LOGINCapítulo 5. Una mentira sin pies ni cabeza.
Ella ya había ganado, y el precio de ese collar sería lo último que él recibiría de ella antes de que el imperio Nanda lo decida borrar del mapa.
Fernanda lo vio alejarse con Valeria, quien se había quitado el collar de diamantes del cuello, y lo había guardado en su cartera. Nunca se lo iba a entregar a Francisco... nunca.
Menos ahora que sabía la verdadera identidad de su esposa.
Fernanda los vio salir y buscó a su hermano, no lo vio en el salón y tomó su teléfono...
-- Sebastián – le dijo apenas él le respondió.
-- Activa el protocolo de retiro de fondos de todas las subsidiarias de Francisco. Quiero que, para mañana, él no tenga ni siquiera el dinero para pagar el café que se tome – su hermano sonrío al otro lado de la línea, por años ayudó a Francisco en nombre de Fernanda, inyectando dinero a su empresa en nombre de clientes fantasmas para que no quebrara, pero la orden esta vez era clara...
Francisco no tenía idea de que se había enfrentado a la única persona que lo había colocado en la posición en que estaba, pero también era la única que conocía todos sus puntos débiles.
A la mañana siguiente
El nombre de Fernanda Herrera estaba en cada buscador de internet. Todos los medios hablaban de ella, cada rincón del mundo digital tenía que ver con la licitación y el proyecto del grupo Nanda.
Los videos de su entrada triunfal al brazo de Alejandro Novaro, y el rostro sorprendido de su esposo no dejaban de asombrar al mundo, reproduciéndose por millones, las redes sociales estallaban con teorías sobre el matrimonio secreto de la heredera más poderosa del país con el CEO de una empresa que, hasta hace unos años, apenas luchaba por no hundirse en la bancarrota.
Francisco estaba en su oficina, con la mirada perdida en los titulares, cuando su teléfono comenzó a vibrar con una insistencia agresiva, era su abuela.
Doña Matilde, la matriarca que aún conservaba el respeto y el miedo de todo el clan Villa. Francisco suspiró, sintiendo un peso en el estómago. Sabía que no podía ignorarla.
Dejó a Valeria, que intentaba consolarlo con caricias que esa mañana le resultaban irritantes, y se dirigió a la residencia de la anciana sin decir una palabra.
Al llegar, encontró a su abuela sentada en su sillón favorito, tenía su teléfono encendido y en la pantalla la imagen de Fernanda sobre el escenario la noche anterior.
-- ¡Abuela! – exclamó al verla.
-- Que abuela ni que nada... ¿Eres un idiota o simplemente te gusta cavar tu propia tumba, Francisco? – le dijo la anciana sin saludar.
La voz de la mujer era como un látigo para él.
-- Durante cinco años hemos tenido a una reina en esta familia y tú la trataste como si fuera una empleada doméstica de segunda clase... ¡te volviste loco! –
-- Abuela, tú no entiendes nada... – intentó decir él, pero Matilde lo cortó con un gesto seco.
-- Lo único que sé es que Fernanda te salvó. Fernanda se despojó de su orgullo, de su nombre y de su vida de lujos para sostenerte a ti y salvar a tu empresa de la bancarrota – continuó la anciana.
-- ¿Y cómo le has pagado todos estos años?... Dejándola sola en cada maldito aniversario para irte tras esa mujer que te abandonó cuando el barco se hundía –
Francisco sintió que la rabia le subía por el cuello.
-- Las cosas no fueron así abuela... ¡Valeria se fue porque ustedes la presionaron! -- gritó, perdiendo la compostura-
-- Ella tenía sueños, quería una vida mejor y sintió que aquí no tenía futuro. ¡Pero volvió¡, abuela, volvió a mi lado –
-- Claro, cuando tu empresa ya estaba bien. ¡Eres idiota! –
-- Eso no es verdad... ella volvió porque me ama, me quiere por quien soy, no por los negocios –
-- Valeria se fue porque no había más dinero para sus caprichos, Francisco. No seas ingenuo – sentenció la abuela con asco. Quería lanzarle todos los cojines que tenía sobre ella al idiota de su nieto.
