Home / Romance / Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo) / Capítulo 3: Un trato sin salida

Share

Capítulo 3: Un trato sin salida

Author: Esther Grace
last update publish date: 2026-01-21 12:23:04

Damián no dijo nada más. No hacía falta. La tensión ya estaba instalada en el aire y cualquier palabra extra solo iba a empeorar lo que ya estaba bastante cargado. Se giró con calma, tomó su saco del respaldo del sillón y salió del despacho sin mirar atrás.

Necesitaba salir de ahí.

Necesitaba volver a su empresa, a su espacio, a algo que pudiera manejar sin interferencias, sin condiciones disfrazadas de decisiones familiares. Porque si se quedaba un minuto más en esa casa, con esa conversación rondándole la cabeza, iba a terminar reaccionando de una forma que no le convenía.

La puerta se cerró detrás de él con un sonido seco, y el silencio que dejó fue pesado.

Laurent Moreau se quedó de pie, mirando el lugar por donde su hijo había salido, con la mandíbula tensa y la respiración aún cargada. La molestia seguía ahí, evidente, pero también había algo más… algo que no iba a admitir en voz alta. Sabía perfectamente con quién estaba tratando. Damián no era fácil. Nunca lo había sido. Y aunque ya había dado un paso aceptando el acuerdo, eso no significaba que fuera a someterse sin resistencia.

Ese era precisamente el problema.

Hanna no tardó en reaccionar. Cruzó los brazos, apoyando el peso en una pierna mientras observaba a su padre con una expresión que no intentó disimular.

—Siempre haces lo mismo —dijo, directa.

Laurent giró la mirada hacia ella, sin responder de inmediato.

—No empieces —advirtió, todavía con ese tono firme que solía usar para cortar discusiones antes de que crecieran.

Pero Hanna no era de las que retrocedían.

—No, sí voy a empezar —replicó, manteniendo la calma, pero sin suavizar nada—. Porque esto no es nuevo. Cada vez que quieres asegurar algo, terminas empujando a todos contra la pared.

Renata se mantuvo en silencio unos segundos, observando la escena antes de intervenir.

—Y siempre bajo la misma lógica —añadió, con voz más tranquila, pero igual de clara—. “Es por el bien de la familia”.

Camille, que hasta ese momento había estado apoyada contra el marco de la puerta, soltó un suspiro y negó con la cabeza.

—Lo curioso es que nunca preguntas si ese “bien” también es lo que queremos nosotros.

Mientras tanto, la señora Moreau había sido guiada fuera del despacho por Amanda y Camille unos minutos antes, buscando darle un respiro lejos de la tensión. Amanda la sostenía del brazo con cuidado, hablándole en voz baja, intentando distraerla, mientras Camille le ofrecía una sonrisa más ligera de lo habitual.

—Vamos, mamá… necesitas aire —le dijo Amanda con suavidad—. Esto no te hace bien.

La señora Moreau asintió apenas, aunque su preocupación seguía marcada en el rostro. No era la discusión lo que la inquietaba… era lo que venía después.

De vuelta en el despacho, el ambiente seguía igual de tenso.

Laurent caminó lentamente hacia el escritorio, apoyando las manos sobre la superficie, como si necesitara sostener algo más que su postura.

—No entienden —dijo finalmente, sin levantar la voz—. Esto no es un capricho.

Hanna soltó una risa corta, sin humor.

—Claro que no. Nunca lo es, ¿verdad?

—Es una decisión necesaria —insistió él—. La empresa no está en una posición donde pueda permitirme errores.

Renata ladeó ligeramente la cabeza.

—Y aun así decides arriesgar la relación con tu hijo.

Laurent levantó la mirada, sosteniéndola.

—Prefiero eso a perder todo lo que construí.

Hubo un silencio breve.

Renata se incorporó, dejando de apoyarse en la pared.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo, caminando unos pasos hacia el centro—. Que ni siquiera te das cuenta de que estás repitiendo exactamente lo mismo que hiciste con nosotras.

Eso sí lo hizo tensarse.

Hanna no apartó la mirada.

—Nos casaste bajo condiciones que no elegimos —añadió, sin rodeos—. Nos adaptamos, sí. Algunas mejor que otras… pero eso no significa que haya sido lo correcto.

