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Capítulo 2

Author: Phoenix
POV: Olivia

Había pensado preparar el tónico de hierbas para Sonya. Se veía tan débil y lastimada que decidí hacerlo y llevárselo cuando estuviera listo. Sin embargo, las rodillas me fallaban con cada paso. Estuve a punto de caer dos veces antes de llegar a casa. Un dolor sordo me devoraba la parte baja del abdomen, como si algo me desgarrara desde dentro.

Cuando crucé la puerta, ya no me quedaban fuerzas. El sudor frío me corría por la frente y debía estar pálida. Logré llegar hasta la habitación y me desplomé sobre la cama, incapaz de tomar la medicina que el sanador me había dado.

Solo quería descansar un momento, esperar a que pasara el mareo y después llevarle las hierbas a Sonya. Pero no volví a levantarme. Me quedé tendida con las manos apretadas contra el vientre hasta que el dolor me hizo perder el conocimiento.

Entre la niebla del desmayo, regresé al inicio de mi historia con Luke.

Alguna vez habíamos sido felices.

Éramos compañeros destinados con una compatibilidad del cien por ciento. La primera vez que nos vimos, mi loba y su lobo nos reconocieron. Los dos supimos que nos pertenecíamos y que no habría nadie más.

Luke me marcó ese mismo día y me presentó ante toda la manada. Pero los lobos de Silvermoon me rechazaron. No querían que una Omega se convirtiera en su Luna.

Luke se paró delante de mí y los obligó a callarse.

—Ella es mi compañera destinada —declaró frente a todos—. La única Luna de la manada Silvermoon.

Se enfrentó a todos por mí, me mantuvo a su lado y me consentía en todo. En aquellos primeros días yo seguía siendo una Omega débil e inútil, pero Luke me envolvía con sus feromonas para tranquilizarme.

Si una pesadilla me despertaba, me abrazaba hasta que dejaba de temblar. Si me raspaba una mano, aunque la herida pudiera curarse sola, se preocupaba como nunca y llamaba al sanador.

Yo dependía de él para todo. Y a Luke le encantaba que fuera así.

Entonces los renegados que vivían más allá de la frontera comenzaron a unirse para apoderarse de nuestros territorios. Luke dejó de tratarme con ternura y empezó a exigirme que entrenara. Quería que me hiciera más fuerte, que me convirtiera en una Luna capaz de proteger a la manada.

Antes disfrutaba que lo necesitara. Después, cada vez que yo acudía a él, fruncía el ceño.

—Olivia, eres la Luna —me recordaba con impaciencia—. Deberías ser capaz de proteger a los lobos de nuestra manada. No puedes esconderte detrás de mí para siempre.

Con el tiempo, Sonya llegó a Silvermoon y Luke la convirtió en mi instructora.

Entrené hasta destrozarme el cuerpo porque no quería decepcionarlo. Pero una Omega no podía alcanzar la fuerza de una Alfa. Llegué a dislocarme las muñecas y, aun así, apenas podía derribar a un renegado de menor rango.

En una batalla real, me paralizaba con solo verlos.

Luke observó mi progreso y su cara se endureció.

—Sonya lleva todo este tiempo entrenándote, ¿y apenas has llegado a este nivel? —me reprochó—. ¿Cómo puede una loba tan débil convertirse en una Luna digna?

Cuando empecé a administrar la manada, me aterraba tomar una mala decisión y perjudicar a los demás lobos. Por eso consultaba todo con Luke, tal como había hecho desde que nos conocimos.

Pero él nunca estaba conforme.

—Tienes que aprender a decidir por tu cuenta —me reclamaba—. ¿Acaso debo aprobar cada cosa que haces? Una Luna tiene que ser capaz de pensar por sí misma.

Vivía con miedo de equivocarme. Estudiaba y trabajaba de día y de noche para estar a la altura de sus expectativas. Cada vez que cometía un error, Luke se frotaba las sienes y me miraba con cansancio.

—Olivia, ¿cuándo vas a convertirte en una Luna de verdad? —me preguntaba como si ya estuviera harto de esperar.

Pero yo ya no quería convertirme en la Luna que él había imaginado.

En medio del desmayo, reviví lo ocurrido unos días atrás.

Había llegado un aviso urgente desde la frontera. Un pequeño grupo de renegados había logrado cruzar las defensas del norte y Luke no se encontraba en la manada.

Yo era la Luna de Silvermoon. Proteger a nuestra manada era mi responsabilidad.

Quería ser más fuerte, tal como Luke me lo había exigido. Quería aprender a actuar por mi cuenta y demostrar que merecía estar a su lado. Por eso acompañé a los guerreros hasta la frontera.

Las garras de uno de los renegados me abrieron el pecho, pero no retrocedí. Lo único que me importaba era impedir que atacara a los lobos que estaban detrás de mí.

Hasta llegué a pensar que Luke se sentiría orgulloso cuando se enterara. Tal vez por fin me vería como una Luna digna de Silvermoon.

No vi al segundo renegado que se acercó por un costado.

Sus garras se hundieron en mi abdomen.

La sangre comenzó a brotarme de la herida y sentí que algo dentro de mí se desprendía. En ese momento no sabía que llevaba un cachorro en el vientre. Creí que solo se trataba de otra herida de combate.

El sanador fue quien me reveló la verdad.

Había perdido a mi cachorro.

Usé el enlace para contactar a Luke. La voz me temblaba y apenas pude pronunciar su nombre.

—Luke… necesito contarte algo —murmuré.

No me dejó terminar.

—Olivia, ¿no puedes resolver nada por tu cuenta? —me reclamó con fastidio—. ¿Tienes idea de todos los problemas que debo atender? Intenta parecerte un poco más a Sonya. Ella es fuerte, sabe actuar sola y no me busca por cada asunto insignificante.

Después cerró el enlace.

Para él, mis problemas nunca eran importantes.

Se me escapó una risa amarga, pero las lágrimas se deslizaron por mis mejillas. En ese momento, algo dentro de mí terminó de romperse. Todo el amor que le había entregado durante años ya no pudo soportar otro golpe.

Tres años como su Luna me habían dejado sin fuerzas.

Ya no quería perseguirlo ni seguir luchando por permanecer a su lado. Tampoco quería continuar siendo su Luna.

Después de la operación, pondría fin a nuestro vínculo… Esta vez sería para siempre.

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