-- Ella se fue y Fernanda se quedó. ¿Recuerdas cuando tuviste aquella neumonía que casi te mata hace tres años? ¿Quién pasó noches enteras sin dormir, cambiándote las compresas frías y rogándole a los médicos? No fue Valeria. Fue Fernanda –
-- Pero ella me ocultó quién era – insistió Francisco, tratando de justificar su humillación.
-- Me hizo sentir que yo le debía algo, cuando resulta que ella podía comprar mi empresa diez veces con un solo cheque –
-- Te ocultó su nombre para que tu frágil ego de hombre no se rompiera al saber que tu esposa era más poderosa que tú – le replicó la anciana.
-- Ella no me dio la licitación anoche abuela – se defendió él.
La mujer movió la cabeza de un lado a otro, no podía creer lo necio y estúpido que era su nieto.
-- Pero ya no importa ahora hijo. Ya la has perdido. Y con ella... vas has perder la protección del Grupo Nanda –
Francisco comenzó a reír...
-- La protección del grupo Nanda... abuela por favor. ¿Cuándo la he tenido? – se burla él.
-- Mi empresa ha llegado a ser quien es gracias a mi y a Valeria que está trabajando a mi lado... – insistió él.
-- Si crees que Valeria va a quedarse a ver cómo tu empresa se desmorona ahora que Fernanda retirara su apoyo, eres más estúpido de lo que pensaba. Vete de aquí, Francisco. Me das vergüenza –
-- No sabes nada abuela –
Francisco salió de la mansión de su abuela con los oídos zumbando. Regresó a su propio hogar, ese que durante cinco años llamó hogar, y por primera vez, el silencio le pareció una condena.
Entró en la habitación principal y abrió el armario que ahora estaba vacío, quedaba un ligero aroma al perfume de Fernanda, un olor suave que él siempre había ignorado y que ahora sin querer le hacían sentir nostalgia, prefiriendo los perfumes fuertes y caros que Valeria se aplicaba y que ahora le provocaban nauseas.
Capítulo 125. El final.La pareja regreso con Sebastian e Ingrid justo cuando el sol empezaba a esconderse tras los tejados de la ciudad. Arturo apareció con una bandeja de cristal y cuatro copas. No era una celebración por un contrato firmado ni por un juicio ganado.Era un brindis por la unión, por el amor de sus familias, por un nuevo continuar.-- Un brindis por los que están, por los que se fueron y por todos los que vendrán – les propuso Sebastian, levantando su copa.-- Porque la sangre de los Herrera y la fuerza de los Novaro se han unido para crear algo que nadie podrá destruir... un hogar –-- Por el tiempo – añadió Ingrid.-- Que nos ha enseñado a valorar cada segundo de calma –-- Y por el amor – concluyo Fernanda, mirando a su esposo.-- Ese amor que fue el único contrato que realmente valió la pena firmar –Los cuatros bebieron en silencio, disfrutando del sonido del viento entre las hojas del roble.Vitoria y Mateo se habían quedado dormidos, uno contra el otro, en la m
Capítulo 124. Bajo la sombra...Fernanda se sonrojó, tal como lo había hecho Ingrid horas antes.-- Ver a Vitoria hoy... verla caminar por ese jardín que antes se sentía tan vacío... me hizo dar cuenta de que realmente ganamos –-- Lo hicimos. Pero Sebastian tiene razón en algo – le dijo Alejandro con una chispa de picardía en los ojos.-- Hoy es el cumpleaños de Vitoria, pero también es el aniversario de la noche en que todo cambió para nuestra familia –-- ¿Ah sí? ¿Y qué tiene planeado el "Tiburón" para celebrar con su esposa ahora que la heredera está bajo la custodia de María? –Alejandro la levantó en sus brazos y la llevó hacia su habitación. Allí, Arturo ya había dejado una botella de champagne enfriándose y una pequeña caja de terciopelo sobre la cama.-- Tengo planeado recordarte que, aunque Vitoria sea la princesa de este imperio, tú sigues siendo la reina mi amor – le respondió él, abriendo la caja para revelar unos pendientes de esmeraldas que brillaban como los campos de