Renata asintió, cruzándose de brazos.

—Y ahora esperas que él lo acepte igual.

Laurent guardó silencio por un momento, como si estuviera decidiendo qué tanto admitir.

—Damián no es ustedes —respondió al final—. Él entiende cómo funciona esto.

—Precisamente por eso está reaccionando así —replicó Hanna—. Porque lo entiende demasiado bien.

El silencio volvió a caer, pero esta vez no fue incómodo. Fue denso. Lleno de verdades que ya no podían esquivarse.

Laurent desvió la mirada por un segundo, como si estuviera reorganizando sus propias ideas, aunque no lo diría en voz alta.

—Ya aceptó —murmuró.

Renata negó lentamente.

—No —corrigió—. Dijo que lo iba a pensar.

Y todos en esa habitación sabían lo que eso significaba.

Porque Damián no era un hombre que aceptara las cosas tal como se las daban. No obedecía por presión. No se doblaba por obligación.

Si iba a entrar en ese matrimonio… no sería como su padre esperaba.

Y eso, en el fondo, Laurent también lo sabía. Porque si algo tenía claro… Era que su hijo no iba a jugar ese juego siguiendo las reglas de nadie más.

-----

Minutos después, Damián ya estaba entrando al edificio de la empresa con el mismo paso firme de siempre, pero con una tensión acumulada que no pasaba desapercibida para nadie que lo conociera lo suficiente. No saludó a nadie más allá de un gesto mínimo, ni se detuvo en nada. Subió directo a su oficina, empujó la puerta con más fuerza de la necesaria y dejó caer el saco sobre el sillón sin cuidado.

El ambiente ahí dentro era distinto.

Su asistente personal, que ya había notado su expresión desde que cruzó el pasillo, entró casi de inmediato detrás de él.

—Señor Moreau…

Damián no respondió de inmediato. Se dejó caer en el sillón, inclinándose ligeramente hacia adelante mientras se llevaba una mano a la frente, masajeando el punto exacto donde empezaba a formarse ese dolor de cabeza que ya conocía demasiado bien. Estar con su padre siempre terminaba igual: tensión, presión… y decisiones que no pedía.

—Agua —murmuró, sin mirarlo.

El asistente asintió al instante y se giró hacia la puerta.

—Traigan un vaso de agua, por favor —indicó a la secretaria con rapidez.

Damián exhaló despacio, apoyando los codos en las rodillas, intentando ordenar la cabeza. No era el tipo de hombre que perdía el control, pero eso no significaba que no se irritara. Y lo que acababa de pasar… definitivamente lo había sacado de su punto habitual.

Aun así, no estaba en desventaja.

Ya tenía movimientos hechos. Había anticipado escenarios. Tenía prácticamente estructurada su propia línea dentro de la empresa, una base sólida que no dependía completamente de su padre. Si las cosas se torcían… no se iba a quedar con las manos vacías.

Eso era lo único que lo mantenía tranquilo.

—Señor Moreau… tiene visita —dijo la secretaria, asomándose por la puerta con cuidado.

Damián ni siquiera levantó la mirada.

—Dile que—

No terminó la frase.

Porque en ese mismo instante, una voz aguda y alegre rompió el ambiente.

—¡Tíooo!

Damián levantó la cabeza justo a tiempo para ver a una pequeña de cabello oscuro entrar corriendo sin ningún tipo de filtro, cruzando la oficina como si fuera su casa. Lucia, con sus cinco años y su energía imposible de contener, se lanzó directo hacia él.

Y esa fue, probablemente, la única interrupción que no le molestó.

Damián alcanzó a incorporarse apenas lo suficiente para recibirla antes de que se le estrellara encima, sujetándola con firmeza mientras ella se aferraba a su cuello.

—Cuidado —murmuró, aunque su tono ya no era el mismo de hace unos segundos.

Detrás de ella apareció Samuel, entrando con una sonrisa cansada, de esas que solo tienen los que llevan horas detrás de un niño que no se queda quieto.

—Te juro que la intenté detener —dijo, levantando las manos en señal de rendición—, pero cuando dijo que veníamos a verte… perdí la batalla.

