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YO ESTOY MÁS ALLÁ DE UNA SUSTITUTA, SR. BILLONARIO
YO ESTOY MÁS ALLÁ DE UNA SUSTITUTA, SR. BILLONARIO
Author: Chris Muna

Chapter 1

Author: Chris Muna
last update publish date: 2026-04-21 14:58:42

—Divorciémonos —dijo Kingsley con calma, colocando un conjunto de documentos sobre la mesa de centro frente a ella.

Katherine levantó la mirada desde el sofá donde estaba sentada. Su expresión fue ilegible al principio… hasta que sus cejas se fruncieron lentamente.

—¿Qué acabas de decir?

—Quiero el divorcio —repitió él, con voz baja y firme—. Traje los papeles. Solo necesito tu firma.

Los labios de Katherine se entreabrieron, incrédulos.

—¿Hablas en serio? —preguntó, casi en un susurro—. ¿Un divorcio?

Kingsley no respondió.

Su confusión se transformó en una risa amarga y cortante.

—Después de todo este tiempo… ¿me estás pidiendo el divorcio? A mí, la mujer que ha vivido en las sombras por ti. La que nadie sabe siquiera que es tu esposa. La mujer que hiciste invisible para poder fingir ante el mundo que estabas soltero.

Él bajó la mirada, apretando la mandíbula.

—Me mantuviste escondida, Kingsley —continuó ella, con la voz cada vez más firme—. Y yo lo permití. Me dije que era temporal, que era por nosotros, por tu carrera, por tu imagen. ¿Y ahora vienes aquí a entregarme un divorcio como si fuera una transacción de negocios?

—No quise hacerte daño —dijo él en voz baja—. Pero esto… es la única forma.

Katherine negó con la cabeza, el corazón latiendo con fuerza.

—¿Esto es por Beth? Claro que lo es. Todo el mundo te vio besándola anoche en la alfombra roja. La forma en que la abrazabas, cómo le sonreías como si fuera tu todo.

Kingsley dudó un momento, luego asintió.

—La amo.

Un silencio pesado cayó entre ellos.

—Amo a Beth —repitió—. Es con quien quiero pasar mi vida. Con quien puedo estar abiertamente, sin secretos.

—¿Y yo qué fui? —la voz de Katherine se quebró—. ¿Qué soy para ti, Kingsley?

Él respiró hondo, y por primera vez su mirada se suavizó.

—Fuiste consuelo. Seguridad. Tus ojos… me recordaban a los de ella.

Katherine lo miró como si hubiera perdido la razón.

—¿Te casaste conmigo porque te recordaba a Beth?

Él asintió lentamente.

—Estaba confundido. Me dije que podía seguir adelante, que podía aprender a amarte como debía. Y por un tiempo, creí que podía.

—¿Y ahora? —preguntó ella, poniéndose de pie—. ¿Ahora quieres casarte con ella?

—Ella siempre ha sido la indicada —dijo Kingsley—. No puedes entenderlo, hemos estado juntos antes… nuestra historia es complicada.

Katherine lo miró, los ojos brillando con lágrimas contenidas.

—Entonces yo fui un reemplazo. Una sombra.

—Me aseguraré de que estés bien —dijo él rápidamente—. Nunca tendrás que preocuparte. Te daré dinero, propiedades… lo que necesites para estar cómoda. Solo firma los papeles, Katherine. Terminemos esto en silencio.

Katherine caminó lentamente hacia él, sin apartar la mirada.

—¿Crees que esto es por dinero?

—Estoy intentando hacer las cosas más fáciles.

—¿Para ti o para mí? —replicó ella con dureza.

Él no respondió.

Ahora estaba a solo unos centímetros de él.

—Me humillaste. Enterraste nuestro matrimonio como si fuera algo de lo que avergonzarse. Y ahora quieres salir de aquí y hacer de príncipe encantador con tu querida Beth. Pero no te lo voy a poner fácil.

—No quiero pelear —dijo él, firme pero tranquilo.

—No —respondió ella, dando un paso atrás—. Claro que no. Lo quieres todo limpio y ordenado. Quieres que tu esposa secreta desaparezca para poder presumir a tu nueva novia frente a las cámaras como si fueras un santo.

Katherine se volvió hacia el pasillo.

—Ven a buscarme cuando estés listo para decirle la verdad al mundo. Hasta entonces… estaré en el dormitorio.

Desapareció por el pasillo, y el suave clic de la puerta fue su última palabra.

Momentos después, el silencio se rompió con unos pasos suaves. Otra mujer salió desde una esquina del pasillo: Beth.

—No va a firmar —dijo en voz baja, cruzándose de brazos.

—Lo hará —respondió Kingsley sin dudar—. Tiene que hacerlo.

Beth lo miró, insegura.

—Kingsley, no quiero interponerme entre tú y—

—No lo haces —la interrumpió con suavidad—. Tú eres a quien siempre he amado. Ella solo fue… un error que seguí cometiendo. Pero ya no más.

Beth le dedicó una pequeña sonrisa, aún dudosa.

—¿Lo prometes?

—Lo juro —dijo él—. Vete a casa. Te llamaré cuando todo termine.

Beth asintió y se inclinó para darle un beso suave en los labios.

—Te amo.

—Yo también te amo.

Ella se dio la vuelta y se fue.

Kingsley se quedó inmóvil por un largo momento, mirando los papeles de divorcio.

Luego, con un suspiro profundo, caminó hacia el dormitorio.

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