Capítulo 123. Terminando la gran celebración.Bajo la sombra del joven roble, el aire parecía más ligero. Aquella rama que Alejandro había traído desde la finca, contra todo pronóstico botánico y tras contratar a los mejores expertos en trasplantes de la ciudad, se alzaba ahora con orgullo en el jardín de la mansión. No era solo un árbol; era el cordón umbilical que unía la paz del campo con la selva de asfalto.Las hojas verdes y vibrantes susurraban con la brisa, cobijando a una familia que, finalmente, respiraba sin miedo.Vitoria ajena a todo estaba concentrada en su nuevo regalo... el caballito de madera que Ingrid le había regalado. La pequeña se aferraba a las cerdas de tela con una determinación que sacó más de una carcajada a los presentes.Sus pequeñas piernas, todavía un poco inestables, buscaban el equilibrio mientras Alejandro permanecía a medio metro de distancia, con las manos listas para actuar como redes de seguridad humanas, en caso su pequeña se vuelque de allí.--
Capítulo 122. Comenzando la celebracion...Vitoria no era una niña que se conformara con gatear; ella quería conquistar el espacio. Al cumplir los diez meses, empezó a usar los muebles de la biblioteca como puntos de apoyo, y aunque sus piernecitas temblaban al hacerlo, iban tomando fuerza conforme pasaba el mes...Un domingo por la mañana, a tres semanas de cumplir su primer añito, mientras Sebastian e Ingrid estaban de visita, Vitoria decidió que ya no necesitaba las manos de nadie.La pequeña se soltó del sofá de cuero, se tambaleó un poco, pero sus pequeñas piernas de bebé estaban firmes sobre la alfombra persa, y caminó tres pasos seguidos hacia su padrino Sebastian.-- ¡Viene hacia mí! ¡La princesa viene hacia su tío favorito! – gritó Sebastian, arrodillándose con los brazos abiertos mientras Alejandro gruñía de broma desde el otro lado de la sala.Vitoria llegó a los brazos de su tío, riendo a carcajadas, y la mansión estalló en aplausos.Fue entonces cuando Ingrid, que había e
Capítulo 121. El lenguaje del amor.Alejandro movió la cabeza, los japoneses con quienes se junto también eran padres, y aunque las culturas eran muy diferentes cuando se trataba de la familia, eso era lo más importante para todos...-- Que piensen lo que quieran amor... Prefiero que me tengan miedo como padre que como socio – le respondió él, mirando a su hija, que ya se estaba durmiendo en sus brazos.-- ¿Cómo van tus heridas? –-- Mejor. María dice que debemos esperar a que cierren por completo para volver a intentarlo. Por ahora, el biberón es nuestro mejor amigo –-- Pues que así sea. No quiero volver a ver sangre en tu ropa, amor. Me asusté más con eso que con el parto en la finca –La enfermera y Arturo salieron de la habitación de la niña dejando a la familia de tres solos en ella, mientras el sol de la tarde empezaba a caer sobre la ciudad.La mansión, que siempre había sido un símbolo de frialdad y protocolo, se sentía ahora vibrante. Sin embargo, la paz fue interrumpida por
Capítulo 120. Gracias por todo cariño.A las seis de la mañana, la primera luz del amanecer empezó a filtrarse por las cortinas.El despertador de Alejandro vibró en su muñeca... un método silencioso que había adoptado para no despertar a “sus mujeres". El hombre se levantó con el cuerpo pesado, sintiendo cada hora de sueño perdida en sus huesos.Al entrar al vestidor, se miró en el espejo. Las ojeras eran profundas, pero la sonrisa de felicidad completa no la cambiaba por nada... Se vistió con un traje gris oscuro de tres piezas, ajustándose la corbata con manos mecánicas.Cuando salió del vestidor, Fernanda estaba sentada en la cama, con el cabello alborotado y los ojos entrecerrados.-- ¿Ya te vas? – le preguntó ella con voz pastosa.-- Los japoneses no perdonan la impuntualidad, cariño – le respondió él, acercándose para darle un beso en la frente.-- Arturo ya está abajo. He dado órdenes de que nadie te moleste a menos que la casa se esté incendiando. Y si se incendia, que las sa