Lucia se apartó apenas lo suficiente para mirar a Damián, con esa sonrisa abierta que no pedía permiso.

—Te extrañé —dijo, abrazándolo otra vez como si no lo hubiera visto en años.

Damián sostuvo la mirada un segundo, y algo en su expresión se suavizó. No mucho. Lo justo.

—Solo han sido unos meses.

—Pero son muchos —insistió ella, completamente seria.

Samuel soltó una pequeña risa, negando con la cabeza mientras se acercaba.

—Para ella, sí.

Damián acomodó a la niña en su brazo con naturalidad, como si ese espacio, esa cercanía, fuera algo habitual.

—¿Y tú? —preguntó, mirando a Samuel—. ¿También vienes a decir que me extrañaste?

—Ni lo sueñes —respondió él con una sonrisa ladeada—. Vine porque sabía que estabas de mal humor.

Damián lo miró apenas, sin responder de inmediato.

—No estoy de mal humor.

Samuel alzó una ceja.

—Claro. Por eso entraste como si fueras a despedir a medio edificio.

Hubo un segundo de silencio, y luego Damián soltó una exhalación leve, sin discutirlo.

—¿Qué quieres?

—Nada —respondió Samuel con tranquilidad—. Solo pasaba cerca… y alguien insistió en verte.

Lucia levantó la mano como si fuera necesario aclararlo.

—Yo.

Damián la miró de reojo.

—Eso ya lo sabía.

La niña sonrió, satisfecha.

El asistente, que seguía en la oficina, dejó el vaso de agua sobre el escritorio con cuidado, aprovechando el momento en que el ambiente había bajado varios niveles de tensión.

Damián lo tomó después de unos segundos, sin soltar a Lucia, y bebió un poco, dejando que el silencio cómodo que se había formado hiciera su trabajo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo)   Capitulo 17: Sombras que regresan

    Meivi lo empujó con fuerza, sin medir demasiado el gesto, más por impulso que por intención real de hacerle daño. Damián retrocedió un paso, lo suficiente para soltarla, y terminó de ponerse de pie con una calma que contrastaba completamente con lo que acababa de pasar. La miró apenas un segundo, y esa sonrisa… esa maldita sonrisa ladeada que le salía cuando sabía exactamente el efecto que había provocado. Y eso fue lo que terminó de sacarla. —¡Vete! —soltó, tomando la primera almohada que encontró y lanzándosela sin pensarlo dos veces. Él la atrapó casi por reflejo, pero no hizo el intento de devolvérsela. Solo negó levemente con la cabeza, todavía con esa expresión que no ayudaba en nada a calmarla. —Tranquila —murmuró, como si nada—. No fue para tanto. —¡Sal de mi habitación, Damián! Esta vez no discutió. Giró sobre sus pasos y salió, cerrando la puerta detrás de él con un movimiento firme, pero sin golpearla. El silencio que quedó dentro fue inmediato. Meivi se qued

  • Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo)   Capítulo 16: Un roce que quema

    Meivi no se movió del lugar cuando la puerta se cerró tras su padre. El silencio volvió, pero esta vez no tenía nada de calmante. Era un silencio cargado, denso, como si cada rincón de la casa hubiera absorbido la tensión que él había dejado atrás. Comenzó a caminar por la sala sin rumbo fijo, pasando una mano por su cabello, intentando ordenar lo que sentía, aunque en realidad solo lograba darle más vueltas. Le irritaba. Le irritaba profundamente que su padre siguiera encontrando la manera de meterse en su vida sin decirlo de frente, sin imponerlo de forma directa… pero igual de efectivo. Cada palabra suya tenía doble intención. Cada advertencia venía disfrazada de preocupación. Y lo peor era que no podía ignorarlo del todo. —Qué fastidio… —murmuró para sí, deteniéndose un segundo antes de volver a caminar. Fue entonces cuando escuchó la puerta. No lo notó de inmediato. Estaba demasiado metida en su propia cabeza. Pero Damián ya estaba dentro, quitándose el abrigo con la misma

  • Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo)   Capitulo 15: Un escándalo que no perdona

