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Sofía y Lorenzo

last update Petsa ng paglalathala: 2026-09-12 20:05:06

Al día siguiente, la vida de Marco y Adelaide parecía haber comenzado de nuevo, aunque ninguno de los dos había conseguido dejar completamente atrás lo ocurrido la noche anterior. En los viñedos, Marco se encontraba frente al tocador, vestido con uno de sus impecables trajes. Ajustó con cuidado los puños de la camisa y luego levantó la mirada hacia el espejo. Las ojeras marcadas bajo sus ojos delataban una noche prácticamente en vela. Había intentado descansar, pero los pensamientos sobre Adela
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    En el camino de regreso, el silencio entre Adelaide y Sebastián duró apenas unos minutos. Él conducía con la mirada fija en el camino, pero la tensión en su mandíbula dejaba claro que algo le molestaba. Finalmente, no pudo contenerse más y comenzó a reprocharle la forma en que ella se había comportado durante el almuerzo, especialmente los nervios que había mostrado cada vez que su mirada se cruzaba con la de Marco.—No entiendo por qué te alteraste tanto al verlo —dijo Sebastián, apretando ligeramente las manos sobre el volante—. Intentaste disimularlo, pero era evidente que estabas incómoda.Adelaide giró el rostro hacia la ventanilla y soltó un suspiro. Ya estaba cansada de tener que explicar cada reacción, cada mirada y cada emoción que todavía no conseguía ordenar dentro de sí.—¿Y qué esperabas que hiciera? —preguntó, volviendo la mirada hacia él con evidente fastidio—. Tú fuiste quien quiso sentarse en esa mesa.Sebastián frunció el ceño y mantuvo la vista al frente.—Solo quer

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    Mientras Sebastián hacía un gesto al mozo para indicarle que podían tomar la orden, deslizó discretamente su mano sobre la mesa hasta encontrar la de Adelaide. Entrelazó sus dedos con los de ella y mantuvo el gesto con naturalidad, aunque la intención era evidente: quería que Marco lo viera. Adelaide bajó la mirada hacia sus manos y comprendió inmediatamente lo que estaba haciendo. No quiso crear una escena, así que permaneció en silencio, aunque por dentro la incomodidad comenzó a crecerle. Sebastián levantó la mirada hacia Élodie y, con una sonrisa cordial, decidió romper el silencio que se había instalado en la mesa que ahora compartían. —¿No nos vas a presentar, Marco? —preguntó con aparente amabilidad, sin soltar la mano de Adelaide. Marco dirigió los ojos hacia él y después hacia la joven que tenía a su lado. —Claro. Ella es Élodie, una amiga que está de visita en Florencia —respondió con serenidad, apoyando una mano sobre la mesa. Sebastián soltó suavemente la mano de Adel

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