y ni siquiera informaste a la junta directiva de tus decisiones extrañas, papá! Esa inversión no tiene sentido, es un gasto innecesario. Y de paso que hace el nombre de Ruby en la línea sucesoral de los Wilson, espero tengas una buena explicación.John se recostó en su silla, sin inmutarse.—¿Qué tiene de malo, John? Te informo que sigo siendo el presidente de esta empresa y puedo hacer lo que me dé la gana con el presupuesto.—Lo peor no es que hayas in
Narrador OmniscienteUna vez que su madre, Coty, se fue de compras —con el objetivo de gastar los pocos dólares que le quedaban y aliviar el estrés—, Nora se dirigió a su habitación en el lujoso apartamento de Nueva York. Allí la esperaba Mark, su guardaespaldas y amante.La frustración por el fracaso del plan de extorsión y asesinato se canalizó en una necesidad apremiante de dominación. Mark era su válvula de escape, el único hombre ante el que podía ser completamente salvaje sin ser juzgada.Nora lo empujó hacia la cama con una urgencia brutal. Él se dejó caer, sonriendo con lascivia mientras ella se subía encima de él, vestida solo con una lencería de seda negra.Sus ojos ardían con una furia y un deseo desenfrenados. Ella no buscaba ternura; buscaba el control, buscaba castigar el mundo a través de su cuerpo.—Hazme olvidar a ese estúpido de Lucas, Mark —siseó ella, arañándole la espalda.—Lucas es un recuerdo distante, preciosa —le respondió él, sujetándola firmemente de las cad
La intensidad del momento nos había devuelto la vida. Después de toda el furor y el miedo, sentir la cercanía de Lucas era la única medicina. Estábamos en la pequeña cama de mi infancia, y el ambiente era tan íntimo, como un refugio seguro.Lucas intentó retomar el juego de seducción, acariciándome los pechos por encima de mi blusa desabrochada. Pero mi deseo, que había sido tan inminente, de repente se detuvo. Sentí mis mejillas arder, y una inseguridad conocida se instaló en mi mente.—No me siento segura con mi cuerpo —susurré, quitando suavemente su mano de mi pecho. El vientre estaba enorme y mis curvas eran todas nuevas.Lucas me miró, y no había decepción en sus ojos, solo adoración.—No te sientas así, cariño. Eres la mujer más sexy que he conocido en la vida —dijo, y en lugar de discutir, comenzó a besarme el cuello con suavidad. Levantó la sábana de la cama, y nos cubrió a ambos.Me recostó con delicadeza, besando cada punto de mi rostro, de mis hombros, de mis brazos. Su ta
Narrador OmniscienteAl día siguiente, la calma en el penthouse de Malibú era falsa. Lucas estaba solo, pero la angustia no lo dejaba descansar.La rabia por la extorsión de diez millones se había mezclado con una certeza: Nora era peligrosa, y la rapidez con la que llegó la nota era demasiado sospechosa.Nadie de su círculo sabía que se había mudado a ese nuevo apartamento después del ataque; la mansión principal estaba en venta. ¿Cómo pudo Nora saber su ubicación si no era a través de alguien interno?Lucas sabía que debía averiguar la verdad. Las dudas de Ruby eran, posiblemente, su única pista.Se dirigió a la zona de servicio donde estaba Violet. La encontró doblando sábanas.—Violet, ven aquí —le dijo con seriedad.Violet se quedó inmóvil, tragó saliva y se acercó a Lucas, sabiendo que el momento de la verdad había llegado.—Dime la verdad. ¿Fuiste tú quien trajo esa nota a la puerta? —Lucas no le dio rodeos. Sus ojos, ahora tan agudos y fríos como los de un águila, examinaban c