    Damián se puso de pie, estirando ligeramente los hombros antes de volver al set. El trabajo continuó con la misma intensidad que al inicio, pero ahora con un enfoque distinto. Las poses eran más dinámicas, el juego de luces más marcado, el fotógrafo más exigente con los detalles. Damián respondía sin quejarse, ajustándose a cada indicación con naturalidad, como si ese entorno fuera uno de los pocos lugares donde todo tenía sentido sin necesidad de explicaciones. Las horas pasaron sin que se notara demasiado. Cuando finalmente dieron por terminada la sesión, el estudio empezó a vaciarse poco a poco. El equipo recogía, comentaba resultados, revisaba algunas tomas con satisfacción. Damián se pasó una mano por el cuello, sintiendo el cansancio acumulado ahora que el ritmo bajaba. —Nada mal para alguien que no quería venir —comentó Elena, acercándose con una leve sonrisa. —Nunca dije que no quería —respondió él—. Solo que tenía mejores planes. —Claro —replicó ella—. Seguro eran muy pro

  • Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo)   Capitulo 14: Hombre de portada

    Meivi cerró la puerta de su habitación con más cuidado del que realmente sentía. No estaba tranquila, ni mucho menos, pero tampoco quería darle el gusto de parecer alterada por lo que acababa de pasar. Caminó hasta la cama y se dejó caer sentada, soltando el aire con pesadez mientras se llevaba una mano al rostro. Dios… ¿por qué es tan irritante?, pensó, apretando los labios con frustración. Si alguien tenía derecho a estar molesta era ella, no él. Era absurdo que terminara sintiéndose atacada cuando, en su cabeza, la historia estaba clara desde hacía años. Y aun así… bastaban un par de palabras de Damián para desordenarle todo. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas, mirando un punto fijo en el suelo como si así pudiera acomodar sus ideas. Tal vez ambos estaban siendo infantiles. Tal vez ese silencio que arrastraban desde el pasado no era más que una forma cómoda de evitar algo que ninguno quería enfrentar de verdad. Pero incluso si hablaran… ¿qué cambiaría

  • Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo)   Capítulo 13: Lo que no se dice pesa más

    La casa estaba en silencio cuando el coche se detuvo frente a la entrada. La noche ya había caído por completo, y las luces del interior le daban al lugar un aire más cálido… pero no menos distante. Damián salió primero, rodeó el coche sin decir nada y Meivi bajó segundos después, con ese cansancio que no era solo físico, sino mental, acumulado desde hacía días. Entraron juntos, pero no realmente juntos. Cada uno tomó su camino casi por inercia, como si ya estuviera establecido sin necesidad de hablarlo. Meivi subió directamente a su habitación, dejando el bolso sobre la cama y soltando un suspiro largo mientras se quitaba los zapatos. Necesitaba unos minutos sin pensar, sin hablar, sin que nadie le preguntara nada. Damián hizo lo mismo en el lado opuesto del pasillo. Se quitó la chaqueta, la dejó sobre una silla y se pasó una mano por el cuello, aflojando apenas la tensión que llevaba encima desde la tarde. No cruzaron palabra. Pero la casa ya no se sentía vacía. Se sentía… ocup

  • Votos De Amor en Guerra (Reescribiendo)   Capítulo 12: Cuando el odio se siente distinto

    El movimiento en la entrada del estudio cambió apenas apareció el coche. Los de seguridad se adelantaron de inmediato, abriendo espacio entre los periodistas que insistían en acercarse más, lanzando preguntas sin filtro, estirando micrófonos como si pudieran arrancarle una respuesta a la fuerza. Meivi salió sin detenerse, con el paso firme, la mirada al frente y esa manera suya de ignorar el caos aunque lo tuviera encima. Aun así, el ruido la alcanzó igual: flashes, voces, su nombre repitiéndose una y otra vez. No respondió. No los miró. Solo avanzó hasta el auto y se metió sin pensarlo dos veces. La puerta se cerró con un golpe seco que cortó el ruido de golpe, como si alguien hubiera apagado todo de un solo movimiento. El silencio dentro del coche fue inmediato, pesado, necesario. Meivi apoyó la cabeza contra el asiento y soltó el aire lentamente, como si recién en ese momento pudiera respirar de verdad. Se pasó una mano por el cabello, desordenándolo un poco, y cerró los ojos un se

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status